Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 5 de noviembre de 2010

Libro de sonetos: "El camino que lleva hasta tu sexo..."

El camino que lleva hasta tu sexo
[.....]


[Este soneto, habiendo recibido una crítica, no de anónimo, vuelve a talleres; pues las críticas son para considerarlas]

Libro de sonetos. La Pavana.

¿Qué voy a hacer  si suena la Pavana

esta tarde…? Esta tarde la pavana
no, porfi, todo menos la pavana,
no podría, es que ahora no lo podría

resistir, de verdad, lo siento mucho,
no sabría qué hacer, dónde mirar,
ese hilo mágico de lentitud 
me dejaría totalmente grogui,

incapaz de escribir un solo verso,
que es mi alimento natural, remoto,
para seguir mirando tanta tarde

amontonada sobre los colores
del jardín, que ha encendido, en borbotones,
ramos de miel en las hortensias secas.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Enfermedades y libros. SOBRE LA ACTITUD ANTE LAS ENFERMEDADES

Me acucian enfermedades –los virus del otoño, que andan de jarana– y libros –también las novedades del otoño–, de manera que voy a cumplir con noticias y remedios que me ayuden a bien vivir. Para las enfermedades, solicité hace poco a Javier Yagüe, el traductor a un español como debe ser de Montaigne (véase la entrada correspondiente en este "cuaderno de pantalla"), que me dejara utilizar uno de los pasajes del ensayista francés en donde dice qué hacer con las enfermedades de poca monta; y no sé muy bien si se lo pedí para paladear una vez más la prosa elegante –un pelín amanerada, eso le viene de la época– con la que ha traducido a Montaigne o porque de verdad piense que lo que allí dice va a misa. O por las dos cosas, que es lo suyo. Javier Yagüe, que ya tenía esa elegancia que ha catalizado su afinidad con Montaigne, me ha dado permiso para reproducir este fragmento, que el propio JY ha titulado para comodidad:


[SOBRE LA ACTITUD ANTE LAS ENFERMEDADES]

La experiencia me ha enseñado también que nos pierde el ser impacientes. Las afecciones tienen sus momentos de dolencia y de salud. La constitución de las enfermedades está hecha con arreglo al modelo de la constitución de los animales. Tienen su fortuna determinada desde que nacen, y también su duración: quien trata de abreviarlas imperiosamente a la fuerza, en pleno transcurso, las prolonga y multiplica, y las azuza en lugar de apaciguarlas. Opino, como Crantor, que a las afecciones no hay ni que oponerse con testarudez y atolondradamente, ni tampoco doblegarse por flojedad, sino que hay que transigir con ellas de forma natural, según su condición y la nuestra. Ha de cederse el paso a las enfermedades; y me parece que, si en mí se demoran menos, es porque las dejo hacer; y alguna de las que se consideran más tercas y tenaces se me ha pasado por su propio declive, sin ayuda ni arte, y en contra de las prescripciones médicas. Dejemos hacer un poco a la naturaleza: ella entiende mejor en sus asuntos que nosotros. “Pero de eso murió Fulano”. También morirás tú, si no de ese mal, de otro. ¿Y cuántos murieron inexorablemente de lo mismo teniendo tres médicos pegados al culo? Un ejemplo es un espejo borroso, general, que todo lo refleja. Si el medicamento es placentero, acéptalo: siempre será un bien presente. Si es delicioso y apetitoso, no me pararé a mirar el nombre ni el color. El placer es una de las principales especies del provecho. Yo he dejado que envejezcan y mueran en mí, de muerte natural, resfriados, ataques de gota, diarreas, taquicardias, migrañas y otros achaques, que se me han ido cuando ya me había medio acostumbrado a convivir con ellos. Se los conjura mejor con cortesías que con desafíos. Hemos de someternos con dulzura a las leyes de nuestra condición. Estamos hechos para envejecer, para flaquear, para enfermar, mal que le pese a toda la Medicina.

Javier Tacón (il.)
Al fondo se percibe un cierto matiz de época –un neoestoicismo de para andar por casa–; pero también se expresa en consonancia con el modo de hacer y pensar de Montaigne, que trae la reflexión a casa, a la vida cotidiana, con mucha frecuencia, y que eso no le impide, cuando hace falta, elevarse filosóficamente. ¡Qué fe en la razón y en la capacidad de actuar con el solo asidero de la reflexión sensata, sobre todo entonces, a finales del siglo xvi, cuando el hombre se tira sin paracaídas fuera del organicismo que le protegìa y se va a pensar la vida y el universo! Descartes esperaba a unos cuarenta años de distancia.

