Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 30 de mayo de 2013

Los olivos de Palma de Mallorca

plaza del olivar
El investigador ha hecho una escapada rápida a Palma de Mallorca, para gastar tres días libres hurgando en la biblioteca de Bartolomé March, en donde para la vieja biblioteca del Duque de Gor, que vio muy por encima cuando estaba en Granada, pues en ella trabajaba ocasionalmente Emilio Orozco. Dedicaré un post a tan importante fondo. En los intervalos, idas y vueltas –la biblioteca solo abre media jornada– me he ido a mirarle los ojos azules al mar, bajando desde la plaza de Santa Eulalia, por la calle Miramar; y me he vuelto a enamorar de la ciudad antigua, la de las callejuelas con patios y palacios, rincones con palmeras y plátanos, fachadas ocres con miradores de madera y tiendas –¡todavía!– artesanas que compiten en desventaja con todas las multinacionales del universo. Aquí y allá he tomado algunas fotos, he entrado algunas tiendas, he comprado ropa diseñada en Menorca y he escuchado el acento algo arriesgado de la gente. La mezcla humana de la capital es cada vez mayor; pero no se va el olor a mar.

taller de tartas
Olivos en las calles de Mallorca,
plaza del olivar, y más olivos,
taller de tartas, árboles, palmeras,
miradores, fachadas ocres, vidrios;

alrededor de santa Eulalia surgen
en las calles antiguas viejos libros;
can Savella, carrer de Miramar,
y para enamorar cuarenta vinos.

Las callejuelas del atardecer
se van al mar, mi amor, me voy contigo,
allí nos quedaremos a decirte
que aunque lejos estás nunca te olvido,

a soñar qué será cuando se vuelvan
a cerrar junto a mí tus ojos chinos.



vinos para enamorados
iglesia de San Miguel
Mirando al mar he descansado un rato, sin atreverme a descender hasta la playa, pero respirando la humedad fresca de la tarde. Con el viejo ordenador, en un banco, he transcrito un simpático soneto de Luis Ulloa Pereira, contemporáneo de Quevedo, que había leído en la biblioteca por la mañana y que había guardado en el Mac. Ulloa –retirado en Toro o en León– había leído sin duda las Rimas de Tomé de Burguillos (1632), de Lope; pero en tanto el poeta madrileño quedaba desengañado en Madrid, don Luis ejercía el apartamiento provinciano de verdad. Transcribiremos el soneto en el próximo post, con otra serie de miradas fotográficas a Palma.



patios
Calle Miramar
La catedral (la eso)

El olivo de la plaza del Ayuntamiento










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