Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 25 de octubre de 2010

perro con mujer

y toda tu ternura para un perro,
al fin y al cabo con quien vives y hablas,
con quien te acercas un momento al súper,
con quien comentas series de la tele,


quien se acuesta muy cerca cuando duermes;
ni te insultó jamás, ni te amenaza
si algún día el espejo te entretiene
para enseñarte todas las arrugas,


los surcos que trazó el lento abandono
de ilusiones, de sueños, de esperanzas
que guardabas con tanto celo y que ahora


entregas cada día con cariño
a tu fiel compañero de paseos,
al que mejor te conoce, mujer.

"Se fue el día. Una noche más el ritmo...."

Se fue el día. Una noche más el ritmo
del tiempo que se impone impunemente
nos borra y se aprovecha del cansancio,
de la necesidad simple de ser.

Tendremos que cumplir las ceremonias
que jamás aparecen en los versos
y olvidarnos de aquel fugaz destello
que a media tarde nos sobrecogió

y atravesó belleza y armonía,
para ponernos el pijama, para
el agua, el libro y el despertador,

para cerrar los ojos fatigados
y desechar una vez más la lucha,
el impulso de ser lo que no somos.

domingo, 24 de octubre de 2010

Manuscritos y avance de la investigación

Acabamos de poner en circulación una revista filológica –manuscrt.cao– cuya base fundamental se refiere a manuscritos. Véase en http://www.edobne.com/manuscrtcao/Quizá haría falta justificar de modo amplio y ejemplificado la razón de esta perspectiva, no siempre aceptada como necesaria o fecunda para el mejor conocimiento de nuestra historia cultural. Esperamos, poco a poco, devolver a los manuscritos la importancia que realmente tienen en la investigación filológica. En ese sentido y casi de manera anecdótica traigo a colación un caso ejemplar, referido a uno de los grandes escritores de nuestro periodo clásico: el Conde de Villamediana. 
Muchos problemas encontré para que algún especialista me redactara la entrada correspondiente a don Juan de Tasis, conde de Villamediana, en el Diccionario Filológico de Literatura Española (los dos vols. del siglo XVII saldrán publicados antes de Navidad); finalmente, después de varias gestiones y muchos problemas, nosotros asumimos la redacción de esa entrada, en la que nos limitamos a exponer con cierto orden lo que se conocía. Con ese motivo me plantée la recensión de sus manuscritos, y a partir de sus manuscritos, la posible identificación de sus autógrafos, como las muestras más preciadas de los testimonios. Entre varias otras gestiones –en Italia, en Madrid, en Barcelona...– obtuve lo que deseaba en mi visita a la biblioteca del Palacio Real, gentilmente atendido por Luisa López Vidriero. La digitalización de la correspondencia del conde de Gondomar me suministró varios ejemplos de autógrafos y me permititó identificar su letra; con ese bagaje volví a recorrer varias series de manuscritos, den este caso de la BNE... y encontré, en efecto, manuscritos autógrafos del Conde, que nadie había identificado como tales, pero cuya letra –clara, limpia, incluso artística, rematada por una firma y rúbrica inconfundible– era la suya y corroboraba lo que el texto decía. Y de ahí en adelante.
Reproduzco una muestra de autógrafo de Villamediana, para modelo en adelante:




El III Duque de Osuna y un retrato de Guido Reni


Hay una decena de lugares –quizá más– cuyo trasfondo histórico no he podido dilucidar en la poesía de Quevedo. Uno de ellos es el del soneto dedicado a un retrato que le hizo Guido Boloñés, y que dice así:


A UN RETRATO DE DON PEDRO GIRÓN, DUQUE DE OSUNA, 
QUE HIZO GUIDO BOLOÑÉS, ARMADO, Y GRABADAS DE ORO LAS ARMAS

  Vulcano las forjó, tocolas Midas,
armas en que otra vez a Marte encierra,
rígidas con el precio de la sierra
y en el rubio metal descoloridas.
  Al Ademán siguieron las heridas
cuando su brazo estremeció la tierra;
no las prestó el pincel, diolas la guerra;
Flandres las vio sangrientas, y temidas.
  Por lo que tienen del Girón de Osuna
saben ser apacibles los horrores
y en ellas es carmín la tracia luna.
  Fulminan sus semblantes vencedores;
asistió al arte en Guido la Fortuna
y el lienzo es belicoso en los colores.


