Los viajes largos fuera de Madrid sorprenden al viajero de vuelta con una enorme acumulación de quehaceres. Es cierto que, para lo pequeña, desordenada y escorada a la derecha que es la capital, resulta siempre atiborrada de maravillas, que se siguen produciendo por tradición, ¿desde hace cuánto? Desde las famosas "movidas", quizá. La infraestructura de salas, museos, centros culturales, ramas de la administración que pululan en la corte (municipales, comarcales, autonómicas, estatales....), intereses comerciales, etc. convierten la capital en un verdadero museo vivo. No conozco ninguna ciudad en la que se ofrezca tal cantidad de posibilidades en este sentido; otra cosa es lo que luego el público haga en ellas y con ellas; o las resultas de todo tipo (políticas, educativas, etc.)
A los que se va añadir, felizmente, uno de mis favoritos: el museo histórico de Madrid (en el metro de Tribunal), que lleva ya tres años cerrado y que es de una riqueza extraordinaria, tanto para ver como para investigar. Y todo eso sin contar salas de arte, iglesias, palacios nobiliarios, centros culturales (Casa de América, La casa Encendida, Telefónica, Conde Duque, Caixaforum, Fundación Juan March, Colección Abelló, Mapfre, Matadero, Cibeles, Ateneo, Centro Fernán Gómez....) a los que se acaba de añadir, que yo sepa, y de forma arrolladora el Centro de Arte Canal, entre otros.
El viajero, que fue durante cuarenta años profesor, tiene todavía una deuda de unas diez tesis doctorales pendientes de terminar, entre ellas la que se leerá el próximo día 22 de este mes, en la Universidad Autónoma de Madrid, de María Salgado, en codirección con Esteban Pujals: será ocasión de hablar de este extraordinario trabajo crítico, que debería cambiar la historia de la poesía española durante los cuarenta años finales del siglo que se fue (1960-2000); por el momento de su lectura final –que tanto me está enseñando– se deriva la primera selección de lugares. En el Círculo de Bellas Artes, Escritura experimental en España, 1965-1983; en la sede del Reina Sofía en el Palacio de Velázquez, Del arte Povera a 1985; en la Fundación Juan March, Depero futurista (1913-1950).... para terminar con un repaso al Reina Sofía; y seguramente se me está olvidando algo. Si tengo tiempo y espacio, concederé alguna entrada en este blog a esta y otras series.
Por el momento, saturado después de un par de días en salas, exposiciones y demás, he terminado mi primer ciclo "vanguardista" y he descansado con ágape en el Círculo de Bellas Artes, donde estaba la última de las exposiciones. La barra de "La Pecera" exhibía el colorín de sus botellas al frente de aquel salón, con olor intelectual, acróbatas dorados en las columnas, lámparas de araña y menú a 13 euros francamente bueno. La pena es que ver la exposición –yo era el único visitante– me ha costado tres euros: los valía, desde luego, pero el viajero va buscando siempre los huecos gratuitos o enseñando carnés variados –muchos falsos– de profesor, señor maduro, investigador, pobre, indigente, despistado, enamoradizo.... que en este caso no me han dado resultado.
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