Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 7 de marzo de 2012

Del AHN a la Úrsula, con Arias Montano al fondo



Haré post doble, porque hoy he ido a cumplir la mañana en busca de los muchos caballeros de Santiago que vistieron el correspondiente lagarto rojo en el pecho en la tribu de los villamediana y me he encontrado, primero, con una de esas mañanas espectaculares de Madrid –eso sí, muy seco todo–, de sol y frío, que me ha animado a andar, andar y andar y a recuperar espacios antiguos que hace tiempo que no visitaba despacio, desde el museo Lázaro Galdiano a la nueva embajada del Japón, la esquina de la Fundación Pastor –donde se alojaba mi buen amigo y colega, John Varey, cuando vivía en Hamstead, donde me alojaba a mí cuando iba al Westfield College–, las calles limpias, de casas preciosas de comienzos del siglo XX del Barrio de Salamanca, con los prunos floreados ya en el jardín del hospital de la Milagrosa.... Y al final, al salir del archivo, he ido buscado una vieja taberna, La Úrsula, en donde todavía se come a la madrileña, barato y bien, sin que hayan podido con ella los restaurantes de lujo, desde un Mamma Mía  enfrente y otros italianos –invasores donde los haya– hasta Jose Luis, Las cuatro jotas, etc. es decir, los que son de rango ejecutivo superior. La Úrsula, lleno.

Antes de las verduras rehogadas, y es lo que quería contar, de verdad, la búsqueda en el Archivo Histórico Nacional me ha desanimado: la historia de España es demasiado rica, densa, larga.... casi ya no podemos hacer memoria de ella, y desde luego no parece que nadie se esté preocupando por el arrinconamiento paulatino de todo ese tesoro, muchas veces en legajos, pergaminos, documentos antiguos que cada vez se alejan más de los intereses sociales o sabe dios qué. Supongo y me dicen que los presupuestos han ido decreciendo, las plazas de archiveros amortiguándose y los documentos envejeciendo. No produce ningún bien inmediato, tangible, mercantil el conocimiento que yo haya podido obtener de las calas que he estado haciendo, a saber, completar el corpus documental del Conde de Villamediana, husmear algún documento perdido de Diego Hurtado de Mendoza y cuadrar la viñeta histórica de San Pedro el Viejo, que será el próximo panorama histórico que voy a sacar en el blog sobre el Madrid Histórico, después del fin de semana, cuando espero poder visitar la iglesia y los andurriales nuevamente, con dos alumnos. San Pedro el Viejo –ya explicaremos por qué es "el Viejo"– ha generado, como todos los conventos e iglesias de Madrid, una rica documentación, a la que solo podré aludir, al paso. 
Lo que querría señalar, ademas de este despliegue de perplejidades, por lo inabarcable de los asuntos, es que, para mayor regalo, cuando estaba con documentos de Bérgamo, Bruselas y Amberes, perdido con los hábitos de Santiago de los Villamediana, me han asaltado más treinta páginas autógrafas de la letra limpia, cuidada, inconfundible, de Arias Montano. También tendré que decirlo –yo creo que no se sabe, aunque vaya Vd. a saber, en todo caso es fuente original y, por tanto, está bien subrayarlo y darlo a conocer.
Y aún tengo que publicar los documentos de fray Luis de León.
Los grandes pinos delante del AHN, en el patio del CSIC, siguen siendo su mejor escultura; pero ya he visto botones en los liquidámbares.
Poco a poco y a lo que se llegue.



2 comentarios:

  1. Que luz mas nitida! No puede hacer tanto frio, Pablo. Boston nos ha regalado hoy un dia primaveral...

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  2. Pero ¿hay algo más enriquecedor que conocer nuestra propia historia? Yo agradezco el trabajo que hace y que nos haga partícipes de él en este blog.
    ¡Ojalá que haya más estudiosos interesados en investigar y que todos esos documentos y pergaminos no acaben destruidos o en el olvido, de lo contrario acabaremos siendo marionetas que no saben ni de dónde vienen ni a dónde van.

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