 [La edición es paleográfica, a partir de Parnaso, 1948]

Los viejos editores nada comentaban sobre ese retrato y yo tampoco lo identifiqué en la antología anotada de Espasa-Calpe (Col. Austral), aunque luego apareció una noticia correcta en la antología de Lía Schwartz-Arellano; pero en ningún caso se llegó a dar con el paradero del cuadro; de manera que he vuelto a recorrer el camino en una doble dirección: por un lado, buscar en los catálogos de un pintor así llamado, que naturalmente es Guido Reni; por el otro, localizar los retratos del III Duque de Osuna, sobre todo los que se hubieran podido realizar durante su virreinato napolitano. Y he terminado parte de la investigación, aprovechando mi reciente viaje a Palermo, lo que incluye haberme servido de la información que me ha suministrado Paco Ledesma, el eficiente archivero del ayuntamiento de Osuna, que además de corroborarme que en Osuna no queda nada que recuerde la efigie del III duque de Osuna, me ha hecho llegar el precioso volumen sobre el archivo de Osuna (ilustración).

No puedo suministrar ahora todo el aparato erudito que he atravesado para llegar a esta nota, pues resultaría insoportable; pero sí que puedo allanar el camino a quien pueda dar la noticia y salto final, poniendo en claro que: 

Es indudable que existió el cuadro, desde luego, y que aparece mencionado en todos los catálogos de Guido Reni y en los panoramas de la pintura boloñesa e italiana del seiscientos, particularmente en artículos, trabajos y recensiones de A. Pérez Sánchez; (reproduzco alguna de sus pesquisas), pero nunca se dice inequívocamente que se haya localizado o inventariado el cuadro, aunque en algún caso se hacen referencias vagas como si el cuadro estuviera... en el Prado.

La otra posibilidad es que se hubiera quemado o destruido en cualquiera de los incendios que asolaron el Palacio del virrey en Nápoles, para lo cual haría falta proseguir con investigación local –en Nápoles– que reseñara los daños sufridos por aquel palacio. No creo, sin embargo, que Osuna se dejara su retrato allí. ¿O lo dejó como huella de su paso? También ese dato necesita aclararse con investigación local, que no he podido alcanzar, y para la que solicitaré ayuda. En mayo de 1896 se vendieron los bienes del más casquivano de todos los Osunas y en el “Catálogo de la venta de cuadros y objetos artísticos de la Casa de Osuna”, como se sabe, se relacionan varios cuadros (de lo que hablaremos Mercedes Sánchez y yo en otra ocasión); pero no el que buscaba. Véase Narciso Sentenach, “Catálogo...” y “La galería de la Casa de Osuna” en La ilustración Española y Americana”, 30 de junio de 1896, nº XXIV. Hay que buscar un cuadro "belicoso en los colores"; los ejemplos que ilustran esta entrada, de Reni, muestran hasta qué grado eso pudo ser cierto.






Y es que la cara, el rostro, la efigie de don Pedro Girón se nos ha ido por las tuberías del tiempo, hasta el punto de que se le recuerda por la medalla acuñada en Nápoles (1618), motivo incluso del póster reciente, el del Congreso de Nápoles (octubre, 2010), y cubierta de la buena monografía –a pesar del pésimo prólogo de Antonio Feros– de Luis M. Linde, Don Pedro Girón, duque de Osuna. La hegemonia española en Europa a comienzos del siglo XVII  (Madrid: Ediciones Encuentro, 2005). Véase:

http://books.google.es/books?id=hXfk03V5e3UC&printsec=frontcover&dq=Luis+M.+Linde&source=bl&ots=imSksluK6q&sig=Wc3CfVbIy314zJqB4-ZX2cweJUY&hl=es&ei=4ibETIv8D47KjAfwp-C5BQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=5&ved=0CCwQ6AEwBA#v=onepage&q&f=false

Ese perfil creo que es el mismo que pude ver –gracias a Pilar Picavea– en la sala Goya de la BNE, particularmente el grabado de Antonio Porriño en su espléndido Teatro eroico e político.... (Nápoles, 1692), y en uno de los dibujos de Cordedera (signatura 15/27/17).., en ambos casos, a mi modo de ver, derivados claramente de la moneda, cuyo perfil y rasgos generales aceptan.... unos setenta años más tarde.

