Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 15 de febrero de 2013

Memorias de Manuel Fernández-Montesinos


Manuel Fernández Montesinos, con C. Maurer y Mario Hernández

Todavía conservo el viejo longines de mi abuelo paterno; parece ser que los abuelos antes llevaban un longines.... 
Hace tiempo que tenía esbozada una entradilla que diera noticia de las memorias de Manuel Fernández-Montesinos (Lo que en nosotros vive), a cuya presentación en el Círculo de Bellas Artes no hace mucho pude asistir, y que luego paladee con gusto: escritas con gracia y nervio empiezan como novela y recorren una historia vivida, reconocible, cercana. Entre quienes presentaron las memorias se encontraba Mario Hernández, autor de la entrañable, ajustada nota necrológica que hace bien poco despidió en El País al autor. En la foto –mía– que encabeza la entrada, MFM lee unas páginas en el homenaje a Mario Hernández, a su derecha, Christopher Maurer. Todavía coincidí con él en la Fundación Mapfre, con motivo de un acto sobre poesía actual, organizado por Blanca Andreu y con lecturas de Rafael Juárez, el gran poeta granadino.
Creo que se puede leer en la foto la página inicial de las memorias, recuerdos del niño que embarca en Londres, con el longines de oro de su abuelo en el bolsillo, rumbo a América, y que recibe el mazazo de un comentario de su abuelo –"No quiero volver a ver este jodío  país en mi vida"– que convierte el triunfo y la aventura en huida y desolación. Es un ligero comienzo in media res, para desplegar un lienzo lleno de vida, sobre un telón de fondo –el de la España franquista– que rezumaba tristeza y apartamiento, pasando por Estados Unidos, México, Castillejo (un pueblo toledano donde cumplió algo parecido a la prisión), Frankfurt.... El lector sigue las peripecias llevado por los comentarios del autor, que siempre superan la amargura y el posible odio, con la secreta advertencia de que Federico García Lorca está al fondo, lo que en muchas ocasiones es cierto –desde luego–, pero sin pugna ni contradicción: son las memorias de este leguleyo educado en Alemania y promotor de las asociaciones de UGT las que al cabo terminan por interesarnos tanto o más que sus obligadas referencias a FG Lorca. 


Para las segundas, lo mejor es que repique la nota de Mario Hernández a la que antes aludía, pues difícilmente se puede mejorar.



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