Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 15 de junio de 2014

Del silencioso coloquio que hube con un gorrión que me visitó mientras borrajeaba versos insulsos en un banco del Retiro




Ha venido un gorrión a ver qué escribo:
en el banco se posa, se mueve, salta,
parece que me mira de perfil,
parece que me escucha si se para;

contemplación será monda y lironda,
contemplación sin otra circunstancia,
con los ojos abiertos simplemente
y con la voz oculta en la mirada,

porque tú sabes, ya que aquí te vienes,
que me senté en el banco para nada:
se dijo lo que había que decir
y ahora queda ton solo lo que calla.

Cómo calla –¡y qué dentro su silencio!–
lo que tanto intenté con las palabras.



sábado, 14 de junio de 2014

Casillas encaja cinco goles

ante los ojos de los españoles,
atónitos, casillas encaja
cinco goles, piqué y sergio ramos
fueron un coladero y savi alonso

no sabía jugar al futbol... tantos
héroes patrios derrotados, tanta
pasión depositada frágilmente
en el arte sutil de nuestro fútbol,

cuyo logro era cosa de los otros,
de unos pocos gimnastas bien pagados
que ejercen su tarea jaleados
por una masa ciega y combativa.

Humanidad desorientada y triste
que necesita la pasión lograda.



jueves, 12 de junio de 2014

El roble de las penas, desmochado


El roble de las penas allí sigue,
su viejo tronco con las nuevas ramas
recupera las hojas en verano
y aun alrededor las sombras traza,

ya no tiene como antes tuvo arriba
la copa majestuosa siempre alzada,
sobrevive escondido y allí iergue
humilde su figura desmochada;

el roble de las penas del Retiro,
no se sabe muy bien que es lo que aguarda
quizá tan solo ser, sencillamente,
respirar a la luz de la mañana;

como va lo que vive, lentamente,
poco a poco más cerca de la nada.



miércoles, 11 de junio de 2014

perder las risas

El hueco de las cosas que se fueron
por las fisuras del tiempo se desliza
habrá que conseguir que nadie pierda
la porción que le toca de sonrisas

las de dentro     las de fuera     las de al lado
las que en el llanto van como escondidas
las que se guardan para malos tiempos
y aun aquellas que fueron destrüidas

como piedras preciosas en los versos
muchas veces las busco         a veces riman
mas se van     y se van      se van     y quedan
lejos    tristes    sin gracia    desprendidas

tendremos que adaptarnos a este modo
de andar sin rumbo              y de perder las risas



lunes, 9 de junio de 2014

Disquisiciones sobre la cosa del amor

Ten cuidado si dicen que te quieren,
suele ser condición de los humanos
andar entre la gente a la que salta
y usar de tales verbos sin pensarlo;

luego están los que creen que lo saben,
los que quieren saber si son amados,
los que buscan sentir que cuando pasan
los demás se dan cuenta que han pasado,

los que quieren llorar junto a los otros,
los que viven con miedo y asustados,
los que una vez soñaron que ya amaban,
incluso los que alguna vez amaron

y con el tiempo la pasión la vida...
de lo que fue el amor ya se olvidaron.

domingo, 8 de junio de 2014

El corazón, desordenado


Está bien el desorden de la vida,
un resultado de seguir las pautas
del corazón, que no le da la gana
sentir como le dicen los anuncios;

antisistema, como dicen ahora,
republicano por marchar por otro
camino que no sea el de los bancos,
los elefantes, blesa, camps, repsol....

la salvación estriba en la impureza,
la negación, el descarrío, el desplante,
exhibir lo prohibido sin razones
y ayudar a pudrirse lo podrido.

Los impulsos de ser libres nos salvan;
nos salva el corazón desordenado.


