Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 2 de abril de 2011

"Lo que ha de hacer el dueño del jardín...."


Así comienza uno de los primeros capítulos de un libro delicioso, la Agricultura de jardines, de Gregorio de los Ríos (1592), cuya segunda edición es de 1604, que en adelante suele imprimirse junto a la Agricultura General que trata de la labranza del campo y sus particularidades...., de Alonso de Herrera. Gregorio de los Ríos es un absoluto contemporáneo del Quijote, y el lector lo agradece en las maneras de expresarse: el mejor español de la época clásica, como se comprobará si se sigue leyendo el arranque de ese precioso capítulo, que reproduzco (al pinchar en la imagen ha de agrandarse):


Y que por si acaso copio:

.... podranle engañar a cada paso los jardineros, para lo cual ha de leer muchas veces este libro, lo uno para que aprenda y lo otro para no ser engañado, porque le dirán los jardineros y los que entran a ver el jardín muchas trazas, y a todos ha de oír, y mirando lo que aquí se advierte  entenderá lo que más convenga, que al fin es lo más cierto, porque sepa que el jardín es como el pobre que estaba a la puerta de la iglesia con dolor de muelas y cada uno que entraba daba su remedio, y asñi le darán todos los que entraren a verlo, remedios para que corte y plante, y lo más seguro es hacer orejas de mercader, perseverando mucho en la obra que comenzare, conforme a lo aquí contenido; porque hay muchos que comienzan a hacer jardines y gastar en ellos, y luego se cansan, y se pierden como los dejan de la mano. Y para ir bien,  hand e procurar tener jardinero propio, porque además del buen  gobierno del jardín, se evitará un daño notable que los jardineros alquilados suelen hacer, que es echar ojo a las buenas plantas y más seguras, y se las llevan para quien se las pague; y cuando el dueño las echa menos, le hace pago con decir que no prendieron y que las echó a mal. Y así conviene que le tenga propio y muy cuidadoso, porque así como los niños, en dejándolos de limpiar crían sarna y queresas, de la misma manera los jardines si no los limpian cada día crían yerbas malas que ahogan a a las  buenas....

He estado manejando todos estos tratados de jardinería y botánica (Monardes, Herrera....) para elaborar una entrada sobre "La rosaleda de Lope", para lo cual ando también enredando en otros lugares, y aun tengo que ir a hablar con los especialistas del Botánico, por si me pueden ayudar, pues los trataditos posteriores (que se están reeditando en una conocida y curiosa colección de facsímiles) no me sirven demasiado y, además, desconfío de aplicarlos a textos de doscientos o trescientos años antes.


Luego, el fragmento de Gregorio de los Ríos sobre los rosales, expone lo que era conocimiento común en la época, que es lo que asoma a versos, aunque siempre Lope escribe matices que nos sorprenden, fuera de lo común:

Rosal hay cuatro maneras: de alexandría, castellano, damasquino y blanco. Prende de raíz a rama. Quieren mucho sol, porque si están en sombrío, dan en vicio y no llevan flor. Donde atrás se dice de lo que quiere el jardín, queda advertido que son muy embarazosos en jardines, y que no conviene plantarlos arrimados a pared, porque como son chicos y ellos echan tantos hijos no se pueden domeñar, y como están arrimados  por la mayor parte a las paredes, hanse de cortar o atar, y çátanse mal por ser leña con dientes. Por agosto se seca la hoja y se hinchen de telarañas, y parecen mal. Algunos están bien con ellos porque por mayor parecen bien con la flor, y esto es quince días. Y la cosa que ha de estar arrimada a la pared ha de estar verde casi todo el año. Para granjas son muy buenos, porque allí participan de aire y sol, que es su natural estar en raso. El agua se les dé templada.





Se me llena el barrio de vecinos famosos

Baroja y en la "casa de Baroja"
Margarita de Jesús
Ya existían vecinos famosos antes, aunque eran pocos y cada uno había dejado una huella distinta. En mi barrio, siempre estuvo Agustín de Foxá en la esquina de la calle Ibiza con la de Menéndez Pelayo, privilegio del que disfrutó Gabriela Mistral un poco más allá, mirando al parque, durante una de sus breves estancias en Madrid. 

