Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 3 de junio de 2012

"El corazón de los cansados sabe". Poesía actual


Una docena de páginas, con sus doce poesías, contiene la plaquette de ana gorría –el apellido va con minúscula– el presente desnudo  (Santiago de Chile: Cuadro de Tiza, 2011), y las más arrinconan a los versos o los desplazan para que el lector reciba antes que nada el blanco de la página, la sinestesia de la contención y la hipálage del fragmento, que suelen ser dos de los pilares de la buena poesía actual, en busca siempre de una perspectiva nueva que se aleje de la expresión completa, porque no hay nada interesante –es la teoría– que se pueda decir  con ese falso rigor de la expresión heredada. 
Ana Gorría extrema, si cabe, el ejercicio de reducción, no exactamente esencialista –a veces si lo es– que deja muy poco en el poema (véase Araña, 2005) y además lo deja no como fragmento, sino como huellas prendidas de un azar sentimental, lo que puede acarrear la expresiòn quebrada y rota, como en vigilancia

contra la piel    el aire forma
las palabras      arde la lengua
descansa ya      en la voz el ojo
la rosa recién    brota para
nunca una rosa es una rosa

El último es el verso esencialista que configura su poética y que no suele faltar, hasta el punto de que permite la antología de versos sueltos:

formas de hacerse en la melancolía

el corazón de los cansados sabe

espacios que podrían resultar transparentes

decir es lo que duele

qué hilo no nos separa de la nada


El final de la plaquette, en ese sentido, es categórico, un endecasílabo sáfico perfecto rematado por el viejo pentasílabo de los clásicos, probablemente creación inconsciente de un buen oído, al final de la página: 

ser incapaz de más profundidad que la mirada

Se cierra el librito y queda el lector en actitud melancólica, sin nada más que mirar, sabiendo, pero sin querer decir, sumido en la transparencia.

No me gusta mucho la cubierta, pero ha de ser defecto mío, que no la sé mirar; para compensar y en vista de la rosa del poema, va una rosa, de la rosaleda de Galdós en el Retiro.

3 comentarios:

  1. Pues, ¿sabe que le va mucho el poema que propone?

    ResponderEliminar
  2. Quizá por eso me gusta esa poesía; se busca lo que se quiere expresar o ver expresado.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por la generosidad de su comentario.

    ResponderEliminar