sábado, 7 de junio de 2014

Crónica de un día de junio

Se ha abierto el verano en Madrid; me dispongo a contar una jornada poética y me sale la veta biográfica. Recuerdo que Juan Carlos (Rodríguez), con su birrete de doctor honorífico, me comentó que todos los blogueros son unos narcisistas. Lo pienso; y es verdad. En realidad todos los que escriben son unos narcisistas. En realidad el género humano es narcisista. ¿Qué otra cosa se puede ser sino uno mismo o desde uno mismo? Lo da naturaleza.
Y se ha abierto el verano por todos los barrios. Junio pide calle. Yo tenía un día poético, que luego se ha ido enredando con mil circunstancias, sobre las que prevalece esta sensación de helados y terrazas, sobre todo ahora que me encuentro al final de la jornada, después de haber atravesado la Plaza del Dos de Mayo, en la que no había ni una sola mesa libre de las muchas que suelen invadir aquel espacio. 
Y la jornada se encarriló poéticamente porque, después de mi clase de chino, había quedado a comer con una joven poetisa –espero que no lo lea, no le gusta el cambio de género morfológico– que anda terminando el doctorado–. 
De allí –en los alrededores de Chueca, el restaurante se llamaba El Armario, ni fu ni fa–  pasamos a la Biblioteca Nacional, donde perdí un par de horas intentando obtener unas páginas de una revista de 1918 (el BRAH). Esfuerzo inútil: por un lado no dejan consultar el original porque dicen que lo han microfilmado; pero la microfilmación se ha encerrado en rollos inmensos mal etiquetados sin guardar el debido respeto a  numeración, índices, etc. con lo que la búsqueda es francamente imposible. Esa revista, como tantas otras, ha pasado a ser un objeto inservible más, lejos del alcance del investigador. Alguien debería indicar a la actual dirección que se preocupe menos por las jaranas sociales y más por el recto funcionamiento del servicio a la investigación, que es la razón fundamental de ser de la BNE. La encargada de aquella sección –que me comprendió perfectamente– me pidió queja formal por escrito y todo eso; pero ya son demasiadas las quejas para llenar papeleras: no me quedan reclamaciones ni banderas. La queja ahora queda en para mí mismo, y así hago un leixaprende con la vanidad de ut supra. Por otro lado, desconfío siempre de las personas e instituciones que te dicen cómo tienes que quejarte, porque de ese modo suprimen la espontaneidad insultante de la queja, el resorte encabronado, vaya.
recital de Roger Wolf en Malasaña
El bochorno a la salida preludiaba ese estallido nocturno de Madrid en calles y plazas. Volví Goya arriba y paré en el HM de Velázquez –los HM me dan vicio, como las máquinas tragaperras a las amas de casa– para comprarme unos pantalones fresquitos, de lino me dijo le dependienta, sobre lo que hubo un ameno coloquio para dilucidar qué era eso de la "lana fresca" y si existía un tejido parejo de lino. Los compré. Tengo en perspectiva un congreso (¡en julio!) en Venecia, que me río yo del adagietto de la quinta de Mahler. Para sus góndolas el lino de HM.
Por la noche quería ir a un recital en Malasaña; y eso hice. En el bulevar, de camino, me encontré con una colega –Lola, de Lola sí que puedo decir la gracia– con la que di un repaso al universo, que quedó hecho un trapo. Luego el metro de Goya a Bilbao, con las vagones llenos de viernes.
Juan Carlos Rodríguez, investido doctor honoris causa por la universidad de Almería
El caso es que hoy era la lectura de Roger Wolfe, al que no conozco, pero que he leído –hasta estuvo algunas veces en mis programas de poesía actual. En el bar donde leía (en el 7 de la calle Ruiz, que desemboca en la Plaza del Dos de Mayo) había una decena de personas; contraste muy llamativo con los bares abarrotados de tapas y copas. 
Impertérrito y capaz el vate recitaba en castellano y en inglés –alguna– con voz grave, arrastrada, de una sonoridad apabullante. La poesía de Wolfe recuerda el realismo sucio claramente y no tiene ninguna relevancia artística formal, de modo que el recital se encomendaba a la exageración de la gravedad, la lentitud y el arrastrado tonal de los sintagmas: "Vamos a esperar la ausencia de ruido dentro y fuera...." Es algo normal en poetas que han prescindido del verso y encomiendan el valor de los poemas a lo que dice y al momento de su declamación. Tomé notas sobre su modo de actuar, ensimismado, sin concesiones de ningún tipo, casi como una ceremonia del más allá, con recuerdos explícitos de Bukowsky, Rosalía, Poe... y no sé si conscientes de fray Luis de León ("La luz no usada de otro amanecer....") Al final de su lectura, sonó –como un eco– el I'm a man de Leonard Cohen. Las cinco damas de las barras tecleaban insistentemente su móvil. Apuré el mojito y salí a la calle Ruiz, que me trajo un encendido recuerdo de damas que por allí vivían y de aventuras editoriales, pues en Pepe Botella, en la Plaza, tenían lugar nuestras reuniones habituales para proyectar la colección de Clásicos Hispánicos; y en esa misma cafetería hube el comienzo de un breve y arrebatado amor, de los perdidos al cabo. 

Pensando que iba en todo lo que se pierde, calle Fuencarral arriba, para no volver a coger tan pronto transporte público, cuando observé que llevaba al lado un mocetón fornido de color, que hablaba un español perfecto con todo lo que se le ponía al alcance; como observó que yo me sonreía, andando a mi lado, también a mí me dijo algo así como "¿Y tú por qué vas tan serio?".  –"Tan serio, no, que me ha hecho gracia lo que les has dicho al grupo de chicas". Se animó. "Pues a mí lo que me pone de verdad son los que son un poco mayores como tú, o sea que si quieres, ya sabes". "Pues lo siento, ya ves lo triste que voy; y además dios me ha condenado a mujeres, que es el peor de los destinos". Ahí acabo todo.
Bach en la calle Fuencarral
Unos metros más adelante, cuando ya se adivinaba la Gran Vía me conmovió escuchar las partitas para violón de Bach: era un músico mayor, al lado de un montón de cartones de deshecho; y muy cerca de una esquina prostituida. Que no me digan que no es extraña la condición humana. Para no ponerme melancólico me agarré al recuerdo de Barbolilla, que suele curarme cuando tomo aquellas derrotas.
Llegué hasta Cibeles, para coger el autobús, canturreando ya a Cohen ya a Bach; y resistí la tentación de bajarme en la esquina de Ibiza con Narváez para tomarme un helado de sambayón y avellanas en Siena, la mejor heladería de Madrid. Y es que iba de retirada resistiendo tentaciones, porque quería llegar pronto a casa, ponerme la versión de Fournier de las partitas y llamar a la dama perdida del Pepe Botella, para ver si se acordaba de lo difícil que me fue pararme en sus ojos.