Moratín, en la C/ Leganitos
Y todavía algo más hacia el nudo comercial en el que se cruzan Goya y Alcalá se recuerda con placa rota a García Lorca, en una de sus últimas casas de Madrid, aunque el color de la la placa que no resalta en la fachada y pasa casi desapercibida; en fin, siempre compuso Miguel Hernández las nanas de la cebolla en la callle Conde Peñalver –antes Torrijos–, hacia su cruce con Juan Bravo.... 


Las viejas placas lo dicen todavía, y lo dicen bien. Las hay de todos los siglos, autores y circunstancias. La de la plaza del Humilladero recuerda que allí estuvo la Puerta de Moros (bueno, por allí). La del Instituto San Isidro, que era el Colegio Imperial (hacia 1628 se empezó), que al lado de la Puerta de Alcalá estaba la vieja plaza de toros, etc.
El padre Victoria
Pero vuelvo hacia mi zona en donde se daba, además, la curiosa incidencia de que en la calle Ibiza –de donde ha partido este paseo sentimental–, en su cruce con Fernán González, ha estado desde siempre cantando Plácido Domingo en una placa enorme: la gloria de inmortalizarse 
Puerta de  moros
urbanamente en vida. A Plácido le han salido dos vecinos nuevos, en la misma casa Adriano del Valle, ya hace algunos años, y enfrente Dionisio Ridruejo, hace muy poco.

Eugenio D'Ors
Lo de recientemente alude a ese noble proceder de nuestro consistorio que, además de poner multas y rebañar las cuentas corrientes del vecindario con los tributos de las basuras, está llenando Madrid de placas unificadas y romboidales, a manera de lo que ya ocurría en otras grandes ciudades de pasado glorioso. Recuperar el pasado, ay, de todos modos es peligroso cuando con tanto primor se le ha destruido, de manera que la placa que tantas veces rememora, otras tantas es un aldabonazo a nuestras coinciencias, y así ocurre llamativamente con algunas, por ejemplo cuando se recuerda a Cabezón, a Margarita de Jesús, al padre Victoria o los agustinos recoletos.... entre otros muchos.

Concha Espina
El "Aquí estuvo" en una fachada de ladrillo de hace unos veinte años, cerca de un garaje y encima de una tienda de suministros eléctricos no puede ser un recordatorio de un monjita de los tiempos de Cervantes; y cuando del "aquí estuvo" de Saavedra Fajardo y los agustinos recoletos levantamos la vista al aire, el espacio y el quiosco del café del Espejo, no podemos imaginar lo que "estuvo" ni lo que fue de ello. Y menos mal, porque en el tránsito del reinado de Isabel II aquel estuvo fue un garaje de Mendizábal. Y no digamos lo que pasa con la aglomeración de placas que sufre la fachada del café de Oriente y alrededores, de la que solo la de Cubiles –el músico– es más reciente, las otras aluden a imposibles: San Gil, Las casas del Tesoro, etc.

Más suerte tuvo la residencia del padre Victoria, al que le ha correspondido un precioso edificio victoriano. Otras son sencillamente escorzos del ayuntamiento, sinécdoques urbanas, como las placas que recuerdan la vivienda de Quevedo o la de Cervantes. Están equivocadas las de Bolivar (en la parroquia de san José), probablemente la de Ercilla (en San Nicolás), etc. 

El Colegio Imperial (San Isidro)
¿Pondremos alguna vez en el suelo de la calle de Santiago una placa especial que diga: "Pasajero, estás pisando lo que hubiera podido quedar de Velázquez"? Y otra al lado de la calle Huertas que advierta, "Oh joven divertido y procaz, recuerda cuando tomes la última copa de madrugada que, pared con pared, en las trinitarias, Cervantes yace en sabe dios qué rincón y no le dejas dormir".

Bartok en la calle de la Paz
Últimamente se nos está llenando Madrid de músicos: preciosa la de Bocherini, en Mesón de Paredes; o la de Chapí en el centro, en casa tan alegre; y muy voluntariosa la que une el barrio de Lavapiés a Albeniz; más precisa la de Prokofief en el Monumental –por su estreno de uno de los conciertos de violín–; y olvidada la de Bela Bartok, en la calle de la Paz (¿leería Bartok a Galdós, escucharía a Chapí....?) Una bien reciente, en plena Malasaña, recuerda a Ramón Barce. Valle-Inclán anda por todos lados, como Galdós.

