Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 16 de enero de 2012

Divagaciones de última hora sobre Luisa de Carvajal

Parte de esta entrada, redactada entre aeropuertos, cafeterías y parques se perdió en un trasiego de baterías, vistas previas y demás. Recuerdo que comenzaba con un párrafo en el que explicaba que el otro día me encontré con Luisa de Carvajal en el Pompidou y que nos fuimos a tomar algo a una cafetería cercana: me dejó que le hiciera la foto y hablamos brevemente, porque tenía el tiempo tasado para faltar a su puesto. Estuvo elegante y tenaz, como yo la imaginaba. Eso sí no sabía que fumara ni que le gustaran los daiquiris.
De mi encuentro, ayer, con Luisa de Carvajal
Los grabados en madera o cobre de las primeras hagiografías no le hacen ningún favor, pues le reproducen con enormes napias y nada dicen de una cierta elegancia natural, la que yo había encontrado en las cartas a Inés de la Asunción, al hablarla de trapitos: ....  mi traje es una ropa de bayeta negra de Segovia, que los principales la usan mucho, hasta el suelo, y llena de pliegues, como las, de los de los Consejos de allá y mangas justas con brahones llenos de lazadas de cintas negras; y cuando ha hecho calor esta es y será de anascote negro... El corpiño, alto hasta la garganta, como jubón, y la basquiña con pliegues es de anascote negro, y una valona delgada sin guarnición ni vainica, llanísima y muy grande, raras veces gorguera; aunque es traje de ancianas, por ser más desembarazada y de menos costa la banda o valona. En la cabeza, una cofia de holanda ahora; y en el calor, de Cambray, que es traje de pobre gente, y dos dedos de cabello, muy llano y estirado, descubierto.... Duraba, como se ve, todavía la gravedad del atuendo en personajes de alcurnia, como había predicado el rey muerto, el que pinto Pantoja, ya de pelo blanco. Ella misma cuenta –y en varias cartas– la risa que les entró a los carceleros cuando su segunda detención en Londres, porque pidió al juez que no le encerraran con varones, y el juez le espetó que aunque fuera la única mujer en la cárcel, tan fea era que ningún varón le inquietaría.
Biblioteca Sainte Genevieve, uno de los lugares más antiguos del París noble, porque allí hubo un estudio por donde pasaron santos y celebridades, desde Ignacio de Loyola a Voltaire. El edificio actual es de mediados del siglo XIX

Algo debería tener cuando andaban enloquecidas a su alrededor tantos "angelitos", que así se refería a ellas –"dulcísimos angelitos"– en su epistolario, tratándolas, eso sí, con dureza de varón, excepto a Inés, a quien riñe por adelantado suponiendo que tiene la cabeza donde no la tiene que tener. Es la reprimenda a la persona que se quiere.  Alguno de esos angelitos, particularmente esta misma Inés, lo pasó muy mal cuando el confesor de Luisa le prohibió que le acompañara en la jornada de Inglaterra, porque su fin no era combatir las ideas de los herejes, sino estar al lado de Luisa. Y le enviaron a un convento de recoletas de Medina, desde donde se cartea –con permiso de la superiora, claro– con Luisa, que siempre le trató con su qué de afecto, como al ángel que se quedó en el camino.
Era tenaz Luisa, porque aunque en la frontera, en su último viaje desde Sant Omar, le quitaron los instrumentos de disciplina, los rehízo en Londres y los guardaba celosamente entre sus pocas pertenencias. Dos cosas guardaba celosamente: las disciplinas.... y los escritos, particularmente las poesías, de una encendida inspiración amorosa, en la tradición de la mejor poesía mística. ¿Que quiere decir que alguien guarde las poesías que ha escrito?

