Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 7 de enero de 2014

En nombre de la paz, Fundación Carlos de Amberes


Así se llama la exposición sobre la guerra de sucesión española y los tratados de Madrid, Utrech, Rastatt y Baden (1713-1715) que explica aquellos años y circunstancias en la Fundación Carlos de Amberes (Madrid), mejor por las viñetas históricas y los grabados explicatorios que por el conjunto artístico que ha dispuesto dentro de aquella vieja fundación –la más antigua de Madrid, se suele decir, data de finales del siglo XVI–, aunque en ningún momento en el folleto explicativo se nos indique quién ha sido el brillante comisario de tan precisos textos, entre los cuales, llama la curiosidad la cartela dedicada "Mambrú se fue a la guerra", que de entonces data la canción, viva hoy, después de haber dejado gloriosas estelas en toda la música clásica. Tampoco se exhiben los más de los cuadros que ilustran el folleto, ni se da referencia de esos cuadros mediante leyenda, por ejemplo.



Estado actual, con la estatua ecuestre de Felipe V (del Prado) y al fondo
el magnífico órgano
Pero todo se da por bueno para admirar el San Andrés de Rubens y para seguir el relato histórico, aunque el título de la exposición, con la palabra paz, no logra convencernos de lo contrario, de que eran guerras, muertes, desprecio absoluto hacia lo que podemos llamar la gente....  la historia que muestra sus heridas. Y todo se da por bueno para ver el cuadro que hubo de estar presidiendo aquella iglesia, refugio de flamencos sobre todo hacia 1620, al final de la tregua de los doce años, con larga historia en Madrid, aunque lo que hoy vemos ha de ser reconstrucción sobre todo de mediados del siglo XIX. Los flamencos, como los alemanes –bien vivos en  la Corredera de san Pablo, con templo deslumbrante, que también fue de los portugueses–, los navarros, los franceses (en la red de San Luis "de los franceses"), los catalanes (en San Bernardo), los italianos, etc. tuvieron aquí su hospital, refugio e iglesia, como era costumbre durante el siglo XVII y buena parte del siglo XVIII, hasta que en tiempos de Godoy se comienzan a desmantelar.

La exposición cuenta además con un soberbio tapiz, una decena de cuadros muy interesantes, entre los cuales he entresacado –por mi interés quevedesco– la vista de Nápoles; y por la cercanía con el nuevo palacio, la vista del viejo Alcázar, poco antes de su incendio (1734), la verdad que con una estampa que, si uno no se fija, parece la del actual. Muy interesantes también los retratos, de los que ofrezco el Felipe V de Miguel Jacinto Meléndez, retratista del nuevo monarca.

Visita de Nápoles, c. 1700-1718, de C. Adrioonez
El año 1994 ganó Cela el premio Planeta con La cruz de san Andrés, novela poco leída, quizá por circunstancias de su publicación, aun cuando el novelista la trazó con mano maestra. Lo mismo que Rubens (+ 1640) su cuadro para la iglesia y hospital de San Andrés de los Flamencos, uno de los más venerables del viejo Madrid, que después de desamortizaciones, desplazamientos y remodelaciones es el que hoy se puede visitar en la calle de Claudio Coello, 99, de Madrid, aun cuando su trazado arquitectónico sea del segundo tercio del siglo XIX. Lo mejor, además de ver esta exposición, encontrar entrada para algún concierto de cámara o para escuchar su órgano: se dice que es uno de los locales con mejor sonoridad en Madrid.

Felipe V, por M.J. Meléndez
Rubens se había retirado a los Países Bajos y había adquirido un castillo en Elewijt (pueblecito al norte de Bruselas, en la actual Bélgica): allí pintaba el amanecer (una de las ilustraciones, de la National Gallery), a los labradores que acudían a su labor, las fiestas campestres, etc. y allí probablemente pintó, por encargo, este San Andrés en el momento que mejor se recuerda de su vida legendaria: clavado en la cruz en forma de aspa ("la cruz de san Andrés o el aspa de San Andrés"), sin dejarse desclavar porque quería morir mártir.

Patrono de tantos y tantos lugares grandes (Rusia, Escocia...), ciudades (Sant Andrews, San Andrés en Tenerife, San Andrés de Teixido en las cercanías de Malde....) y pueblecitos, algunos de ellos lo tomaron como fundador (como St. Andrews, en Escocia), al fin y al cabo era el apóstol hermano de Pedro, cuyas predicaciones más o menos legendarias le sitúan también en Grecia y en Constantinopla, en donde le sitúa una tempranísima leyenda medieval, que contrapuso a Roma –reliquias de san Pedro y San Pablo– las de este apóstol mártir. Tiene su vieja parroquia en Madrid y conserva el nombre de la calle en el casco viejo, al lado de la Plaza del dos de mayo. En consonancia sus representaciones son numerosísimas; además de la de Rubens, recordemos entre nosotros una de las más famosas, la del Greco, o la del Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla (de Juan de Roelas). Y digo entre nosotros porque la estela de sus aspas está en toda la imaginería de la iglesia ortodaxa rusa, por ejemplo, y hasta, dicen, empañó los símbolos de la aviación española en época franquista. 

Vista de He Steen por la mañana temprano, de Rubens (National Gallery)

3 comentarios:

  1. Muy interesante tu crónica, Pablo. Iré a ver esta exposición.
    Como curiosidad: el hospital de San Andrés de los Flamencos es muy antiguo, antes de llegar al Ensanche estuvo en la calle de San Marcos (Texeira lo dibujó), allí estuvo el magnífico cuadro de Rubens antes de llegar a esta capilla.

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  2. Lo de las aspas de san Andrés en la aviación sublevada es una mistificación posterior (como muchas otras) Originalmente eran tachaduras u obliteraciones de las insignias de la aviación republicana (círculos tricolores en las alas y bandas tricolores en el timón de cola) que fueron repintadas por encima con pintura blanca a la que se añadía una x en pintura negra.

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  3. Gracias por la aclaración, proditoris; yo tampoco estaba muy seguro de ese dato que me había llegado de perfi, por eso el "dicen".

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