Un catálogo de Incunables de la BNE, por Julián Martín Abad

Boccaccio, Genealogía de los dioses, Venecia, 1494-5
Me cumple dar a conocer el catálogo de incunables de la BNE que acaba de publicar Julián Martín Abad, con el sello editorial de la propia institución, el natural soporte de sus fondos bibliográficos y los conocimientos y años de trabajo del dr. Martín Abad. Si al lector se le hace ardua su lectura –libro de consulta, y de consulta muy especializada es–, puede cebarse en las primeras cien páginas en donde se traza una historia mucho más amena y abierta, hasta el punto de que es más historia cultural que bibliográfica. ¡Maravilloso instrumento de trabajo el que se pone al alcance de los investigadores!
Nótese que permite no solo consultas, sino también multitud de lecturas: la perspectiva literaria, desde luego; pero también la cultural, de las traducciones, las esferas que dominaban el saber, las ausencias, la filológica, etc.
En fin, para que nada falte, la obra es todo un alarde de edición moderna, en dos volúmenes.

Más cosas sueltas sobre Diego Hurtado de Mendoza, y sobre El Lazarillo

Durante la reciente polémica acerca de la autoría del Lazarillo (abundantemente representada en este cuaderno de pantalla) omití el apoyo de una obra excepcional, por su riqueza de datos y rigor en la exposición, la de Alberto Martino sobre la recepción del Lazarillo en Europa (1554-1753), qen dos gruesos volúmenes, que el autor tuvo la gentileza de enviarme y dedicarme cuando se publicó (1999), y que entonces tuve ocasión de disfrutar. Un reciente trabajo de María Teresa Zurdo y Ramón Santiago ("Acerca del texto de Lazarillo de Tormes y el de su primera traducción alemana (y latina)", aparecido en un homenaje a Antonio Prieto, que no va a la zaga en cuanto a precisión y rigor, me lo ha recordado; y cumplo ahora con sacarlo a la palestra, como apoyo al interesado, que sin duda conocerá, y testimonio de mis carencias. Sobre todo y además porque en determinado momento de la investigación sobre la obra y sus circunstancias decidí pararla, ya que Mercedes Agulló prefería –creí entender– continuarla a su aire. Es verdad que desde entonces ha habido novedades por todos lados, pero ya irán saliendo poco a poco a campo crítico. Ayer mismo recibí la tercera entrega del profesor Juan Varo Zafra , de la Universidad de Granada, que va exponiendo con meticulosidad el pensamiento político de don Diego Hurtado de Mendoza; creo que no interfiero en otras investigaciones si contribuyo a propagar la suya: publicada en Castilla. Estudios de Literatura, 1 (2010): 433-472, con el título de Diego Hurtado de MENDOZA Y LAS "CARTAS DE LOS BACHILLERES", que comienza así (vamos a engolosinar al lector, con la vieja técnica que ahora usa google cuando copia textos): "Tradicionalmente atribuidas a Diego Hurtado de Mendoza, ―La carta del Bachiller de Arcadia al Capitán Salazar‖ y la ―Respuesta‖ de este constituyen dos excelentes muestras de la escritura burlesca de nuestro primer Renacimiento. En las siguientes páginas pretendemos recordar estos dos escritos en algunos aspectos que han sido objeto de discusión desde finales del siglo XIX, como la autoría y la fecha de composición, y profundizar en su sentido, género y estilo dentro de las coordenadas del humanismo hispánico de mediados del siglo XVI.
Defensa irónica de una inencontrada crónica de la batalla de Mülhberg escrita por un desconocido Capitán Salazar a quien va dirigida, ―La carta del Bachiller de Arcadia es un modelo de paradoja epidémica, esto es la defensa de algo indefendible, de modo que ―al tiempo que revela las limitaciones de toda argumentación, pone en entredicho, por reducción al absurdo, los valores vigentes...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Libro de sonetos: "En todas las esquinas de la página..."

En todas las esquinas de la página
me espera la palabra que te nombra
si empiezo desde arriba apareces
recorro los renglones con tu sombra

si cambio el verso
y busco el centro
silencio tuyo
es lo que encuentro

si callo
entonces
ocupas

inmediatamente toda la extensión de la memoria
trazas paisajes llenas escenas recoges canciones
y nada nada existe ya en ningún lugar que no sea otra vez y más [recuerdo de nuestra historia


martes, 2 de noviembre de 2010

Libro de sonetos: " He logrado lo sé la plenitud..."

He logrado             lo sé         la plenitud
llegar             al mirador      de la frontera
y ahora comprendo lo que sé              y lo que
nunca podré saber             aunque lo quiera
que tantas     son     las posibilidades
de nuestro tiempo         trampa         que no espera
con la que se fraguó         mirada            y canto
así recorreremos         vida             entera
seres desconocidos       animales            
hormiguero             que a todas horas piensa 

la razón     de la extraña         travesía
que con chispas de amor       vive    y se quema
un proceso         infinito           que nos duele
y el mal menor        la vida y            la tristeza