Notre Dame, desde el pobre san Julián
Malos obispos se llevaron las disciplinas a la capital para mofarse de ellas, se queja en otra carta. No eran ya las cuerdas de vihuela con las que su tío, el virrey y consejero Francisco de Mendoza, le llevaba de madrugada al oratorio y pedía que le desnudaran y le azotaran sin piedad –"como a una esclava", para acallar sabe dios qué tentaciones. Pero, ¿tan fuertes eran las tentaciones, las del virrey, las de la adolescente que era Luisa, las de la esclava, que había que alcanzar un grado limite del dolor, el dolor desnudo de una adolescente? ¿Lo vencieron o lo trasformaron?  Será difícil saber qué senderos humanos recorrió Luisa, por mucho que los grandes críticos norteamericanos descubran sus textos y abran un curso sobre problemas de género. Solo nos cabe la imaginación, pero la nuestra, porque la histórica es muy difícil. Hoy no consentiríamos una escena semejante, quizá solo si supiéramos que la escena era falsa, y que la adolescente de marras recibe los golpes dulcemente como castigo de quien le quiere y que terminará en efluvios, o cosas así. Es decir, como un juego amoroso. Me temo que en el castillo de Almazán y a media noche y con la sangre ya en las espaldas de Luisa, que va enhebrando jaculatorias y agradeciendo aquellos sacrificios, la cosa es mucho más complicada.
Cuántas veces agradece uno, casi sin darse cuenta, algún pequeño signo de la civilización, algún signo de que sí, de que en algo se progresado.

Luisa de Carvajal en penitencia, en formulación parisina de los años treinta
A vueltas con Luisa de Carvajal, termino mi estancia en un París culto y pedante, totalmente mercantilizado, es verdad; pero con el que puedo convenir y al que puedo conceder que, aun vendiéndome todo de mala manera, satisface los estratos de historia noble que hayamos podido alcanzar. Ojalá podamos mantenerlos, cuanto más limpios mejor. He hablado a  mis colegas de Luisa durante unos veinte minutos, intentando reducir erudición a algo simple y sencillo. Una extraña dama de hace cuatrocientos años.
La vida de los otros inquieta, la de ayer y la de hoy. ¿Nos interpretarán bien? ¿Sabrán lo que hemos dicho, lo que hemos hecho, lo que hemos pensado? Seguro que no; o tan solo parcialmente, por los pelos.
París visto desde la terraza del Pompidou. el fantasma del fotógrafo arriba
¡Y cuántas cosas en el rincón de cada uno, en donde se encuentra casi toda la verdad, sin concesiones! Lo pienso mientras trato de averiguar si unos ojos claros son verdes o son azules o van cambiando según la luz; y eso no lo puedo decir así, bonitamente, como la frase de Prevert ya clásica ("tu as de jolie yeux, tu sais", cito de memoria, seguramente mal) que se popularizó como hallazgo poético porque se atrevió a poner en modo literario lo que era modo coloquial,  mezclando sabores, que es la esencia de la poesía de Prevert. He comprobado que no acaba de calar en mis colegas franceses: ¿excesivamente coloquial o chabacano? No existe exacta correspondencia entre modos poéticos de la francia de la segunda mitad del XX y la poesía española del mismo periodo: la correspondencia con Paul Eluard, Aragon, Prevert, Supervielle.... y no digamos con los oulipianos o los viajeros, Ponge, Queneau, Saint-John Perse.... Mundos distintos el francés y el español. ¿Cómo entenderán a Luisa de Carvajal mis colegas franceses? 


Sainte Genevieve y el Panteón, con el primer sol en la fachada






domingo, 15 de enero de 2012

Invierno y noche en París

l'estrapade, que hoy por la mañana había helado el agua

París de noche y en invierno tiene un sabor peculiar, el del frío, desde luego, que ahora se combate con los miles de lugares públicos –cafeterías, restaurantes– que han generalizado las estufas altas de gas y, en muchos casos, al cerrar un espacio externo, han reproducido en plena calle los espesos fumaderos de los viejos bares, porque lo que más llama la atención es la cantidad de adolescentes y jóvenes que fuman, sobre todo chicas. El callejeo urbano se encuentra, por tanto, con este curioso fenómeno, al menos en las calles más céntricas, no necesariamente en las más turísticas: hay callejuelas del centro, por ejemplo las que bordean la Rue de la Seine, que hoy, sábado por la noche, estaban totalmente vacías.
Recorrer la Rue de la Seine y la Rue Jacob es un deber de filólogo pedante que se dedica a ver manuscritos, pues en esas calles se amontonan ese tipo de anticuarios y libreros, y al 222 del Boulevard Saint Germain el museo de cartas y manuscritos, que cerraba a las 20,00.... y yo he llegado una hora más tarde. Mañana podré verlo.
La biblioteca Mazarine
Taller casa de Picasso en la Rue des Grandes Augustins
El París nocturno –y todavía navideño– tiene su encanto, porque ya han cerrado los comercios y las temibles rebajas han dejado de agredir a paseantes sin muchas preocupaciones mercantiles. Lo de la triple a, que aquí ha caído como el mayor de los insultos, no parece haber arredrado a compradores; pero se retiran, cargados de paquetes, o se recogen en la lluvia de restaurantes –caros, caros– a disfrutar de esa coquetería deliciosa que ilumina París todas las noches.