Lamento no poder todavía reproducir esas imágenes (trámites y plazos son más largos en la BNE). Queda además por cuadrar con todo ello la estatua que se abre en las cuatro esquinas de Palermo, a la que se abre la vía principal (véase fotografías) y que nunca  que yo recuerde, se ha utilizado para recordar al duque. Y queda por hacer una visita guiada a las "cavas" del Prado, en donde a lo mejor duerme el retrato.

El curioso lector encontrará en otras entradas de este blog muchas más inquisiciones sobre el auténtico retrato del III Duque de Osuna.

La nueva rebusca, en fin, en la que en varios momentos me ha ayudado  –a pesar de ser una gongorista– Enrica Cancelliere, me ha llevado a plantear otra vez la calidad y origen del busto de terracota de la BNE, que será objeto de un trabajo menos noticiero y más cumplido que daremos a conocer Mercedes Sánchez y yo, y para el que hemos contado con la ayuda y orientación de Concha Huidobro. En este último caso el itinerario de la investigación prácticamente se ha cumplido y redondeado.






sábado, 23 de octubre de 2010

Literatura, pornografía y erotismo (V y final). Literatura, subjetividad y evidencia


Casi se definen los conceptos por la sucesión de imágenes del cuaderno. La primera se obtuvo de una revista de poesía actual  (Revista de Literatura Mexicana Contemporánea; el poema es de Víctor Toledo). La segunda serie procede del archivo del corazón de quien escribe. La tercera serie es la más perturbadora, desde luego, universalmente, y no necesita más que el esfuerzo –pertenece al campo de las zonas socialmente prohibidas. Puede que sea un ejercicio de liberación y una proclama recogerlas y exponerlas.



Erotismo, literatura, pornografía (IV)

Si hemos estabilizado y consentido que se estabilice la relación entre esos conceptos (en este cuaderno de pantalla se ha avanzado, en tres ocasiones, sobre ello) y  otorgamos al erotismo la condición de dependiente de la experiencia, observación, imaginación, etc. del espectador, podremos adjudicar a la Literatura una doble calidad, positiva y negativa al mismo tiempo.
Positivo porque la literatura difícilmente podrá ser "pornográfica", ese intento la degrada en burda, mala o desechable: no puede "no dejar" nada sin exponer, se lo niega su  soporte lingüístico; negativo, porque actúa en precario frente a las artes más explícitas, que tanto no necesitan de la imaginación del espectador y se acercan mucho más a la realidad o a su presentación mucho más completa, en el sentido de menos intelectual.

Y así es, en efecto, el tamiz o el filtro del lenguaje impone una travesía mental, muchas veces con necesidad de anclajes culturales e intelectuales, que juega papel muy peculiar en el logro del efecto erótico, que ha de soportar esa elevación a la condición humana pensante.

El camino y las lucubraciones que a ello se siguen son muy interesantes. Pero por ahora lo dejamos aquí, no sin avisar de que, como en alguna de las viñetas anteriores de esta serie, las ilustraciones no son mías (las he robado de un paseo por la red, como siempre lleno de sorpresas).
La presunta crudeza de la literatura –digamos, de la poesía, de la que va el ejemplo– llega siempre a la mente del lector en alas de las palabras, y luego juega una partida, o no, en la cabeza del espectador.



Mete en la boca lo más que se pueda,
recuerda el pirulí y los helados,
nada te tragues, mas chúpalo todo,
si te da por morder, ve con cuidado.


No debes ir demasiado deprisa;
nadie debe saber que te has cansado,
si ocurriera, ternura y lentitud...;
vuelve de nuevo donde lo has dejado.


Verás que lleva la cosa su ritmo
y que a veces parece terminado;
aplícate si así ves que acontece:


si el temblor llega y los ojos cerrados,
si dice tonterías insufribles...
Y no te vayas, aunque esté acabado.


