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¿Rafael? (c. 1520, Tyssen) |
Está siendo una temporada de retratos, acrecentados por la exposición del Palacio Real de Madrid, que rodea al retrato real de Antonio López de una excelsa exposición de otros, al parecer todos procedentes del Patrimonio. He ido a visitarla por segunda vez y no he podido entrar, porque el Palacio cerraba hoy por actos oficiales; he entrado en la biblioteca en donde he podido ver unos cuantas publicaciones antiguas sobre China, para mi Catálogo de textos sobre China de los siglos XVI-XVII, que no pienso publicar, por cierto, porque tengo un ramalazo, consentido, de "no me da la gana".
Así de soleado y hermoso estaba el patio de armas del Palacio, sin turistas ni paseantes.
También se me enredó la visita a la exposición con otra visita que había hecho a la sala 5 del Tyssen, que mantiene varias galerías de retratos suficientes para no salir del museo nunca (doy el ejemplo de ¿Rafael?, quizá de un Médicis adolescente, como dice la cartela); e incluso con algunos retratos más de la exposición de la fundación Abelló (en el Palacio de Comunicaciones, ahora Ayuntamiento de Madrid, retratos de Goya, el Greco, Zurbarán...); por no hacer referencia a otras novedades (entre ellas la exposición de la fundación Carlos de Amberes), todo en Madrid, y no he querido señalar más que algunas cosas. Hay veces en las que pienso que no nos merecemos lo que atesora esta ciudad.
F. Bacon, detalle de Tres estudios para un retrato de Peter Beard, 1975 (Colección Abelló) |
El Greco, La estigmatización de san Francisco, c. 1580 (fundación Abelló) |
Picasso, Busto (fundación Abellán) |
En realidad la línea divisoria entre lo uno y lo otro estriba en algo más sutil: el pintor interpreta con casi total libertad (la del pincel, dibujo, color, etc.); el fotógrafo se mueve en un campo más estrecho. De manera que el pintor puede optar por ser realista, naturalista, impresionista, etc. al retratar, pero también puede interpretar el rostro y figura de manera harto alejada del efecto óptico inmediato. De resultas de lo cual es más interesante la pintura, cuando es buena, e infinitamente más detestable cuando es mala.
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