Bocherini en Lavapiés
Esto de las placas tiene su qué: ¿sabría Claudio Sánchez Albornoz –plaza de Celenque– que durante un tiempo podía encontrarse a la vuelta de la esquina con Baroja? Aunque Baroja terminó viviendo cerca del Retiro, en el barrio de los Jerónimos. ¿Se encontraría Baroja con Concha Espina, al ladito? En algunos casos hay doble placa, la vieja y la nueva, como la que hay que descubrir entre andamios y turistas para recordar dónde estuvo La fontana de oro y, por tanto, en qué lugares se inspiró Galdós par escribir la novela. Muy escondida –y algo incierta– la que recuerda el lugar donde pudo haber estudiado Cervantes en la calle Estudios.

Cervantes, en la C/ Estudios
Y ya, puestos, que es una aventura de la imaginación que a mí me gusta desarrollar hasta sus  últimas consecuencias, ¿esa vecina de ojos oscuros  que pasea al perro al atarceder, a veces noche, sabremos los dos, cuando cruzamos los ojos, los míos con lujuria los suyos con temor, que ella lleva una placa en potencia y yo en insistencia, que rezarán leyendas de nuestros encuentros ocasionales en el bulevar?
De lo que no tengo ninguna duda es de que se pelearán en mi departamento de Filología de la Universidad Autónoma de Madrid por ponerme una placa y recordatorio en el despacho que he ocupado durante décadas, será –siempre se puede soñar– a propuesta inequívoca de Florencio Sevilla, inmediatamente "apoyada" por Mariano de la Campa, en votación secreta que arrojará el siguiente resultado: trescientos ochenta y tres mil doscientos cuarenta votos a favor, uno en blanco, y dos en contra; el uno de ellos intentará una enmienda al acta explicando el sentido de su voto, enmienda que el director actual, Antonio Rey, pasará inmediatamente a votación a mano alzada, y será derrotada por por trescientos ochenta y tres mil doscientos treinta y nueve votos –uno se fue a hacer pis– en contra, con lo que nunca habrá ocurrido oficialmente aquello que uno dice.
Inaugurará la placa, con cortina y flores, Ángel Gabilondo. Y para escribir su leyenda se pelearán las mejores plumas. 
La eternidad me espera.

Villamediana, documentos

La carta es otro documento original, en un manuscrito que los reúne, acompañando a las cuentas y los dictámenes de los funcionarios de hacienca, en el que Juan de Tassis –enfermo, sintiéndose morir– pide al rey algunos beneficios para su sobrino el Conde de Villamediana, teniendo en cuenta la pobreza de la casa y los muchos servicios suyos y del padre del conde.


Yo estoy en edad que creo puede parescer a vuestra excelencia fuera de propósito el tratar de mis cosas, para cuya disposición esta mi hacienda en estado que no tengo que dexar a la casa de mis padres y al Conde de Villamediana sino lo que merecieren mis buenos servicios en el progreso de más de 40 años continuos a su majestad y al Rey nuestro señor que está en gloria. Esto represento a su majestad por el memorial que va con esta, suplicándole en remuneración dellos se sirva de pasar la encomienda que yo tengo de los Santos de Maymona para después de mis días en el dicho conde mi sobrino, que esto será monstrar al mundo que los dichos mis servicios le han sido a su majestad tan aceptos como lo fueron a rey nuestro señor su padre, honrándolo todo con este premio que también es para persona  [¿que irá?] sirviendo a su merced de quien espero esta merced amparara    de la grandeza de vuestra excelencia, a quien gaurde nuestro... y en  aumente los largos y felices años que deseo. De Madrid a 9 de junio 1609.

viernes, 1 de abril de 2011

Tiempo de escabeches

La llegada del calor señala el tiempo de los escabeches, sencillamente porque el escabeche es un modo de conservar productos sin que el calor los deteriore: la base del escabeche es la utilización de los vinagres como conservantes. Este comienzo de entrada de blog me recuerda las revistas y periódicos de hace doscientos años, como el Semanario pintoresco –que ando releyendo para imágenes del Madrid viejo– y que iban de lo uno a lo otro como si fuera una enciclopedia o un programa de variedades (higiene, arte, historia, actualidad....) La especialización luego nos fue arrinconando poco a poco. Y aquí están de vuelta los escabeches.