Y rincones, muchos rincones: las salas de arte, las interminables colas de cines y teatros, el bullicio de quienes tienen que comer de pie lo que acaban de comprar.... Y de vez en cuando, las iglesias, los edificios monumentales, la gracia de los viejos barrios con las fachadas echadas para atrás, los comercios de objetos imposibles.... Las placas que recuerdan: aquí vivió Chopin, aquí escribió Breton, aquí se alojó James Joyce, aquí comía Cortázar.... Siempre se descubre alguna nueva, esta vez la que recuerda el estudio de Picasso, que a su vez había sido espacio de una novela de Balzac. Se trata del Paris histórico y, en cierto modo grandioso, el que hace que las gentes que aquí viven experimenten la sensación de vivir en el centro del mundo, en donde todo se sabe y en donde todo pasa. Luego hay otro París más íntimo y cordial.
Ese París es el de cada uno, cuando se ha vivido o amado en esta ciudad.
Place de La Contrescarpe





sábado, 14 de enero de 2012

San Julián le Pauvre, el pobre San Julián



N.P.

Recito a Garcilaso cuando cruzo
le petit pont y el tiempo recobrado
Chopin se anuncia en san Julián le pauvre
el mar remoto y gentes he dejado;

es casi niebla azul la de esta tarde
que envuelve un Saint Jacques difuminado
y las calles y plazas y las gentes
todo vive y se agita. Garcilaso.

¿Qué les pasa a estos versos que tan dulces
cuando me paro a contemplar mi estado,
cómo es posible que así suenen como,
versos tan viejos, limpios, renovados?
           
En sus ojos azules, ¿o eran verdes?,
en sus ojos miré, en sus ojos claros.

viernes, 13 de enero de 2012

París, Munch y el invierno



Invierno en París. Mucha luz durante estos primeros días de enero, luz natural que ilumina la belleza histórica de la ciudad –véase el dorado de Notre Dame o el color del Sena–. Nuevos paisajes para la Contraescarpe, Saint-Jacques.... he ido a ver la iglesia de San Julián el pobre, la más antigua, se dice, de París, con un arbol de cuatrocientos años delante (una robinia de 1602), apuntalada, moribunda, extraña. En realidad iba a enterarme de un concierto de piano, todo Chopin, que lamentablemente coincide con una de mis actividades académicas. Las actividades académicas marcan mi agenda, por eso la mayoría de los paseos son nocturnos y las asomadas a la pantalla del ordenador son, normalmente, en una cafetería extraordinariamente acogedora y en un lugar emblemático que se llama de la misma manera, La Contraescarpe, a mitad de la Mouffetard. Y para su qué de fetichismo, lugar de recuerdos literarios infinitos, entre ellos los de Gabriel García Márquez, Cortázar, Verlaine.... Suele estar tomada de turistas que son los que ahora provocaremos el "Mouff", que antes era por lo mal que olía esta ribera de curtidores, ya que corren debajo los canales del río.
El problema de París es el de la vida misma. ¿A dónde acudir? Esta luz en el parque de Luxemburgo, en el jardín de plantas, en la Butte, en la Isla de San Luis, en las grandes avenidas.... ¿Qué es lo que se puede ver y lo que tendrá que esperar? Callejear camino del Pompidou, pero habrá que elegir el puente. Elegir, desechar, andar y que las cosas vayan apareciendo en el camino.
La exposición de Munch en el Pompidou, que he podido ver porque la han prolongado unos días, me ha dejado admirar, entre otras cosas, “los ojos enfermos del pintor” nórdico, es decir, que lo que lo que mira llega a ser exactamente lo que resulta en el cuadro. Eso será: ya no vemos más que nuestros ojos enfermos, ya no escuchamos nada que no sean la armonía o las disonancias que provocamos nosotros mismos, y así sucesivamente. Es como si el historicismo llevado a sus últimas consecuencias terminara en un subjetivismo atroz, el final de cualquier experiencia y conocimiento somos nosotros mismos encerrados en las fronteras incapaces de nuestros sentidos y de nuestros sentimientos. La historia crítica habla de expresionismo, ya se sabe; el concepto resulta vago.
Los ojos enfermos no distinguen los rostros –apenas el propio– y dibujan los paisajes con contornos poco precisos; pero a veces aciertan con retratos sorprendentemente imaginativos de objetos y paisajes, como el sol, o como esas dos figuras a punto de desaparecer del camino –Munch pinta figuras humanas frecuentemente así.
Extraordinariamente rica la exposición sobre la danza (Danser sa vie), y Rodin. Y luego, en las largas galerías, Giacometti, Picasso, Delaunay (toda la familia). Hay que elegir. Llega un momento que no se acepta más, que el visitante prefiere la chinita con teleobjetivo, el frescor de la terraza, arriba, desde donde se ve todo París, ya de noche, con el bulllicio de estas primeras horas nocturnas.
Acabo de ver un ballet entero de La Consagración de la Primavera, interpretado en negativo (Pina Bausch), con final de muerte. La plaza de Igor Stravisnky es uno de esos lugares en donde no me hubiera importado vivir.



