Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 8 de junio de 2012

Góngora, expuesto



Una espléndida exposición de la Biblioteca Nacional exhibe a Góngora como "La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo", en un derroche deslumbrante de ediciones, cuadros, noticias, etc. que nos recuerdan la importancia del universo poético de Góngora en determinados sectores, en ciertas corrientes, en algunas épocas, etc. Mis adjetivos contradicen ese título de película americana (estrella inextinguible) rematado con una cita "genial" e imaginativa de Harold Bloom ("El gran poeta español es Góngora"), tan llena de sentido que subraya, como era de temer, que el pope americano ni ha leído a Góngora ni nada tiene que decirnos de él, y que su inclusion en el folleto de mano que se reparte para la exhibición es un vano gesto de petulancia. 
Yo no sé qué les pasa a algunos críticos gongorinos que necesitan defender al poeta  cordobés en términos infantiles de partidos de fútbol o de carrera de caballos, cuando probablemente su auténtico valor poético o histórico estriba en ese quehacer extinguible, dificultoso, genial, etc. Y que suprimir de Góngora lo que su poesía tiene de vanguardia absoluta, de entrega a un universo poético en donde el rasero "poético" es el que nivela todo, para intentar atraerlo hacia el polo de la otra poesía, la que además de destilar poesía, destila contenidos ajenos: hacer eso es desvirtuar lo más hermoso de su obra, el espacio en libertad que es capaz de crear, pulir y sublimar. Es mi Góngora, y lo defenderé de interpretaciones ramplonas.


Ganimedes (MNP)
La exposición –ya lo he dicho– resulta espléndida; la tarea del comisario, Joaquín Roses, se revela como la de un excelente conocedor de la vida, la obra y la época de Góngora, para cuya componenda y ornato se han traído joyas del Instituto Valencia de don Juan, del Fine Arts de Boston (el retrato de Velázquez), del Museo Lázaro Galdeano, de la fundación March, del Tyssen, de la fundación García Lorca, de la Residencia de Estudiantes).... En algunos casos con piezas desconocidas (¡esos autógrafos de Cernuda!) o que son difíciles de contemplar (¡el retrato de Pedro de Valencia!), incluyendo piezas de colecciones privadas. Excelente. Aunque no deja de haber elementos perturbadores en medio de tanto tesoro, quizá por ese mismo prurito de situar en la onda de Góngora todo lo que suena a bueno, por ejemplo la edición de Rubén Darío. Quien quiera saber lo que Rubén Darío pensaba de Góngora que lea su Iniciación melódica, y que no se rasgue las vestiduras. 
Todo ello ha ido a parar a un soberbio catálogo, cuyos cuarenta euros no alcanza este investigador, de manera que lo he ojeado en el mostrador, con envidia, a ver si alguien se apiada y me lo regala. Prometo leer los trabajos de Carreira, Mercedes Blanco, Laura Dolfi, Amelia de la Paz, Melchora Romanos, Joaquín Roses.... Todos no están, porque no caben todos, pero en la bibliografía de Carreira –generosa y cumplida– sí que están casi todos.
Algunas de las piezas elegidas parecen haber entrado en la colección sin criterio, así el retrato de Lope (hubiera debido exhibirse el reencontrado de VanderHammen) y bastantes de los cuadros mitológicos, muchos tardíos, interpretaciones dieciochescas o románticas que desmerecen en aquel contexto. Expondría el detalle, pero, como ya dije, no tengo el catálogo.
En fin, una de las investigadoras, Amelia de la Paz, ha exhumado –qué poca gracia les hará– casi al mismo tiempo –y esta vez me he gastado los diez euros– el documento autógrafo del AHN en el que don Luis delata al inquisidor Reinoso, que tenía sus deliquios con una María cordobesa. Buen documento, más que por lo que dice por la escasez de autógrafos de Góngora, del que siguen faltando los poéticos. Eso sí, me temo que, por muchas vueltas que demos al asunto, no vamos a salvar la virginidad moral de don Luis: yo ruego a los colegas gongoristas que no lo intenten, como cuando lo hicieron con la "mierda" –perdón– de sus composiciones, que nos pringamos todos. El documento estaba donde tenía que estar, desde luego, guardadito en un legajo del AHN; lugar de donde yo mismo he extraído, por referirme tan solo a los últimos dos o tres meses, autógrafos inéditos del padre Mariana, Arias Montano, los Argensola, Diego Hurtado de Mendoza, Zurita, etc. Eso sí, yo no los he sacado en el telediario de las nueve, los he expuesto sencillamente en este blog. ¿Por qué necesitará Góngora de esos gestos desmesurados, ostentosos? ¿Por qué se necesita llamar la atención una y otra vez sobre su obra?

¡Viva Grecia!

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