La mejor de todas mis recetas posiblemente sea la de pechugas en escabeche; pero la dejaré para cuando  entre más el calor, cuando además  de apetitosa resulta muy práctica: comida fría, tapa, etc. que se conserva hasta veinte días. 
Ahora solo las caballas en escabeche, que se compran frescas –y baratas– en la cantidad que se quiera, pongamos que media docena, que se descabezan y se limpian. Hay gente que prefiere los lomos limpios: un modo de valorar la calidad de los escabeches es la tersura, dureza, del producto: la caballa entera resulta de carne más "prieta" y más sabrosa, más compacta si no se le quita la espina ni se le divide en lomos.

En una cazuela se añaden los ingredientes típicos que son, básicamente, vinagre (un vasito), aceite de oliva (dos vasitos), hojas de laurel, pimienta (negra, en grano), especias (en este caso, las del saquito, de Provence), cebolla, ajos.... Mejor el vinagre blanco –incluyendo el de manzana–; el aceite de oliva –mejor el de 0,4, el suave–; la cebolla partida en cuartos; los ajos enteros, sin pelar; una o dos hojas de laurel.... El sabor del escabeche más o menos fuerte depende de la cantidad de vinagre, que nunca debe sobrepasar la mitad de los restantes ingredientes, la proporción media es la de 3 partes de aceite y una de vinagre; se puede sustituir un vasito de aceite por medio de agua (y queda más suave el escabeche). A todo ello se le pueden añadir muchísimos ingredientes, que también quedarán "escabechados": zanahorias, verduras de todo tipo, champiñones, etc. En mi caso, además de los citados, he añadido –porque estaban a mano– trozos de calabacín, zanahorias, champiñones, apio, etc.  Todo ello se lleva a hervir, se baja el fuego o la placa cuando llegue a ebullición y se mantiene a fuego bajo, a medio tapar, durante 30 minutos. Se retira del fuego y se deja enfiriar, para introducirlo en recipiente algo más pequeño, si es el caso, de modo que las caballas queden cubiertas, finalmente se llevan a la nevera, cuando fríos, durante un mínimo de 24 horas. Ya está.
En este caso, se acompañan con vino tinto y  pan integral.
 –


Métrica (3). Estrofas de siete versos, septetos

 
No es estrofa tan abundante como las que preceden o suceden (sextetos, octavas), pero se encuentra de modo ocasional formando poema de una sola estrofa en la poesía de la segunda mitad del siglo xx, como en Vivo sin padre y si especie; callo…, o No penetra los ázimos hurmiento…, de Antonio Gamoneda, quien acude frecuentemente a poemas de sextetos, septetos, novenas, etc. endecasilábicos. Es una manera de aparecer, como tantas veces hemos visto, de la poesía actual, sobre todo en la libre disposición de los poemas poliestróficos. En septetos arranca la “Carta a mi madre” (1987) de Juan Gelman, aunque luego se deshagan y torturen en formas diversas. Y en septetos endecasil´ábicos comienza el “Monje a la orilla del mar”, de Hilario Tundidor (de Las llaves del reino, 2000).
Puede ser que la tendencia a la armonía y la distribución rigurosa de los conjuntos de versos en las estrofas no favorezca a las que son impares y superan los siete versos (novenas, undécimas, etc.), conjunto en el que resulta más difícil buscar correspondencias y distribuciones sistemáticas.

Septetos decasilábicos

Hasta muriéndote / me hiciste bien; 4+2.4
porque la pena / de aquel edén 4+ 2.4
incomparable / que se perdió, 4+4
trocando en ruego /  mi vieja rima, 2.4+2.4
llevó mis ímpetus /  hacia la cima, 2.4+4
pulió mi espíritu / como una lima 2.4+2.4
y como acero / mi fe templó. 4+2.4

(Amado Nervo)

septetos endecasilábicos
Alguno de los epigramas de Jorge Guillén, en Final, se dispone como septeto de endecasílabos blancos (No emerge el sol como visible esfera…). Ocasionalmente aparecen también llenando algún poemilla, es decir, serie única del poema, como “Inferno”.

