Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 5 de abril de 2011

Madrid histórico. El convento de la Victoria


Era un convento importante en el Madrid de los Austrias; los monjes –mínimos de san Francisco de Paula– conservaron riqueza y predicamento durante todo el siglo XVI y el siglo XVII, como muestra la gran cantidad de bienes, juros, censos, tierras, etc. que se documentan hoy todavía, de las que hay un rastro notable en una colección de manuscritos de Gayangos en la BNE. Con ellos conectó Quevedo en varias ocasiones, sobre todo porque la hermana encargaba en su testamento que se fundara en ese convento una  capellanía, y Quevedo dedicó a la fundación rentas de la Torre, y porque conoció y trató a fray Lucas Montoya, que tuvo mucho prestigio y ya, muy joven, predicó a la muerte de Felipe II, y luego frecuentó los ambientes intelectuales. Quevedo le dedicó el Heráclito Cristiano, entre otras cosas. Montoya escribió, además, una Crónica general de la orden de los mínimos...(1619). He contado estas cosas en una vieja monografía sobre Quevedo. 
La otra es historia, la de Madrid, es bien conocida: cuando las diversas órdenes religiosas se lanzan al asalto de la capital (1561), agustinos, franciscanos, dominicos.... pugnan por los mejores lugares y los mejores protectores, enfrentándose además unos a otros. Los mínimos tuvieron desde el comienzo la protección de la reina Isabel y, por tanto, se hicieron hueco frente a los dominicos y los agustinos, que también tuvieron que pelear para que San Felipe el Real pudiera edificarse. 
En realidad Francisco de Paula (santo desde 1511) había gozado siempre de una especial protección de los monarcas franceses. Isabel de Valois, la reina francesa se trajo la devoción y, entre sus reliquias,  una imagen de una Virgen de la Soledad y, poco después, le pidió a Gaspar Becerra que tallara una imagen a partir de l a pintura. La leyenda cuenta –es un tópico, también diremos algo semejante a propósito del Cristo de los siete Reviernes que estaba en los agustinos Recoletos y hoy para en la parroquia de San José– que el escultor falló varias veces en el intento, que quemaba los proyectos, que se le apareció la Virgen.... Al cabo, hubo imagen y se extendió de modo tal su culto que hubo repiques de la Virgen de la Soledad en todo el mundo. La imagen se popularizó, definitivamente, por las procesiones de Semana Santa: raro es el lugar  de la Península e Hispanoamérica donde no se venere a la Soledad, cuyos milagros se cuentan innumerables. Cuando llegó la desamortización la iglesia y convento, que eran grandotes y destartalados, fueron de los primeros condenados a la piqueta. La imagen de la Virgen se trasladó a la Colegiata de San Isidro, y salía de allí para cerrar las procesiones del vierne santo. Todavía he podido cazar una fotografía de 1905, pues en 1936 se quemó. Los periódicos católicos de la época ejemplificaron con su destrucción la perversión de los nuevos tiempos y en los archivos de la Academia de San Fernando se encuentran comentarios, por ejemplo del 9 de abril de 1936, sobre los avatares de la demolición que los "santos de piedra de la fachada" no se podían bajar.

Retablo de G. Becerra (Astorga)
Levantado en lo que hoy es la calle de Espoz y Mina, estaba esquina a la calle de la Vitoria, la primera a la derecha cuando se iba desde la puerta del Sol por los Jerónimos. En el solar que ocupaban la confluencia de las C/ Victoria con la del Pozo y la C/ de San Jerónimo estuvo luego la famosa cafetería La Fontana de Oro (hay placa), derruida a mediados del s. XIX, sobre el solar se construyó (1856‑7) un edificio de viviendas de buen estilo.
El Museo Municipal de Madrid (i.n. 7629) conserva un lienzo de Imagen de la Virgen de la Soledad en su altar, anónimo, que representa la labrada por Gaspar Becerra en 1563 para este convento; pero el Museo está cerrado hace años y es de muy difícil consulta. 

