Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 1 de junio de 2013

Anda Chopin entre boutiques



El recuerdo de Chopin en Palma, en la capital se materializa en forma de escultura frente a la iglesia de San Nicolás, en pleno centro, en zona de boutiques y tiendas exquisitas, con algún bar y muchas terrazas. Seguro que las terrazas ya le empiezan a gustar más a Chopin, cuyo pedestal tiene algunos grafitis y anda oscureciéndose demasiado –es posible que tampoco le desagraden. A buen seguro, lo que más le habrá gustado esta mañana fresca de finales de mayo es que delante de la hermosa fachada gótica de San Nicolás, se haya instalado un músico, quizá hispanoamericano, para tocar el arpa, quebrando el aire con la sutileza de los sonidos crepusculares. He estado un rato esperando que volviera a tocar algo, pues me había atraído hacia el lugar el sonido de arpegios mezclados con el ruido de la ciudad; pero no ha habido suerte: el arpista, solitario, descansaba. 

De modo que me he ido a callejear, parándome en los escaparates de las tiendas, en los ojos de las damas hermosas, en los recuerdos, en el olor a mar que de vez en cuando me llegaba y admirando el desembarco de zapaterías y baratijas chinas, por ejemplo a lo largo de toda la calle de los olmos [Oms], en donde he mirado durante un buen rato a la más graciosa de las dependientas chinas, hasta convencerme de que no me iba a devolver la mirada y no iba a quedarse con mi inquietud, lo que es habitual en el recato de estas gentes, que pululan en todas las ciudades prósperas del mundo, para vender lo que embarcan los gigantescos barcos de Cantón.

Patio (restaurado) del viejo Hospital de San Antonio (1768)
El largo paseo me llevó luego de museo en museo –no puede uno fácilmente dejar de ser lo que ya está siendo–, para ver, sobre todo, los dos museos y muestras de arte contemporáneo, el del baluarte, en donde había una exposición temporal de pintura de paisajes mallorquines, y el de la fundación Juan March (otro distinto del de la fundación Bartolomé March), en la calle de San Miguel, cuya colección permanente es espléndida. 


En ambos casos no llegué por muy poco al paso de las exposiciones de Eduardo Arroyo, aunque obtuve sus catálogos y le rendiremos homenaje en futuro post. En la fundación March, sin embargo, se exponía un puñado de grabados de Picaso, tomando como motivo a Rembrandt. Lo ilustro con la estilizada –estilizadísima– "figura yacente" (1984) de Andreu Alfaro (1929-2012), que se puede comparar con otro yacente, el "hombre del sur" (1972) de Julio López Hernández (1932), y sacar conclusiones; y aun más si se va –creo recordar que a San Miguel– y se compara con una urna funeraria de personaje yacente, como en la tradición española (Cristo de las Claras de Palencia, el de Becerrra de las Descalzas, etc.) Las cosas se pueden hacer de tantas maneras.

Hombre del sur
El bullicio de aquella zona era enorme, sin embargo no había más que cuatro gatos en el museo, de entrada gratuita. No es una lamentación, es una constatación, que no sé exactamente qué significa. Desde las murallas, laboriosamente reconstruidas –parece que los lienzos que quedan son del s. XVI y no medievales– un camino de palmeras avista el mar azul, detrás de la Seo, rematando almenas con pináculos y arbotantes sin fin.

San Nicolás
recuerda de la "vincuda" de Chopin a Mallorca

El viajero, que se mueve con mochila, no quería comprar más libros, sin embargo no ha quedado otro remedio que llevarse algunos, pues es probable que no los encuentre con facilidad en otros momentos, de manera que, al final, he habilitado una enorme bolsa de plástico –¡no viajo con Ryan air!– para poder llevarlos todos, en vez de la ensaimada y la sobreasada. De uno de ellos, este conocido cuadro (Bunyola) de Santiago Rusiñol (1861-1931), que me sirve para decir adiós a Palma de Mallorca, aunque todavía tenga que rematar algunos versos sobre el ficus de la Misericordia y, quizá, dar noticia de otros lugares con fondo documental histórico a los que me asomado.












1 comentario:

  1. Cada vez que entro me encuentro con estas entradas amplísimas que van acompañadas de magníficas fotos que animan a visitar los sitios de los que hablas.
    Pues nada sólo tengo que agradecerte que nos permitas "acompañarte" en tus viajes.
    Por cierto, al contrario que tú, a mi me gusta traerme de los sitios que visito parte de su gastronomía, :)
    Bicos.

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