Si pregunta por mí, traza en el suelo 3.6.7.10 v.e.
una cruz de silencio y de ceniza 1.3.6.10
sobre el impuro nombre que padezco. 4.6.10
Si pregunta por mí, di que me he muerto 3.6.7.(9).10 v.e.
y que me pudro bajo las hormigas. 4.10
Dile que soy la rama de un naranjo, 1.4.6.(8).10
la sencilla veleta de una torre. 3.6.(8).10

(Emilio Ballagas)


Cada vez que una mano se me ofrece 3.(4).6.10
tiemblo de sombras, a su luz me entrego 1.4.8.10
y su luz una espiga en mi alma acrece; 3.6.8.10
casi de ausencia perseguido y ciego, (1).4.8.10
abro mi mano y tiendo hacia esa mano 1.4.6.8.10
leve la espiga. Luego, qué sosiego. 1.4.6.8.10
Alas la espiga tiene en cada grano. 1.4.6.10

(Antonio Carvajal)

septetos de alejandrinos
Este es el buey que mira / por su’ ojo de buey 1.4.6+3.6
el perpetuo horizonte / con su tiara de fuego 3.6+3.6
la tarde apaciguada  / la prudente llanura 2.6+3.6
los árboles del borde  /  impasibles testigos 2.6+3.6
del ángelus previsto / con su lamento absurdo 2.6+4.6
la pareja que goza /  más acá de las parvas 3.6+1.3.6
y los hombres de tierra / de vuelta en sus cubiles 3.6+2.6
…………….
(Mario Benedetti)

Formas mixtas en septetos
En el Cancionero General se encuentran ejemplos (como el de Cartagena, 156; Antonio Velasco, 24; etc.) con el quinto verso quebrando los octosílabos (abab:ccb).
Lo es la seguidilla compuesta (véase en esa entrada), con ejemplo de Hartzenbusch, que las utilizó con frecuencia, como otros románticos (Ventura Ruiz Aguilera, Vicente Barrantes…).

7 No reniegues, Camilo, 1.3.6
5 de tu fortuna, 4
7 que otros podrán dolerse 1.4.6
5 más de la suya. 1.4
5 Si se repara, 4
7 nadie en el mundo tiene 1.4.6
5 dicha colmada. 1.4

Góngora dejó este septeto De la purificación de Nuestra Señora, de cuatro octosílabos rematados en dos heptasílabos y un endecasílabo:

8 De la vidrïera mejor 4.7
8 en sus brazos de cristal 3.7
8 entra el sol hoy celestial 1.3.(4).7 v.e.
8 en la capilla mayor, 4.7
7 a cuyo resplandor, (2).7
7 sin que más luz espere, (3).4.6
11 Simeón fénix arde y cisne muere. 3.4.6.8.10 v.e.

Septeto de endecasílabos y un alejandrino de María Victoria Atencia (“El puerto”):

Mi tapiado armazón o seno o suerte, 3.6.8.10
mi recto cuello sobre el desnivel 2.4.10
de un agua submarina, prosigue (1).2.6.10
sin otro abatimiento/ sobre el mar y sus olas 2.6 + 3.6
en la ‘ hora  adecuada del deseo 2.6.10 
en este puerto que a la luz se abre  2.4.8.10
sin otro afán que recobrar su nácar. 2.4.8.10

Septetos en versos compuestos y versículos
No es difícil contar siete versos largos en la distribución libre de estrofas de la poesía contemporánea, cuando cada estrofa se compone de número distinto de versos, de desigual medida silábica, así son muchas de las estrofas de Aníbal Núñez en los poemas de Alzado de la ruina (1983), por ejemplo; más difícil es encontrar la estructura del septeto repetida para un poema o formada por un solo tipo de verso, como en este ejemplo de Lezama Lima, con versículos y versos compuestos:

Nuncupatoria de entrecruzados

Si acaso como príncipe rehace las impuestas escalas de la sangre,
como condotiero saborea la indiferencia de la posible
ley del remolino. Recibe la plateada lamprea
de una norma, teniendo que agujerear
la correa que lo ajusta. Viviente fatalidad que ya oye,
tener que abandonar el caballo y el doncel, los aprendidos
combatientes. Y buscar en otra vida sus juramentos y halcones.
…………………………………..

Métrica (2). Estrofas de siete versos, septillas.