Seguidillas (Métrica IV)

El nombre indica a las claras el carácter popular de esta estrofa. La forma más breve y clásica de la seguidilla es la de una cuarteta de heptasílabos y pentasílabos.
La propagación de esta forma se produjo desde finales del siglo XVI y a lo largo del siglo XVII, aunque haya muestras de este ritmo antes, incluso desde las jarchas, y luego se cultiva hasta nuestros días, sobre todo después que la frecuentaran primorosamente varias generaciones de poetas, desde los años veinte del siglo pasado (Lorca, Guillén, Miguel Hernández, Luis Rosales…). Es la forma que se conserva de estribillos y refranes muy viejos: En Cañatanazor / perdió Almanzor / ell atamor (¿siglo XIII?). Hubo de ser forma cantable y, quizá por ello, escasamente recogida por escrito (hay ejemplos sueltos y discutibles en los cancioneros del siglo XV; Eugenio Asensio data las primeras muestras a mediados del siglo XVI). Los neoclásicos extendieron su uso, que invadió el campo de las décimas, a todo tipo de asuntos: Torres Villarroel, Alberto Lista, Ramón de la Cruz… Se trata de una cuarteta de versos fluctuantes, pero siempre manteniendo el balanceo entre verso largo y verso corto, lo que suele materializarse en heptasílabos y pentasílabos, con asonancia en los pares. La forma pura, muy abundante, produjo multitud de deliciosas variedades y combinaciones:

6    Trepan los gitanos               1.5
5    y  bailan ellas,                    2.4
7    otro nudo a la bolsa            1.3.6
5    mientras que trepan.           4

    (Góngora, como estribillo de romance)

7    Pálida está de amores            1.4.6
5    mi dulce niña:                       2.4
7    ¡nunca vuelven las rosas        1.3.6
5    a sus mejillas!                       4
    …………….
    (Martínez de la Rosa)

7    Alma que me transportas:       1.6
5    voz desatada                          1.4
7    que a las almas ajenas            3.5
5    llevas mi’ alma.                      1.4

    (José Martí)

7    La cebolla es escarcha            3.6
5    cerrada y pobre:                    2.4
7    escarcha de tus días               2.6
5    y de mis noches...                  4
    ……………………………..
    (Miguel Hernández)

7    Mi corza, buen amigo,            2.6
5    mi corza blanca.                    2.4
7    Los lobos la mataron             2.6
5    al pie del agua.                     2.4
    ……………..
    (Alberti)

7    Llegó con tres heridas:          2.(4).6
5    la del amor,                          4
5    la de la muerte,                    4
5    la de la vida.                        4
    ……………..
    (Miguel Hernández)

De 6+7
7    A la guerra me lleva              3.6
6    mi necesidad,                       5
7    si tuviera dinero                   3.6
6    no fuera en verdad.              (1).2.5 v.e.

    (Cervantes)

Compuestas, a veces llamadas, sobre todo a partir del siglo XVIII, tonadillas, son las que se rematan con algunos versos más, normalmente con tres:

7    Campanita de plata                 3.6
5    de tan gran templo,                (2).3.4 v.e.
7    trémula y solitaria                  1.6
5    sobre los cielos:                     4
7    suspendida en los campos       3.6
5    del infinito.                             4
(José Ramón Yépez)

Las variaciones sobre formas básicas suplementan las formas estróficas, que ya no serán muchas veces de cuatro versos, sino variantes polimorfas, como la seguidilla chamberga (la que añade tres pareados después de la cuarteta), la seguidilla gitana, etc., hasta llegar a constituirse (al menos desde el modernismo) en serie arromanzada:

7    Esquilones de plata           3.6
5    llevan los bueyes.             1.4
7    —¿Dónde vas, niña mía,    1.3.6
5    de sol y nieve?                 2.4
7    -—Voy  a las margaritas    1.6
5    del prado verde.               2.4
    ……………
    (Federico G. Lorca)

Seguidilla real, como la denomina sor Juana Inés de la Cruz, o gitana, en la terminología de Augusto Ferrán, de quien es el ejemplo:

6     Desde la mañana                               5
6    hasta la alta noche                              3.5
10  ¡siempre luchando el cuerpo ya viejo    1.4.6.(8).9
6    con el alma aún joven!                        3.(4).5

En fin, al menos su ritmo ha venido a renovarse con la aparición en el panorama poético español –y universal—de las tankas y los haikús, que son formas poéticas de origen japonés  basadas en la mezcla de versos penta y heptasilábicos.


Cancionero de Clara: "¿Por fin vamos con Clara? Primavera...."

A M.A.M.

¿Por fin vamos con Clara? Primavera
parece que nos dice que ya es tiempo
de que florezca todo lo que andaba
bajo la penumbra, oculto, y con las lluvias

hasta las sombras quieren luz y aire,
dejar en libertad  el pensamiento
y entregar a las manos las caricias
que escondieron los sueños más secretos.

