Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 16 de junio de 2013

Melancolía en Moguer y la batalla de los alejandrinos

La parroquia, de cuya torre ya decía JRJ que era como una "giraldilla"
Fue a comienzos de siglo cuando se inició la batalla de los alejandrinos y, como siempre en aquellos años, Rubén Darío abrió la campaña. La batalla es compleja y exigiría muchas páginas eruditas, que no voy a admitir en este blog; así que trazaré solo un panorama para situar la lectura de Melancolía, de Juan Ramón Jiménez, en Moguer, su pueblo natal, en donde he estado leyendo el libro y las paredes, llenas de textos del poeta que evocan en lugar. No pude ver, lamentablemente, su casa-museo, cerrada los domingos por la tarde, aunque ya la había visitado en otra ocasión, en la que, por cierto, no estaba Zenobia, su dama, como ahora, presidiendo una placita, con un libro de Tagore en la mano y una maleta (¿...?) Merecido homenaje a una mujer inteligente y sensible que hubo de padecer las extravagancias de Juan Ramón. Moguer tiene larga historia y presume de belleza, hace bien, pegadita a las romerías de la zona, con el pedigree del descubrimiento de América y con no pocos nombres en su historia, entre ellos el de otro poeta y estudioso de Juan Ramón, Francisco Garfias, o el del dramaturgo clásico Felipe Godínez. Juan Ramón no alcanzó a integrar el universo de las fresas –base de su economía actual– en sus libros. 
Melancolía se publicó en 1912 y sufrió del mismo telar que el resto de la obra del poeta, que todavía sigue editando "inéditos"; manejo la edición del centenario en 20 vols. (en Taurus). Es una obra en la que todos los versos son alejandrinos. Nótese que se acababan de publicar (1912) Campos de Castilla (primera edición), de Antonio Machado y que en 1907 se había publicado Poesías de Unamuno –su primer libro de poesías–, por no hablar más que de los grandes nombres que, de una u otra manera, intervinieron o se asomaron a esa batalla.

Casa museo de Juan Ramón Jiménez en Moguer
El alejandrino clásico asoma tarde al taller de nuestros vates, aunque haya un solo ejemplo del s. XVII –el de Espinosa– y en el s. XIX hayan experimentado con él los románticos. Casi siempre suena con ritmo par, en las variedades que yo llamo heroico o sáfico, es decir, que parten los hemistiquios en dos: 2.4.6 + 2.4.6, en donde puede faltar cualquiera de los dos primeros y cuando es el heroico (en 2ª), puede ocurrir que el hemistiquio suene así 1-4-6.

Rubén Darío usó  de los clásicos ("Caupolicán", por ejemplo), introdujo la musicalidad del (1).3.6 en Prosas profanas ("La princesa está triste.... ¿que tendrá la princesa?") desde entonces habitual en nuestros poetas. De Francia vino el peculiar tratamiento de la cesura hemistiquial, que pasó de la estructura clásica, a situar en sexta sílaba una sílaba átona, incluso de nula sustancia semántica, a colocar en el lugar de la cesura una palabra larga y a otros juegos más atrevidos. Juan Ramón fue, en Melancolía, quien ensayó todo tipo de fórmulas con más entusiasmo.

la paroquia, con un espectacular grupo escultórico, supongo que de alguna romería
He aquí una sucesión de ejemplos, de los tradicionales y clásicos, a las innovaciones de Juan Ramón, con ejemplos siempre extraídos de Melancolía, que he medido totalmente:
Con una palabra átona soportando el ritmo:

tras las bandadas que / se alejan por el cielo....    (1.4.6 + 2.6)
flores heladas de / los vallados vecinos  (1.4.6 + 4.6)
luceros tristes que / se quedan lagrimeando  (2.4.6 +2.6)
apariciones de / felicidad que vamos  (4.6 +  4.6)
cruzando siempre, sin / aprisionarlas nunca  (2.4.6. + 4.6)
qué carne blanca de / mujer, entre la piedra  (2.4.6 + 2.6)
cuando el tren para, en el / jadëante silencio  (4.6+ 3.6)
y prados malvas con / idílicos rebaños  (2.4.6 + 2.6)
remueve el viento las / cenizas de la tarde (2.4.6 +2.4)

llegando, si  bien pocas veces, a afectar al modo acentual del término afectado por su situación en el ritmo:

como una promesa / que no se iba a cumplir  (2.6 + 3.6)

En donde la dislocación del acento a "promesá" solo se puede salvar forzando la falta de sinalefa en "como una". Este tipo de problemas afecta a todos los alejandrinos que llevan su acento en 5ª y cuentan 13 sílabas, como ya he explicado en otras ocasiones: es el único tridecasílabo difícil de asimilar al ritmo regular de los alejandrinos. Algún otro caso  queda sin asimilación posible, lo que es raro en JRJ:

como pájaros de pálidos colores

Con una palabra en el espacio de la cesura, en donde, como se observará, al igual que en las series anteriores, se dan todos los ritmos posibles, aunque siempre con el predominio de heroicos y sáficos. A veces esa palabra es un adverbio en -mente:

el tren arranca lent / tamente.... el pueblo viejo  (2.4.6 + 2.4.6)
y me miraba, lar / gamente, entre sus rosas.... (4.6 + 2.6)

aunque no siempre partido por el sufijo:

me dicen melancóli / camente: llora, llora... (2.6 + 2.4.6)
y se derrama blan /damente, por el campo.... (4.6 + 2.6)

Y en otros casos afecta a otros sufijos:

una memoria des / teñida y deshojada (1.4.6 + 3.6)
que se derrama ina / gotable e infinito (3.6 + 2.)


Pero la palabra puente no obedece a razones morfológicas:
en un poniente sun / tüoso el trueno zumba  (4.6 +2.4.6)
sobre el verdor crepus / cular del campo inmenso (4.6 + 2.4.6)
una edad media de abi / garrados colores  (2.4.6 + 2.6)
Brisa. El tren para. En la es / tación recién regada  (1.3.6 + 2.4.6)
el sol divino me en / galana las heridas  (2.4.6 + 2.6)
alza el cenit su res / plandor que llora y canta  (1.4.6 + 2.4.6)
y parece que el co / razón es como un bálsamo (3.6 +2.6)
de oro como las a / marillas mariposas (1.6 + 2.6)
antiguos parques se a / bren momentáneamente  (2.4.6 + 4.6)

En donde se observan curiosas preferencias por la palabra que ha de ocupar ese espacio: "suntuoso", "amarillo". No se repiten, sin embargo las más: "hu-medad", "a-menazo", "embe-lesado", "ade-lanta", "ca-minaron",  etc.

Curioso este nuevo laboratorio métrico de JRJ, que no ha tenido fortuna como taller, aunque se haya hecho uso ocasional, quizá incosciente de él. 

Ya seguiremos.


1 comentario:

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