Las septillas y septetos suelen organizarse como estrofas compuestas de dos simples, de cuatro + tres, y así las coplas en septillas o en variedades de la cantiga de maestría. Para ellas cabe también la distinción según el tipo de verso que acojan; pero también son importantes algunas de sus formas mixtas, como el septeto-lira con sus múltiples variedades.
En poetas actuales y del siglo xx asoman septillas y septetos ocasionalmente, sin que la forma se reitere a lo largo de un poema, como semiestrofas de poemas poliestróficos, normalmente en variedades de la lira o septetos-lira, y en secuencias endecasilábicas, como Un galardón caído de los cielos…, de Jorge Guillén, en Final; o “Espero a mi gacela” de Miguel Espinosa. También formando poema breve, como en muchos casos de José María Millares Sal, del que citamos uno de Cuadernos 2000-2009, con ese desplante final siempre del último verso parcialmente desplazado por una sangría:

2    Miras                    1
8    a lo lejos y se pierde    3.7
11   ese ruido que sentimos cómo ahora    1.3.7.(9).10
6    toca nuestras manos    1.3.5
10   y están frías por estar tan cerca   3.6.(8)
5    del precipicio    4
     que no    (2).3
4              vemos.

septillas trisilábicas
Tras el cohete, de J. Guillén, en Cántico, seis estrofas con la forma abababa:

Yo quiero
Peligros
Extremos:
Delirios
En cielos
Precisos
Y tersos.
………….

septillas hexasilábicas
Así se compuso el cuerpo estrófico de muchas serranillas, como una de las más famosas de Santillana, “La moza de Lozoyuela, con ritmo uniforme, probablemente porque se cantaba y porque el ritmo de la poesía medieval jugaba un papel tan importante como el posterior silabeo:

………..
Allá a la vegüela 2.5
a Mata el Espino, 2.5
en esse camino 2.5
que va a Loçoyuela, 2.5
de guisa la vi 2.5
que me fizo gana 3.5
la fruta temprana. 2.5
……………

Se encuentra en glosas y canciones del periodo clásico (cancionero de Rávena, 120). Véase un ejemplo moderno de Amado Nervo:

Muchachita mía, 3.5.
gloria y ufanía 1.5
de mi atardecer, 5
¡yo solo tenía (1).2.5
la santa alegría 2.5
de mi poesía 5
y de tu querer! 5

septillas heptasilábicas
Ocasionales en poesía del siglo xx y actual, como “Una elegancia” (en Final), de Jorge Guillén, y casi siempre con versos blancos.

¡Oh niña, quién tuviera (1).2.4.6
tu duro corazón 2.6
y en la sutil manera 4.6
de Benvenuto hiciera 4.6
con íntima fruición 2.6
un símbolo que fuera (1).2.6
tu propio corazón! 2.6

(Fabio Fiallo)

Son incontables jueves 1.4.6
de babel y galeras 3.6
de berrinches con sorna 3.6
de gritos en el cielo 2.6
de orden y de caos 1.6
de clisés que no llegan 3.(5).6
de asedios no oficiales 2.(4).6
………………
(Mario Benedetti)

septillas octosilábicas
Forma usual de la copla mixta (4-3), en donde la primera redondilla enlaza con la rima de alguno de los versos finales, como en muchas del CG (del Almirante, 27). Véase un ejemplo con el quinto verso quebrado, de Baltasar de Alcázar:

8 Si tan hermosa esperanza (2).4.7
8 se ha de perder aquel día 1.4.(6).7 v.e.
8 que os goce, Constanza mía, 2.5.7
8 nunca Dios quiera, Constanza, 1.3.4.7 v.e.
4 que yo vea (2.).3
8 lo que mi’ alma desea 4.7
8 con tan dañosa mudanza. (2).4.7
………………………

Y otro de octosílabos blancos en Jorge Guillén:
La fuerza bruta es tan bruta 2.4.(5).(6).7
Que pesa sobre el opreso 2.7
Con una gravitación 2.7
Que parece gravedad 3.7
De carácter –con su ética, 3.7
Y no es más que pesadumbre 2.3.7 v.e.
De brutalidad en bruto. 5.7




Métrica española (1)

Irán apareciendo paulatinamente los capítulos de Métrica española, bastante renovados, que se basan en la Métrica española que publiqué, hace unos diez años, con dos colegas. 
La orientación de esta Métrica es fundamentalmente histórica, pues es lo que sustenta mi teoría. La actualización incluirá poesía actual, como es obvio. 
Las dos primeras entradas, a modo de ensayo, se refieren a las estrofas de siete versos, en sus variedades de arte menor o septillas y de arte mayor o septetos. 
Una vez que se haya creado la serie, se volverá a recorrer el conjunto para otorgarle una enumeración coherente, que permita su consulta como conjunto.