Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 29 de marzo de 2013

Francisco de Pacheco y Quevedo

Recuerdo de Cervantes (plaza de la Pescadería)


Siempre que paseo por Sevilla y admiro sus patios recuerdo los versos de Machado, Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla / y un huerto claro donde madura el limonero.... tópico bien engastado en su retrato –"¿Conoces la tierra donde florece el limonero?" (Goethe), que he vuelto a recordar cuando al pasear por la calle Betis, en pleno barrio de Triana, he visto una placa relativamente nueva (2002) dedicada a Demófilo, a su ascendiente folclorista. Sevilla no es para recordar fetiches literarios o históricos, pues son demasiados, desde Juan Hispalense, Colón y Cervantes hasta Bécquer y Cernuda, pasando por hitos tan universales como el de don Juan. Demasiada historia, regularmente conservada en la vida colectiva, bien guardada en algunos de los lugares emblemáticos que he podido ver, huyendo de capirotes: la casa de Pilatos, el Hospital de los Venerables, el Museo Municipal.... 


Hospital de los venerables
Impresionante colección de zurbaranes, murillos y valdeses leales con al algún velázquez menor y muestras de Alonso Cano, Pedro de Mena, Francisco Pacheco... Me ha interesado mucho Francisco Pacheco, protegido por el Duque de Medinaceli, para el que trabaja, y para el que pinta por ejemplo el techo de la casa de Pilatos –Hércules–, además de haber dejado un reguero de cuadros en el propio hospital de los Venerables, en el Museo Municipal y supongo que en bastantes más sitios. Aquí también he encontrado la monografía de Cacho sobre el Libro de Retratos, recién publicada, pero ya lejos de mi bolsillo, qué le vamos a hacer.
Francisco Pacheco hubo de conocer sin duda a Quevedo, probablemente en el viaje que la comitiva real hizo a Sevilla en torno a 1625, y allí pudo haberle dibujado para su Libro de retratos, pero también allí pudo haber conocido al yerno, Velázquez, de cuya mano o de cuyo taller saldría el famoso retrato del escritor, ahora puesto en entredicho por la autoría de Vander Hammen. En todo caso, no se agotan las relaciones de Quevedo con los sevillanos: muy importante parece la que estableció con un canónigo, Sarmiento, que le pasó un manuscrito con las obras de Fray Luis de León, que el escritor madrileño preparó para su edición (1629) y luego apareció (1631) como princeps de las obras poéticas del agustino. Ahí es nada. 
La correspondencia nos devuelve cartas y papeles cruzados entre Pacheco y Quevedo, a propósito de las inundaciones en Sevilla, en la polémica sobre los clavos de los cristus pintados, etc. Espero que dentro de poco Christopher Maurer nos regale la edición de un manuscrito poético de la Houghton Library, con autógrafos de Pacheco, que también se encuentran en la BNE y otros lugares: su letra, perfectamente dibujada es un modo de letra común en la época.
Todo pasado por Sevilla, a donde he venido para ver capirotes, cosa harto difícil. Veremos esta "madrugá".

Rincón de Cernuda

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