Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 19 de abril de 2014

El Real Jardín Botánico y la investigación en España


Cada vez que tengo la suerte de acudir y disfrutar de algo bien realizado, organizado, aclarado, expuesto, etc. pienso en quienes han trabajado para hacer posible que los demás, los restantes, puedan alcanzar a ver, saber y conocer aquello. Me ocurre cuando voy a una exposición, cuando leo un buen libro en colección o editorial adecuada, cuando acudo a un concierto, etc. Cualquier acto que luego se exhibe para que los demás lo disfrutemos suele tener detrás una tarea, por lo normal colectiva, de estudio, conocimiento y preparación. Todo aquello se suele englobar en el término "investigación", actividad que suele quedar zarandeada y lejana en el palabrerío político, pues probablemente no saben muy bien de lo que hablan, lo ven como un laboratorio lejano que no interesa demasiado para saber quién va a ganar la liga este año. A mí me apasiona también el Atlético de Madrid, sé su alineación y que Alda Turán todavía está lesionado, no sé si llegará para el Chelsea: pero ¿qué tiene que ver eso con la investigación de los botánicos, los filólogos, los médicos, los físicos, etc.? ¿Quién nos lo está queriendo hacer incompatible? Que nos dejen distribuirnos adecuadamente vicios y virtudes: yo me pierdo con dosis desiguales ante la belleza de un cuerpo haciendo gimnasia; las cistus purpureus (C. creticus x Ladnifer); un soneto de Garcilaso; el San José con el Niño de Alonso Cano; el adagio del concierto para piano de Francisco Escudero; unos jureles bien encebollados; un pase de Iniesta al hueco; el cuerpo fino, delgado y esbelto de Clara; un helado de avellana en  Siena; un viaje demorado por Borgoña, la imaginación tomada por Barbolilla.... He puesto solo la ilustración de la Cistus, para no enredar demasiado.


Me ocurre cada vez que acudo a Real Jardín Botánico de Madrid, en el que ya, por cierto, se forman colas para entrar. El orden, la limpieza, la disposición, la adecuada preparación para que el visitante vaya paseando a su ritmo y viendo árboles y plantas, leyendo o no cartelas, contemplando el conjunto o el detalle.... todo habrá tenido su fase previa, de sabe dios cuánto trabajo, cuánto tiempo, para que al final yo me detenga en los cuadrantes de las "cistus" y vea los colores de las jaras, su flor dispuesta a modo de huevo frito con clara de papel, las variantes –con su nombre científico al lado–, la familia cercana. 


El reconocimiento estriba en el placer de paseante y del espectador, pero a veces también en la íntima satisfacción de que nos dejen disfrutar del trabajo bien hecho, probablemente de un grupo de personas que saben mucho mejor que nosotros todo aquello y que han depurado su sabiduría para compartirla con nosotros. Uno experimenta satisfacción, gratitud y solidaridad, para que aquello siga siendo así, para que los políticos y otras huestes destructoras no alcancen nunca de lleno a inmiscuirse en estas tares, para que les dejen trabajar en paz.

Hace muy poco, la semana pasada, recibí una carta amenazante de la dirección de la Biblioteca Nacional de España, en la que se hablaba de "trabajar" allí, los logos y otros problemas administrativos. Y contesté a la señora que me envió el mensaje que, por favor, que nos dejara trabajar con tranquilidad. La dirección de la BNE es un cargo político y, por tanto, sumamente peligroso. Hay que dejar tranquilos y animarles y ayudarles en su trabajo a todos los que al prestarnos su esfuerzo y sabiduría nos permiten enriquecer nuestra vida.



El RJB, para quien lo ve desde fuera, es un modelo de investigación y entrega, con el resultado que el paseante bien sabe apreciar. A la entrada (¡la más modesta de todos los jardines botánicos que he visitado, que son muchos!), se nos entrega una revista (¡gratuita!), que incluye plano y noticias. Se ubica desde hace más de trescientos años en el mismísimo centro de Madrid.... ¡lo que hubiera hecho un político corrupto con ese solar! Ojalá siga siendo un lugar privilegiado para los madrileños y para los que visitan la capital.

Esta vez las ilustraciones florales –tomadas hoy por la mañana– son de jaras, las que impregnan de buen olor la sierra de Madrid.



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