Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 14 de julio de 2013

Santa María de los Buenos Aires

Santa María de los Buenos Aires (1536) es una ciudad que no extrañará demasiado a los españoles –a los madrileños– y viceversa, más que por detalles, extrañezas y sensaciones. Siempre recordaré que era el comentario que me hacía el profesor Isaías Lerner –bonaerense– cuando paseábamos por la calle Narváez (en Madrid). Cierto que Madrid tiene más enjundia artística e histórica, por su vejez; pero Buenos Aires también supera a Madrid en algo inalcanzable: la calidad de su gente.
Sante Fe 1234
Un modo de llegar a la ciudad cuando se está tocado por el virus de la literatura podría ser releer Adán Buenosayres (1948) de Leopoldo Marechal, aunque la odisea de su protagonista tiene muchas partes envejecidas en ese sentido. Otro modo más actual, pero en la misma línea, bien podría ser el de perderse en una calle de librerías y recorrer los anaqueles de novedades de todo tipo (historia, arte, novela, poesía, cocina, política....), lo que se puede abreviar –si no se tiene todo el tiempo del mundo– haciendo el mismo recorrido en ese monumento a las librerías que es El Ateneo, en la calle Santa Fe. 



Sé que las posibilidades son muchas más, desde luego: la más anodina, por ejemplo y la más usual, superar un jet-lack, pasando una tarde haciendo zaping por los 70 canales de una TV: anuncios, programas, noticias y demás conformarán el conocimiento ocasional del advenedizo.

Este peregrino ha optado por realizar algún esfuerzo mayor, particularmente porque el mayor tesoro de esta ciudad monumental son –como dije– los argentinos, y se ha echado a la calle a verlos, hablarlos y tomar nota, con el pretexto de visitar el Museo Nacional de Bellas Artes, comprarse un cepillo de dientes, elegir entre Clarín y La Nación y recorrer el mercado artesanal de los sábados en la plaza Alvear. El mercado era una delicia: frente a los mercados europeos, dominados por la ropa, el de Buenos Aires está de verdad dominado por el ingenio de los artesanos, con sus puestecitos de bisutería, cueros, calzados, bombillas, cerámicas, etc. 


Y eso es lo que he hecho, lentamente, para terminar tomando una soberbia pasta –a mí no me suele gustar la pasta– en "Santa Fe 1234"; y acabar en la librería del Ateneo, de la misma calle.

He terminado la jornada –de invierno suave y soleado– en la gran librería, en donde siguen mandando  Pizarnik,  Cortázar (leyendas suyas había en las servilletas de una cafetería), Juan Gelman, Belli, Sábato.... No he visto a Oliverio Girondo. Hay una especie de multinacional de la cultura; y luego aquí como en otros países, un montoncito de libros desconocidos, que necesitan de guía. Ya lo veremos.
Al salir, el sol se ponía detrás de la iglesia –blanca– del Pilar y bajaba por la calle Alvear alargando sombras. Las cafeterías en las esquinas –el chaflán– de muchos barrios tenían gente también sentada en las terrazas. 
Bien sé que eso era el centro, comercial y burgués, de la gran urbe, que en muchos casos se adivina sórdida y marginal, como todas las grandes capitales. 
He venido a trabajar un poco, a una reunión de colegas de la AIH (Asociación Internacional de Hispanistas), lo que me permitirá otras muchas cosas, como pasar un par de días en la Biblioteca Nacional y buscar libros viejos. Para mis colegas, hablaré sobre el taller poético de Antonio Machado y mantendré un diálogo con el director Eduardo Chapero Jackson sobre la película Los mundos sutiles, sobre AM, que invito a disfrutar en este enlace:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-antonio-machado-mundos-sutiles/1597035/

Lo del taller es algo que he ido desgranando en este blog a propósito de la batalla de los alejandrinos; y que me ha vuelto a recordar el cuadro de  Eduardo Sívori (1847-1918) "En el taller", del Museo de Bellas Artes, que cierra esta noticia. Ah, y hoy he comprado Clarín; mañana, La Nación.




6 comentarios:

  1. ¡Bienvenido! =)
    (ojo que Isaías era "porteño", es decir nacido en la Ciudad de Buenos Aires, no "bonaerense" que son los de la Provincia de Buenos Aires; ya irás aprendiendo las diferencias en estos días)

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    1. Lo corregiré, gracias, Julia. Existe en efecto todo un diccionario de matices cuyo uso correcto solo se adquirirá con tiempo.

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  2. Nunca he ido a Buenos Aires pero algún día lo haré. ¿Podría investigar un día la confitería Vasalissa y nos cuenta qué tal es?. A ver si es tan preciosa y exquisita como aparece en la red; y hay local en Belgrano y Recoleta. Que disfrute mucho y se agote por esa gran ciudad.

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    1. Me dijeron ya hace años que cuidara el azúcar; en uno de los muchos descuidos de mi alerta sanitaria volveré a esa confitería, solo que no podré "tomar" muestras de muchos productos. anónimo.

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  3. Ah, la confiteria! Mi amiga Leda me ha prometido una buena merienda alli.
    Anonimo, es usted mi anonimo? si no lo es perdone la impertinencia.

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    1. Sí, nos conocemos ya de ¡hace años! en este cuaderno del señor poeta-profesor-reportero-herborista, ¿verdad, Doña Estrella-Chiqui?.
      Fortuna grande el que su amiga la lleve allí. Esperemos entonces su crónica; tampoco hace falta probar los productos, sólo ver lo bonitos que son. Una sugerencia: se puede regalar una pequeña muestra a alguien que se aprecie y casi saben mejor que si los toma uno mismo. Todo esto me lo imagino porque no sé ni cómo será en realidad la confitería pero me gustaría mucho asomarme aunque sea a distancia.

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