Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 9 de diciembre de 2019

La Rioja, Logroño



La capital de la Rioja anda arrinconada al norte de la Península, entre vaivenes políticos y lenguas, incluso tiene mal transporte desde Madrid, pues el camino más corto, desde Soria, va de curvas y vericuetos y atraviesa –por arriba o por abajo– el Puerto de Piqueras; pero son cien quilómetros infernales. La otra opción, por Burgos, es más larga. En fin, el tren directo no sirve mucho para la capital de una comunidad. Y allí se llega, a un lugar rico, ordenado, de bullicio en calles y plazas, frío... esperando encontrar su huerta, sus vinos, los productos navideños. Todo se encuentra, y bastante caro, por cierto. Muy buenas serán las alcachofas, pero van a seis euros el kilo; las judías vedes, "finísimas", a cuatro cincuenta; las borrajas peladas a casi siete; las nueces "con sabor a nuez" (?) a más de siete y así todo. En los restaurantes hay que pedir la "menestra", y todo lo que se diga "...a la riojana" (bacalao, patatas, pimientos....) En la muestra van dos bacalaos, el de siempre, y otro con mostaza y miel, más innovador:

Acaban de salir de 25 años de PP y han caído en socialistas, pero he escuchado mientras desayunaba en la mesa de al lado, que "son los mismos", "que da igual", "que nada cambia"... 
Llenas las cafeterías, con gente acomodada que toma pausados desayunos. 
Caminé, por ver la ciudad, desde el centro hasta la facultad de Filología, una media hora, por los largos soportales de piedra que mi colega Francisco Domínguez Matito me asegura que son los de "Calle Mayor", la vieja película de Berlanga, que creí que se había rodado en mi Palencia natal.
Le dije que no me gustaba que Esteban Manuel de Villegas tuviera una calle tan desmedrada, rodeada de espléndidos agustinos. ¿Tiene Logroño un cierto "tufillo" pacato, como en muchas de las ciudades del interior peninsular? No lo sé.


La universidad, recoleta, limpia, lugar selecto de gentes selectas, me recibió con sol mañanero campos de lavanda y de romero preciosas hayas (que no se ven al sur, claro). Y luego un acto académico, noble, en donde un doctorando de la tierra  nos habló de cómo se podría representar una obra de Lope, "Lo fingido verdadero". Había bastante público, por cierto.



Al final he añadido la foto de los académicos, gentes de bien que cumplen su función, como el Instituto de Estudios Riojanos, lugar de referencia para la cultura de la zona, que fotografié al paso.



Claro que también me detuve, muy cerca, en la tienda de productos riojanos, fundamentalmente de golosinas, desde los caramelos de café con leche hasta el mazapán de soto...., que de un pueblo cercano es. Se llamaba, extraño nombre, "golmajería". De verdad que no compré nada (pero porque estaba cerrada).


No dio tiempo a demasiado más, pues después de pasar por el mercado –casi todas las tiendas cerradas– volví a Madrid por el mismo camino vía Soria. 
Las fotos que enmarcan el viaje recogen la piedra más hermosa, la catedral, la segunda, y el árbol, casi invernal, deshojado que no tenemos más al sur.

lunes, 2 de diciembre de 2019

De la venta de Almazán



El viajero tiene terminada la edición de “campos de Castilla”, de Antonio Machado, la que no existió de 1917, subsumida  en la antología y primeras completas de ese mismo año; de manera que en su viaje a Logroño -tesis dirigida por Delia, una de mis antiguas alumnas más inteligente y trabajadora- se ha parado en la “venta de Almazán”, como dice el poeta, para ver el Duero con el otoño a cuestas y  tomarse unas borrajas al ajo arriero, mientras recuerda los viejos versos de don Antonio, muchos y ya entrañados, casi hechos míos.






