Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 16 de enero de 2014

Un paseo por una colección artística (Masaveu)

Murillo
¿Boceto? de El Greco
La exposición en lo que se llama CentroCentro, que no son sino varias salas y sótanos del viejo Palacio de Comunicaciones, acoge otra colección particular, la de la familia Masaveu, normalmente radicada en Asturias –los poseedores, por ejemplo, del códice autógrafo que ha editado en facsímil la RAE hace un año. Una colección de pinturas y esculturas medievales y renacentistas, con algún ejemplo que llega al s. XIX, de las que por lo general no se dice de dónde proceden –dato que sin duda es interesante para el mejor conocimiento de las áreas artísticas. De modo algo más vago he leído que de bienes de la desamortización.... De un magnate, en todo caso, que ha empleado parte de su fortuna en comprar y conservar arte. Se acaba de anunciar que va a establecer la colección o parte de ella en Madrid, cerca de la encrucijada de museos que hacen de la capital de España, con toda probabilidad, la ciudad del arte. Ojalá siga siendo así.

El caso es que los tres o cuatro periodos bien representados de esta colección exponen piezas excelentes, quizá excesivamente coloreadas o restauradas, y sorprendentemente no demasiado conocidas, hasta el punto de que no he podido encontrar el San Onofre de Bartolomé del Castro, ni El descendimiento (C. 1520) de Joos Van Cleve, ni otras piezas que parecen desguazadas de retablos y altares, incluyendo la Virgen con el Niño (con esos ángeles músicos) del valenciano Miguel de  Alcanyes (1406-1447) o una curiosa lactancia supongo que de San Bernardo (como en el cuadro de Murillo del Prado): he creído leer "la lactación de San Fernando", en todo caso de Francisco y Rodrigo de Osona (segunda década del siglo XVI). Las explicaciones generales, por el sistema de leyenda en muro y pequeña cartela para cada obra, son correctas para lo primero, excesivamente breves para lo segundo, si uno es profano, como lo soy yo. Todo se solucionaría adquiriendo el catálogo; pero este profesor con casi medio siglo de docencia tiene las arcas vacías, y lo mismo que las colecciones de arte van a los magnates, los catálogos de las exposiciones van a los pudientes. En alguna biblioteca lo consultaré, cuando a ellas llegue.
Allí se verán obras de Jaume Baço Jacomart (San Bernardino de Siena); Las tentaciones de San Antonio, de El Bosco;  El Campamento de Holofernes (c. 1538), de Mathis Gerung, un par de Grecos (uno de ellos el esbozo o miniatura de su famoso descendimiento toledano), Riberas, Murillos, Luis de Morales, una talla pequeña que se dice que es del taller de Pedro de Mena, lo mismo que los cuatro cuadros de los sentidos del taller de Juan de Arellano; y otros tantos que obligan a parar al visitante: la serenidad de un Alonso Cano  (San José con el Niño); Santa Catalina de Alejandría, de Zurbarán; la virgen con el el niño de Murillo –del que hay Inmaculadas–, La última cena, del Maestro Perea....
Por cierto, en el cuadro del sentido de la vista (c. 1650) del taller de Juan de Arellano se ven tres lentes sobre una mesa, uno de ellos con el artilugio o gomas que servía para calzárselo detrás de las orejas, en tanto que los otros dos, exentos, irían al aire.
La exhibición termina con otro estilo.

M. Gerung, El campamento de Holofernes


Jesucristo comparte el cochinillo,
el pan candeal, redondo, el vino tinto;
los discípulos llevan halo de oro
–el maestro de Perea lo pintó–

sin embargo, con halo negro Judas 
 y nariz aguileña, se ha sentado
 distante al otro lado de la mesa
en una bolsa esconde las monedas....

En el centro, Jesús mantiene alzadas
las manos y nos muestra el pan y el vino
en actitud serena y recogida;
brillan los panes de oro de su capa.

Judas se ha apoderado de la escena.
Han ganado los malos otra vez.


En el Descendimiento de Van Serve
hay un lugar donde han brotado fresas,
lo del rincón opuesto son violetas
junto a un perro que duerme arrebujado;

una joven sostiene unas espigas
al lado de una dama arrodillada
que con toca monjil sigue los rezos
sobre un breviario abierto del pupitre;

el esplendor de adornos y ropajes
contrasta con la yerta desnudez
del Cristo macilento, que entre todos
ayudan a que baje del calvario.

Me he quedado mirando la sonrisa
de la joven que lleva las espigas. 



Ahí está, Catalina de Alejandría,
¿quién diría que fue una santa y sabia?
Mejor parece representación
perfecta de las armas y las letras.

Determinada a todo la pintó
Zurbarán, dirigiéndose a la luz,
con las sombras del miedo a sus espaldas,
en donde el viento se olvidó un paño.

Los aderezos cumplen con la gala:
moño peineta broche medallón
collar acuchillados y frisados
azules rojos y estampados de oro.

Firme el perfil de santa Catalina,
que no querría ser tan solo santa.

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