martes, 10 de enero de 2012

Letras y manuscritos


Acabo de recibir, y muy oportunamente, tres informaciones de sumo interés para investigaciones sobre el soporte de la escritura: es el primero que acabo de saber que se ha reabierto el Museo de cartas y  manuscritos, que antaño visité en París (en la C/ Nesle, una callecita cerca del Sena) y se ha reabierto en otro lugar (222 Boulevard Sain Germain) http://sobreparis.com/tag/entrada-del-museo-de-cartas-y-manuscritos/; probablemente uno de los pocos museos en el mundo sobre este tema. Quizá nuestra BNE, que tantas cosas hace ahora, se anime a algo semejante y temporal, pues exposiciones ha habido que han rozado el tema. Como mañana voy a París, llevo en mi cartera esa visita, ya que voy –segunda información– a revisar determinada información de la Biiblioteca Mazarine, quizá una de las bibliotecas más elegantes que existe. Y es en esos momentos cuando me llega la información que va debajo, sobre la BNE, que se explica por ella misma. Si a todo eso añadimos la reapertura de la imprenta artesanal del Ayuntamiento de Madrid –no he visto su nueva ubicación todavía– y la reapertura de las salas de investigación de Conde-duque, parece que estamos de enhorabuena para poder trabajar. Iré dando cuenta de todo.

Breve entrevista en la revista de la FUAM (Fundación Universidad Autónoma de Madrid)

Copiaré la breve entrevista entera, aunque he observado que ha sido discretamente censurada para que no aparecieran los trazos oscuros de lo que pasó con el Seminario Edad de Oro –que nos fue usurpado tras dieciocho años de actividad– y otras circunstancias. No es normal, sin embargo, que hayan desaparecido las alusiones al Título propio que, por convenio con la BNE, desarrollamos (III ediciones) en la propia sede la BNE, ya que sigue siendo algo positivo, a pesar de las cinco veces que el departamento votó en contra de su puesta en marcha. 




sábado, 7 de enero de 2012

Es osceno quitar la be a obsceno....


Es osceno quitar la be a obsceno
trasgrede complacencias y costumbres
de la escritura y la dición y porque
tampoco debes un anacoluto;

istrumento nos dio naturaleza
y mucho más muy superior bagage
que a los animalillos, los decanos
y los retores, sobre todo para

para que los parlamentarios puedan
no decir nada mientras hablan conti
nuamente asombrados de su propia
estupidez y del ruido que hacen sin

y que muevan la lengua como mueven
la mano gorgoritos que resultan


[La versión final de estos versos no decía mano en el verso final, sino otro bisílabo, que fue suprimido, porque –del norte de la península– yeísta me confieso].