Frío junto al DUERO y camino tortuoso hasta Logroño, que deja el alto llano para atravesar los antiguos pueblos de piedra. Al entrar en el túnel de Piqueras, agua nieve. Y luego, las inmensas formaciones arcillosas, que armonizan con el paisaje dorado, en donde rechina el color de los álamos desnudos, de los robles, empecinados en no perder sus hojas, y del verde apagado de pináceas. “Conmigo vais, mi corazón os lleva”.


viernes, 22 de noviembre de 2019

mey ban fan / 没办饭 / no tiene remedio

al lado    de quien tiene otras historias
habrá modo de ser      sin las banderas
escuchando la música de voces
que dicen lo que son      de otra manera

tendremos que contar con que      los bancos
y los hombres de gris      y la violencia
no sirven para más que      como estorbo
que quieren    que no pienses    lo que quieras

y luchar para ser      urdir     tejer
una red de palabras     y de ideas
espacio    donde sobran las mentiras
construir   día tras día    casa abierta

y ojalá       con la gente por destino
ojalá      se destruyan       las fronteras


La Discreta



Veinte años de esta milagrosa y estupenda editorial, detrás de la cual empuja, labora, trabaja un buen grupo de personas inquietos por la creación, difusión, mantenimiento de la buena literatura.
Su catálogo, ya extenso, pueden verse en  
https://www.ladiscreta.com/portfolio/
aunque también aconsejan y orientan en 
(administracion@ladiscreta.com)

Muestras sueltas siguen de su tarea:


miércoles, 20 de noviembre de 2019









martes, 19 de noviembre de 2019

hacia el invierno va noviembre rápido....



en el viejo camino    del Retiro
una vez más       otoño       verde y dorado
el sol     se pierde    entre las hojas secas
otra vez vuelve         lo que ya has amado

el liquidámbar        tiene   motas negras
aroma el eucalipto todo el prado
frío en el aire       frío entre la gente
hacia el invierno    va noviembre           rápido

en tanto se amontonan      hojas secas
tropa de jardineros     limpia el prado
el camino de tilos       que acostumbro  
por obras      esta vez     está vallado

hay un castaño que  se baña    al sol
parece que amarás    lo que has amado


domingo, 17 de noviembre de 2019

jardines y versos


Siguiendo la indicación de Verónica –véase el capítulo anterior–, fui una tarde velazqueña al Huerto del Retiro, en donde se anunciaba discretamente la presentación de Luciano Labajos –jardinero mayor que fue del Retiro– de un  libro de "Jaikus...", cuya portada reproduzco.  El estudio de Velázquez –como he explicado en algún lugar– miraba a la vega del Manzanares, lo mismo que el largo paseo del Retiro que atraviesa la plaza del Ángel Caído y dejando enorme pinos y eucaliptos a su derecha, después de atravesar las agujas amarillas de los liquidámbares que miran hacia el campo de almendros, entra a su izquierda por un caminillo que llega al Huerto.
Impresionante el juego del horizonte, el de muchos cuadros de Velázquez.


Pero antes, el viajero que ha recorrido el paseo de coches –abelias, cedros, madroños....– ha podido admirar la larga hilera de madroños cargados de frutos. Y se los ha ido comiendo, como postre, porque el recital estaba señalado para las 16,30.



El huerto familiar del Retiro estaba, como siempre, agradable, con sus bancales con plantas de cultivo domésticas y setos de lavanda, abrótano macho, romero.... los normales en Castilla. Algo invernal, pero todavía vistoso.


Y el recital. La salita llena, a lo que colegí, de jardineros. El vate poeta explicó aquel librito y todo lo que dijo estaba lleno de buen sentido: los momentos fugaces de quien vive en comunión con su entorno y con la naturaleza, que puede recoger con unas "pocas palabras verdaderas" (la frase machadiana abría su presentación). Lo son, en el libro, palabras verdaderas, resultados verbales de personas que han aprendido a mirar alrededor y dentro de sí; y que han extremado su lengua natural para fijar lo que sienten. Esa debería de ser una función de la poesía, del lenguaje.


Un acto sencillo y profundo, al mismo tiempo, que terminó con la invitación a que todos los que formábamos el público compusiéramos un haiku, que luego leímos.
Anochecía cuando volví a casa, con mi libro de Haikus, comprado, debajo del brazo.