Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 9 de octubre de 2011

Índice de Recetas, con su coda de yugur

De todo  ha de haber en la viña del señor, de manera que vamos a recoger el índice de las recetas aparecidas en el blog, con el feliz anuncio de un libro imprescindible –en edición francesa, existía edición española– el de Eugenio de Nola, y el adelanto de una receta sencilla, la del yugur de natillas, que abrirá boca –y nunca mejor dicho– a la llegada de las alcachofas, los primeros revueltos de setas y algunos caldos, claro.



1. Berenjenas rellenas

2. Torrijas de vino

3. Arroz al horno

4. Empanadillas

5. Bizcocho de chocolate

6. Ensalada de remolacha

7. Calabazas a la siciliana

8. Gazpacho

9. Verdinas con almejas

10. Potaje

11. Habas tiernas  (con huevo escalfado o frito)

12. Lentejas belugas

13. Pechugas escabechadas

13. Caballas escabechadas

14. Peras (leclerc) al vino

15. Yogour de natillas
Sigue

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Dicen que es un problema la cantidad de productos que ingerimos disfrazados en los productos industriales de la alimentación: el llamado "néctar" de (una fruta) viene con cuatro o cinco productos extraños, incluidos edulcorantes varios; en una coca-cola aparecen seis o siete extraños productos no naturales; en los congelados, en los empaquetados, etiquetados, fabricados.... Yo no digo que sean malos, digo que no son naturales: no son un zumo de naranja, un vaso de leche, un yugur, unas sardinas, unas galletas hechas de harina-huevo-azúcar, etc. Una de las maneras de rebajar esa enorme cantidad de productos no naturales, de cuyo alcance no sabemos bien, consiste en hacerse en casa esos mismos productos de una manera más natural, siempre que se pueda. Porque no vamos a poder sencillamente enlatar un bonito escabechado, fabricar una buena tableta de chocolate, etc. Con un poco de tiempo y algo de cuidado, sin embargo, muchas de esas cosas –al menos de vez en cuando– se pueden tomar sin demasiados aditamentos: unas buenas sardinas escabechadas, una infusión, zumos de todo tipo, galletas y bizcochos.... 

Los yugures tradicionalmente se hacían en casa; hoy casi nadie lo hace, aun cuando se popularizó una yugurtera –y una "heladora, también– que permitía suplir la fase final de la fabricación del yugur. Aplicando esa misma idea y utilizando alimentos naturales adecuados a cada necesidad lo que digo ahora en cuatro líneas es cómo se hace un buen yugur de natillas, especialidad de golosos que he visto producen, que yo sepa, dos marcas, bajo el nombre de yugur de vainilla (una de ellas española, Larsa, y otra francesa). 
La gracia estriba en que uno selecciona los ingredientes de su propio yugur.
Elijo leche fresca descremada, fructosa en lugar de azúcar y harina de maicena, que puede ser ya preparada (natillas de leche y no de huevo): hiervo la leche (un litro, por ejemplo), endulzo (cuatro cucharadas soperas de fructosa) mientras remuevo y añado, disuelvo en medio vaso de leche fría, la maicena (dos o tres cucharadas soperas, según guste más o menos denso el yugur) y lo echo en la leche a punto de hervir, manteniendo el hervor durante un minuto sin dejar de dar vueltas, para que no se ahúmen. En un recipiente apropiado, de ese tamaño, pongo media cucharadita de yogur, y sobre ese mínimo germen echo lo que acaba de hervir, removiendo ligeramente. Se cubre todo y se deja sin mover del sitio, quieto, durante seis-ocho horas. Hay quien lo echa en una yugurtera (de las que se enchufan) o quien lo pone en la olla a fuego lento. El efecto es el mismo, al cabo de ese tiempo se ha formado el yugur, que sabe mejor si se enfría, con la seguridad de que no contiene productos demasiado artificiales y de que le hemos dado el sabor que nos gusta, que obviamente se puede cambiar por mil variantes distintas, incluyendo las que aceptan pedacitos de (chocolate, manzanas, avellanas, fresas, granadas, etc.).o las que, más elaboradas, se hacen de huevo, con leche entera y azúcar, verbo y gracia.




viernes, 1 de abril de 2011

Tiempo de escabeches

La llegada del calor señala el tiempo de los escabeches, sencillamente porque el escabeche es un modo de conservar productos sin que el calor los deteriore: la base del escabeche es la utilización de los vinagres como conservantes. Este comienzo de entrada de blog me recuerda las revistas y periódicos de hace doscientos años, como el Semanario pintoresco –que ando releyendo para imágenes del Madrid viejo– y que iban de lo uno a lo otro como si fuera una enciclopedia o un programa de variedades (higiene, arte, historia, actualidad....) La especialización luego nos fue arrinconando poco a poco. Y aquí están de vuelta los escabeches.

La mejor de todas mis recetas posiblemente sea la de pechugas en escabeche; pero la dejaré para cuando  entre más el calor, cuando además  de apetitosa resulta muy práctica: comida fría, tapa, etc. que se conserva hasta veinte días. 
Ahora solo las caballas en escabeche, que se compran frescas –y baratas– en la cantidad que se quiera, pongamos que media docena, que se descabezan y se limpian. Hay gente que prefiere los lomos limpios: un modo de valorar la calidad de los escabeches es la tersura, dureza, del producto: la caballa entera resulta de carne más "prieta" y más sabrosa, más compacta si no se le quita la espina ni se le divide en lomos.

En una cazuela se añaden los ingredientes típicos que son, básicamente, vinagre (un vasito), aceite de oliva (dos vasitos), hojas de laurel, pimienta (negra, en grano), especias (en este caso, las del saquito, de Provence), cebolla, ajos.... Mejor el vinagre blanco –incluyendo el de manzana–; el aceite de oliva –mejor el de 0,4, el suave–; la cebolla partida en cuartos; los ajos enteros, sin pelar; una o dos hojas de laurel.... El sabor del escabeche más o menos fuerte depende de la cantidad de vinagre, que nunca debe sobrepasar la mitad de los restantes ingredientes, la proporción media es la de 3 partes de aceite y una de vinagre; se puede sustituir un vasito de aceite por medio de agua (y queda más suave el escabeche). A todo ello se le pueden añadir muchísimos ingredientes, que también quedarán "escabechados": zanahorias, verduras de todo tipo, champiñones, etc. En mi caso, además de los citados, he añadido –porque estaban a mano– trozos de calabacín, zanahorias, champiñones, apio, etc.  Todo ello se lleva a hervir, se baja el fuego o la placa cuando llegue a ebullición y se mantiene a fuego bajo, a medio tapar, durante 30 minutos. Se retira del fuego y se deja enfiriar, para introducirlo en recipiente algo más pequeño, si es el caso, de modo que las caballas queden cubiertas, finalmente se llevan a la nevera, cuando fríos, durante un mínimo de 24 horas. Ya está.
En este caso, se acompañan con vino tinto y  pan integral.
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