


En el caso de la abrumadora bibliografía sobre Góngora, anoto el curioso proyecto que aúna a los lectores y estudiosos del poeta cordobés para reproducir las circunstancias de su obra, incluyendo al reedición de papeles, diatribas, censuras, etc. Proyecto magno y complejo, que va incluso mucho más allá de la realidad histórica: se va a editar incluso lo que era desconocido o lo que circuló escasamente, manuscrito. Habrán de tener cuidado mis colegas para que no les ocurra el sempiterno caso del mapa de Babilonia y semejantes: la realidad histórica "no se reproduce", es esfuerzo inútil y vano, antes al contrario, se recuerda en perspectiva o modelo, para extraer de ella una teoría que es la que se mueve entre unos y otros de manera racional: la función del crítico no es la de intentar recolectar tantos datos y circunstancias que aquello parezca real, pleno, sino la de saber hacerlo en la medida y perspectiva "teórica" (¡qué importante es esto!) que nos pueda servir a todos como elemento cultural que se inscribe en nuestra propia conciencia.
Una de las monografías, la de Mercedes Blanco, tiene mayor enjundia, porque pone en juego una teoría sobre "la tradición épica", que ha de ser reseñada y discutida en otro foro; aquella sobre la que incidió, por cierto, Quevedo, unos diez años después de fallecido el poeta cordobés, con un poema grotesco –una cierta contestación a culteranos– El poema de las locuras de Orlando el enamorado.
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