"Sí" y "no" en política. Hastío y degradación

El lenguaje político en nuestro país se está convirtiendo definitivamente en un producto lingüísticamente extraño y éticamente inmundo. Son tantos los síntomas de su corrupción que habría de estudiarse continuamente como un engendro peculiar que ha conseguido desnaturalizar su función comunicativa, al menos la comunicativa, la primordial. Solo aludiré a un par de casos de signo contrario, que derivan o se pueden exponer a partir de la pregunta formularia, enquistada:
–"Conteste usted sí o no".
A quien nos viene con esa pregunta –y la hacen jueces, policías, profesores...–no se le debería contestar nunca "sí" o "no", desde luego; nadie debería de verse obligado a responder en el estrecho y contradicho margen de esas dos posibilidades con que le acorrala el inquisidor. Quien así pregunta tiene o que demostrar que esas son las únicas contestaciones posibles; o, lo que viene a ser casi igual, que el contexto del diálogo tiene un campo de referencia tan nítido que el "sí" y el "no" son  las únicas respuestas sensatas; y cuando se ofrece está segunda opción, el interlocutor que inquiere ya está acotando y presumiendo respuestas, es decir, ya está acorralando verbalmente a quien pregunta. De manera que ni siquiera en la serie siguiente, aparentemente la de preguntas más cerradas, habrían de plantearse así, sin dejar la opción de otra respuesta:
– "¿Su abuelo se llamaba Juan? Conteste sí o no."  [No sé quiénes fueron mis abuelos, no puedo contestar en esos términos].
– "¿Ha estado usted en Italia, sí o no"? [Nací allí, pero mi madre se traslado a los pocos días y no he vuelto a ir].
– "¿Le gustan las patatas, sí o no?"  [solo me gustan las patatas fritas, pero no las cocidas ni las guisadas; no hay modo de conciliar esa realidad con la actuación verbal solicitada.]
Etc.

Al otro extremo de tan curiosa exigencia de respuesta verbal prefabricada e inmediata nos encontramos con esa otra actitud del lenguaje, fundamentalmente el político, que navega por el limbo de la expresión indefinida, lejana y crítica. De manera que si se le pregunta al político que de qué color son sus calzoncillos, el interfecto, admitida a trámite la pregunta, se despacha con un arco verbal del que nunca desciende y que puede desarrollarse de la siguiente manera:
– "¿Y de qué color lleva su señoría los calzoncillos?"
– "Nosotros, cuando nos planteamos que era realmente lo que habría que desarrollar para que el índice de paro descendiera, iniciamos una serie de actuaciones que exigían el sacrificio de todos los españoles durante la legislatura, de manera que íbamos a actuar de modo sensato cambiando aquellos elementos del proceso de reconversión que, indudablemente, afectaban al color de sus calzoncillos, de manera que las grandes fábricas de ropa interior..." Más etcéteras.
En otras palabras, no hay modo de mantener un dialogo razonable cuando la conversación se desvía hacia la esfera política, en donde la moneda corriente consiste en hurtar la información veraz, o disfrazándola, o huyendo de su exposición sencilla o presentándola siempre desde una perspectiva crítica negativa, opción que han elegido los partidos y sus voceros y que ha condenado a la gente común, sencillamente, al castigo de no saber nunca cuál es la verdad a partir de lo que un político cuenta. Es inútil que escuchemos un debate parlamentario, que leamos la crónica política de un periódico o que intentemos calibrar el alcance de las actuaciones de quienes pululan en esos lugares y se han apoderado de los medios de comunicación... Nos hemos aprendido perfectamente la lección: todo lo que diga, haga, cambie, acometa, etc. el rival político ha de ser comentado críticamente –la portavoz del PP en el Congreso es el mejor ejemplo de esa poderosa maquinaria verbal que todo lo destruye. Y todo lo que han dicho, dicen o van a decir nos lo sabemos de memoria. No hace falta escucharlo, no nos interesa. Y el mal se ha ido contagiando a prensa, radio, TV, etc. hasta el punto de que no nos hace falta leer lo que cada día escupen. Mas bien lo que conviene es guarecerse.