¿Amaremos a Clara finalmente?; 

a lo mejor es la única salida
posible para tanta primavera
y no seguir tirados en la hierba.

Morderemos la fruta de sus labios
como fresas maduras y jugosas.

Romance de primavera. "Arrimado a su recuerdo...."

Arrimado a su recuerdo
llevo no sé cuántos años
si cierrro los ojos veo
que sus ojos va cerrando
según avanza mi cuerpo
según avanzan mis manos
según el cuerpo atraviesa
el tiempo que nos soñamos
y viene el calor del cuerpo
abriendo a la piel los labios
y al fin los abre allá dentro
por fin nos hemos juntado
no miran los ojos nada
hacia dentro están mirando
y ahora que si los entorna
y ahora los abre despacio
la luz que los humedece
dice que juntos estamos
donde ya nada se dice
donde todo se ha logrado

La lentitud  se ha movido
refugiada en un abrazo
y en el silencio emprendido
la dulzura se ha incendiado
y tiembla al subir el cuerpo
y queda en vilo temblando
nunca te lleves los ojos
necesito abrir tus párpados
quiero saber que eres tú
y quiero saber que estamos
donde nada se requiere
donde tanto hemos soñado
sujétame con tu cuerpo
recórreme con tus manos
muerde el aire que respiro
entre besos y entre labios
en el mar de tu mirada
ya mis ojos se han ahogado

Recuerdo que sus vaqueros
que su blusa y sus zapatos
que su flequillo y pendientes
recuerdo ser y quedarnos
recuerdo tardes que anuncian
noche intensa de verano
aire quieto y luz de tapia
rama densa y olor a nardo
solos al cruzar la luna
con las estrellas brillando
toda la noche en un beso
que nunca se ha terminado
y llega la madrugada
y aun se buscan los labios
contigo nada termina
como el tiempo estás durando
día tras día te quise
y aun no te has acabado.

domingo, 3 de abril de 2011

Habas y guisantes, con problemas


Con problemas, sí, todo lo que exija pelar y tiempo, como son las habas y guisantes, particularmente los segundos que se toman en cualquier temporada y ya apenas se ven enteros. ¡Aquellos guisantes de la huerta del río Carrión!       
Las habas aparecen esporádicamente ahora, a precio modesto, pero con el inconveniente de que, después del esfuerzo de pelarlas –cosa que se puede hacer mientras vemos el telediario o en las reuniones de departamento, el que proceda de la UAM, porque de lo que allí pasa no dan cuenta las actas, que proceden de la votación de la mayoría; o sea que lo mismo da, lo importante no es que uno pele habas, sino que los que allí resuelven voten que se han pelado (aunque no) o que no se han pelado (aunque sí).


Todavía recuerdo en mis tiempos de profe granadino que las habas se vendían por la calle y la gente se las iba comiendo crudas –en la vega de Granada son exquisitas–; también me acuerdo de haberlas guisado a veces con vaina, limpiándolas como a las judías verdes de antaño (hebras y picos). Y muy sabrosas, con vainas.
No se le acaban a las habas los problemas con pelarlas en el departamento y tirar las vainas. Luego viene el refrán, el de son "habas contadas". ¿Se contaba con habas o es que el resultado de pelar medio quilo da siempre una exigua cantidad? Podía mirarlo en el Iribarren, pero me da pereza y no me fío. Lo que es cierto es que se cuentan fácilmente –como se ve en la foto– las que proceden del medio kilo comprado antes de ayer.

De su procedencia granadina puede que le venga esa manía de adornarlas con jamón ("habitas con jamón"), lo que no le hace falta, aunque viene bien para que la tapa o el plato se cobre a precio de oro, porque naturalmente el jamón se anunciará como de Trévelez o de las Alpujarras. En realidad las habas como se solían hacer era fritas con cebolla y echadas encima de un huevo frito. Plato delicioso donde los haya, pero que tropieza con la dificultad del "punto", es decir, de no pasarse al freírlas, para que la piel no se encalle. Cuanto peores son, con más facilidad se encallan; es como todo en esta vida: el departamento de Filología de la UAM está encallado.

