Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 25 de marzo de 2015

Bronces, sedas, tes, caligrafías....

El sol se ponía en la calle "Gaoyin" cuando yo terminaba una larga jornada husmeando en tiendas, museos, calles de Hangzhou.


El viejo arte europeo se disuelve en la marea oriental, en la que sin embargo es obsesiva la imitación de la modernidad técnica y seudo cultural que viene sobre todo de Estados Unidos y de países de habla inglesa: cantantes callejeros de rock, modas juveniles, coches, la imposición de los viejos hábitos de las clases acomodadas: aunque no todo ha llegado a todos lados y, además, yo conozco solo ciudades, y del este, y pocas. En algún momento la cultura china urbana se replegará sobre ella misma y buscará raíces en su propia identidad y no en la ajena, cuyo poder económico y comunicador ha subyugado a todas las clases y gentes. Quizá yo mismo haya buscado algo de eso cuando he intentado adentrarme en la historia de la ciudad –de la ciudad en la que ahora estoy– y de este país –a través de los relatos lejanos que llegaban a Europa hace cuatrocientos años–, porque he visto, con placer, desde luego, que se han recuperado casas, calles, hasta algún barrio, incluso con lápidas conmemorativas –de elegante diseño, por cierto, como se verá por los ejemplos. 


Voy a vivir un tiempo en algunas ciudades distintas de los alrededores. Al margen de ese barrio y de lo que la naturaleza ha regalado a Hangzhou, la ciudad nueva es de una modernidad apabullante, aunque no alcance el grado casi sublime de Qingdao, en la costa. Con esa actitud he visitado el museo municipal, el museo de la farmacia tradicional, la tienda museo de forjados metálicos, los santuarios del té y de la seda.... que de todo eso tiene fama Huangzhou y no de todo puedo dar razón, máxime cuando ya este blog se encarrila a su cumpleaños final, con el mes de marzo. Me iré a un nuevo blog anónimo, para castigo de mi vanidad.


Todo un símbolo de los nuevos tiempos es una de las fotografías de esta entrada: la de los dos jóvenes, sentados a la entrada de uno de los edificios de museo, con un remolino de carpas a sus pies en el estanque, pero incapaces de ver más allá de su teléfono, cuyo arte dominan: historia, naturaleza y vida reducidos a un artilugio moderno, muy funcional y de indudable capacidad de atracción. 

El museo central tiene tres plantas y se distribuye en varios pabellones que salpican los alrededores del lago y la "colina solitaria" (así se llama). En el edificio central se exhiben restos arqueológicos, cerámicas, porcelanas y objetos lacados, todo expuesto con exquisito primor y, en casos, delatando un importante tarea detrás, por ejemplo en las excavaciones y recuperación del patrimonio arqueológico. En otros pabellones cercanos he visto exposiciones ocasionales de pintura, juegos de propaganda del propio museo, etc. He entrado en una sala en la que se exhiben manuscritos, por vicio mío inmemorial, para envidiar la caligrafía oriental, al borde mismo de la pintura, cuando no lo es de verdad. 
Por cierto, unas veces va "pavellones" y otras con la b oficial de burro; la verdad es que calza mejor la v.





he bing ren rong yi zhan (exposición del arte del forjado)

Además de en este museo, que me ha llevado una mañana preciosa, pues cada vez que salía hablaba con el lago y miraba a los barqueros, he visitado otros, entre ellos, el que más me ha interesado, la casa taller de bronces y forjados metálicos en la parte vieja de la ciudad –recuperada con bastante dignidad–, que en armonía con el resto de estos lugares derrocha todo: son metálicas las escaleras, los techos, las puertas, no sé si hasta los empleados.... 


No le ha quedado animal o planta que forjar, y la imaginación se ha desbordado hacia muchos campos –hasta se ha imaginado a Gabilondo, como saben los lectores de este blog–, en simbiosis que conjuga a Picasso con la guerra de las galaxias. En muchos casos el resultado acierta con la estilización perfecta; en otros se va a la grandielocuencia –tronos, pedestales, escenas colectivas...–; o desciende desde la grandiosidad (una sala de bonsais metálicos; otra para un campo de trigo que germina...) a la mínima expresión de un detalle, un adorno, casi nada, que es lo que a mí me ha parecido más interesante. Dejo a continuación foto del campo de trigo:


La muestra que doy resulta pobre para la exageración del artista quien, como en otros casos, es autor también de fachadas, puertas de edificios, cúpulas, antenas colectivas, alminares de todo tipo, etc. es decir, colabora con arquitectos y urbanistas.

Lápida urbana, muy reciente

La exposición, situada en la parte vieja de la ciudad, no aparece en guías ni similares, lo mismo que buena parte de la restauración, pues he visto lápidas e inauguraciones que llevan la fecha del 2014, demasiado pronto para que se describan los encantos de la nueva cara de Hangzhou.



De todo eso hablaré, sin embargo, pues antes de viajar a otras ciudades, tengo que recorrer todavía un par da barrios ("distritos" traducen aquí), hasta los andurriales, sobre todo para degustar la parte vieja reconstruida, que llega hasta el mismo lago del oeste. Y también tengo que entregar un día a las barcas y a los barqueros, para descansar en la colina solitaria, quizá dejando que el atardecer me conmueva; luego, cansado, como todo los días prácticamente, buscaré un buen masaje para antes de dormir. Ayer, por ejemplo, en una casa de masajes "japonesa" (tendría que contarlo más despacio), una dama se ocupó de mis pies durante media hora.... Parece que hoy ando más ligero.
Termino con otra imagen distinta de la ciudad, recorrida por ríos y canales:



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