El viajero se ha echado a andar; en realidad es lo que hago todos los días, pero esta vez he buscado caminos y lugares que no aparecen en los circuitos turísticos. El lago Erzai es –lo dice su nombre en chino, ai– como un pequeño mar en forma de oreja (er). He salido de Dali, hasta rebasar las murallas y he buscado caminos que me llevaran hacia el lago, por zona no frecuentada; elegido uno de ellos, me he echado a andar, después de haber preparado mi vocabulario "ad hoc" (pueblo, ciudad, orilla, lago.... ) y poner a punto mis fórmulas corteses (podría usted decirme donde encuentro un sitio para comprar fruta, sabe usted si este camino tiene salida...).
Es domingo, hace bastante calor y mis zapatillas no van a resistir si no las trato con cuidado. Tengo el problema de que no encuentro un 45 en las tiendas donde quiero comprarlas. Me calzo la visera (que compré en Venecia, pero que está hecha en China) y emprendo el camino.
He hecho unos 20 kms., de fortuna desigual, pero de balance final grato. Llevo un mapa en mi IPad, de los que se pueden consultar sin Wifi, con flechita azul que me envían los cielos indicándome dónde estoy. A veces los cielos me han fallado y se han equivocado de orilla, pero bueno, para eso están los ojos y el sentido común. Además, de vez en cuando, me cruzo con algún aldeano, con damas de los pueblos, con labradores en moto.... todos con sus paraguas contra el sol o con su sombrero de paja circular de alas muy anchas, y les pregunto ("por favor, sabe vd. si este camino me lleva al borde del lago" (shui hu, 水湖); una señorita de paraguas floreado me ha contestado con 水边 ('borde del agua'), y ya lo voy a emplear en adelante. Salgo de la carretera principal y me desvío por caminillos, con adoquinado o sin asfaltar. Al cabo de un par de kilómetros, nada de nada, solo el camino, las montañas de Canshan en el horizonte, el deslumbramiento de un día de sol y de luz. La flechita decide abandonarme y yo voy disponiendo rutas según aprendí de don Quijote. Por fin, después de más o menos 10 kms., algunas casas sueltas anuncian población.
Las casas chinas que encuentro son todas nuevas, se construyen en piedra gris con extensos lienzos azulados y decorados, se distinguen por sus tejados con enormes aleros de madera y puertas enormes –siempre puertas enormes–. Técnicamente, veo que tienen todas, arriba, depósitos de agua, sobre el tejado, y un curioso sistema, probablemente para aprovechar la energía del sol, de tubos que conectan con otro depósito (está todo en las fotos).

Salgo del pueblo callejeando. Alguien está llamando a oración, con voz demasiado potente: vislumbro una columna de altavoces a lo lejos y, enseguida, una mezquita lustrosa que se levanta en las afueras, entre las casas, una mezcla de construcción china y árabe. Recuerdo que estoy en zona de minorías, raciales y religiosas, y que es domingo.
El pueblo hubiera podido ser cualquier pueblo castellano si se atiende a la tranquilidad de un domingo, el aire labrador de los alrededores, el modo despegado de las gentes, las calles y tiendas.... Ha de ser pueblo rico y la riqueza (coches siempre de alta gama, construcciones siempre nuevas) estribará en los cultivos, en un campo trazado con el tiralíneas de las acequias, que dividen muchos maizales, mucho arroz, judías verdes, coles, tabaco, lechugas, ¡trigo!, cebollas.... pero hay muchas plantaciones que no conozco. Y mirándome desde una tapia, granados con el fruto cuajado. A la salida de uno de los pueblos he visto a un grupo de lugareños, en barca, recogiendo algo de la superficie del lago (está en la foto).
Anduvo el caminante rodeando el lago, cruzó "luojuyi" (罗久邑)rebasó "dazhuang" (大庄) y en cada lugar y en cada camino tuvo sus historias (¡hasta una boda en el lago, con los contrayentes dentro del agua!), que no debe contar, por la premura con que todo esto va.
A la salida de Dazhuang se sentó en una sombra del camino, en un cruce; eran las cuatro de la tarde y el calor era insoportable. Por allí pasó uno de esos carruajes de transporte que consisten en una moto a la que se ha añadido una especie de cabina en la parte de atrás, muy bien montada (luz, altavoz, etc.) y concerté con el "shifu" que me llevara a los jardines de Zhang por 15 kuais (dos euros). Entonces empieza otra historia.
Pero antes de despedirme voy a dejar una flor de las que voy recogiendo por el camino, en donde he visto abundancia de alteas (malvarrosas), creo que ibiscos y hasta setos muy bien podados de buganvillas, la planta y flor más frecuente, quizá junto a las camelias.
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