Yo aconsejo freír cebolla fina o juliana –la morada, más suave, ya se sabe; la tradicional, más fuerte– en medio dedo de aceite de oliva (¡ojo, no echar más, el aceite no se consume y luego quedan grasientas!), a fuego lento, hasta que comience a dorarse, y en esos momentos añadir las habas, revolviendo para que se mojen y mezclen bien, manteniendo una temperatura no muy alta durante no más de cinco minutos: si las habas son tiernas, menos. Que no se ennegrezcan en la sartén; ese color lo tomarán luego. A partir de los tres minutos, se rompe y echa un huevo encima (hay quien lo fríe y sobre él echa las habas, depende de si se quiere el huevo espectacularmente frito con puntilla, al plato, etc,), que se deja un par de minutos, para que la clara se ponga dura y la yema quede blanda. Y se sala entonces.
El huevo que yo he escalfado en las habas se ha roto al abrirlo. Puede pasar; pero no queda mal.
Las habas, los guisantes y los departamentos de filología de la UAM tienen muchos problemas.


Apretado mi corazón y penetrado de una gravísima herida....

Ya dijimos que antes de que cambiara el siglo Luisa se había torturado intentando comprometer su vida con unos votos que le llevaran a la santidad, a ser posible pasando por el martirio. Los redactaba una y otra vez, rompía borradores, los volvía a redactar, se los sometía a los que seguían de cerca su vida.... Se han conservado no menos de diez hojas con estos votos, las últimas, curiosamente, las más sucintas y breves, como se verá por una de las que doy a conocer ahora.  
Algo ocurrió, sin embargo en Valladolid y luego en los pocos años en los que vivió en Madrid, junto al colegio de los ingleses, en la calle Atocha, para que le pidiera al rector de los jesuitas que le eximiera de guardar los votos y le dejara, a pesar de esa renuncia, limpia la conciencia; lo que así hizo el padre Esteban Ojeda, que ese es otro de los documentos ya aparecidos en este cuaderno. Poco después pedía un salvoconducto para viajar a Flandes, escondiéndose en nombre ficticio, lo que despertó la curiosidad del monarca, que preguntó que quién era esa tal doña "Antonia"; es otro de los documentos que he dado a conocer. 
He elegido un par de hojas de los votos, una en limpio y resuelta (de 1598) ; la otra con los clásicos borrones y vacilaciones (de 1596), por si alguien quiere aplicarle la crítica genética, ahora nuevamente de moda. La letra de Luisa es limpia y correcta aunque con las normas de la época, claro–, transcribiré en consecuencia solo el documento de 1598.

Y así dice el que sigue:

Viendo que los impetuosos y delicadísimos afectos de dar la vida por Cristo nuestro señor, siguiendo sus dulcísimas pisadas y uniéndome estrechamente con el por este medio tenían en gran manera apretado mi corazón y penetrado de una grandísima herida, ya que no estaba en mi mano satisfacer a su deseo, quise acudirle con el alivio que puede, como parece en el voto que se sigue.
Yo, Luisa de Carvajal, lo más firmemente que puedo con estrecho voto hecho, prometo a dios nuestro señor, que procuraré cuanto me sea posible buscar todas aquellas ocasiones de martirio que no sean repugnates a la ley de dios y que siempre que yo hallare oportunidad semejante haré [¿? hay un borrón] rostro a todo género de muerte, tormentos y riguridad sin volver las espaldas en ningún modo ni rehusarlo por ninguna vía, y que cada y cuanto que me viere en ocasión tan venturosa me ofreceré sin ser buscada.
El haber hecho este voto ha sido para mí de tanto gusto y contentamiento cuanto lo será la posibilidad de ejecutarle, y en el interín me consuelo con el estrañamente, deseando (aunque miserable) sobre todas las cosas que en esta y en las demás se cumpla en mi perfetísimamente la voluntad de dios inestimable.


Con esos  votos, bien se comprenderá cuál fue la vida de Luisa en Inglaterra, a donde viajó poco después, y lo que tuvieron que hacer los dos embajadores, primero el Condestable y luego Gondomar, para guardar las maneras diplomáticas y proteger, al mismo tiempo, a la súbdita católica, a quien ademán enviaban dineros y ayudas de la corte madrileña, incluyendo el propio Monarca y sus privados.

Brahms, cuarteto op 51, 2, allegro non troppo

La tarea es vivir continuamente

salir a respirar todos los días
a gastar entusiasmo pese a todo
y olvidarse de todo lo que olvida

la tarea es seguir y mientras tanto
tríos de shubert y su sonatina
para cuando el invierno alargue noches
tendré la casa en orden recogida

nocturnos de fauré para nostalgias
mientras  se escucha alrededor la vida
y lo poco que queda y he guardado
lo iré dejando por ahí a escondidas

un cuarteto de brahms para el cansancio;
y el recuerdo final, a barbolilla.