Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 21 de mayo de 2012

Bibliotecas, bibliotecas.... Los portulanos y otras notas bibliográficas

Sala de investigación de la maruzelliana
Mi última visita a bibliotecas italianas fue a la biblioteca Laurentiana de Florencia, (Biblioteca medicea laurenciana) dentro del complejo de San Lorenzo, en la parte alta del claustro. La biblioteca es magnífica en fondos valiosos; por ejemplo contiene una de las colecciones mejores de manuscritos ilustrados, iluminados, etc.; casi me enredo viendo flores y dibujos, pero sentí la llamada del deber y saqué mis notas de investigación. Vuelve a ser de muy difícil consulta por la falta de una catalogación actual, general o bien seccionada. Y cuando digo actual me refiero a catálogos posteriores, digamos, a 1900. Hay que buscar en multitud de inventarios antiguos, ordenados caprichosamente. Es realmente curioso el estado  de abandono de tantas y tantas bibliotecas y centros documentales europeos, más por abandono estatal o privado (supongo que faltan medios), que por desidia del propio centro y de quienes lo rigen.
El investigador con el autógrafo de Lope de la Laurentiana
Intentaba ver, además de la biblioteca y sus fondos en sentido general, una serie de mapas desde finales del siglo XV a mediados del siglo XVII, que me iban a poner en claro el itinerario de viajes y navegación, por ejemplo los de Quevedo o los de Villamediana. Los que son manuscritos –es decir los que no entran en esa eclosión de atlas y mapas que se imprimen desde finales del siglo XVI– son por su propia naturaleza ejemplares únicos y, si no se ha hecho facsímil o digitalizado en la red, solo se pueden estudiar acudiendo a la biblioteca o el centro que lo custodia. El más importante de estos mapas para mí (de circa de 1620, de Oliva, M 247) no tenía facsímil, no tenía microfilme, no se podía ver directamente....; finalmente un amabilísimo bibliotecario me trajo una pequeña diapositiva extraña, con un aparato lector especial y una lupa. Aprecié el gesto, pero no pude sacar notas de ese portulano, que a lo mejor algún día reproducen:
Portulano de Oliva, c. 1620 (foto mía muy ampliada)
Logré ver, sin embargo, un presunto autógrafo de Lope –y confirmarlo y disfrutarlo–; y digo logré porque era difícil dar con él, a pesar de estar catalogado en el repertorio de Maite Cacho (Florencia, 2001, 2 vols.), ya que no tienen ese repertorio en ninguna biblioteca florentina y hay que señalar la procedencia (no basta con pedir 1898 ML/4) para que sirvan el ejemplar. El Cardenal de Belén de Lope procede del fondo Ashburnam, lleva censuras y aprobaciones, entre ellas la de Tomás Gracián Dantisco de 8 de febrero de 1620; la de Cristóbal de Salinas de 1620; otra en Jaén de 17 de junio de 1614, de fray Juan de Jesús…. Las dos firmas de Lope llevan, al final, fecha de 27 de agosto de 1620 y sin fecha. Hay una excelente descripción en Presotto (págs. 134-138).
El investigador en la Laurentiana
Esos dos casos y la consulta y descripción del manuscrito quevediano de la Doctrina moral ha sido lo más sustancial de mis rebuscas en bibliotecas florentinas, que están esperando el tiempo y la paciencia de algún buen investigador de temas hispánicos. La obra de Quevedo se  custodia en la biblioteca maruzelliana.


La sala de lectura de la maruzelliana es noble y muy bella, con más empaque que la Riccardiana, que apenas pude entrever entre obras. Estaba llena de estudiantes, entre aburridos y desesperados, porque debemos de estar en época de exámenes.
Sala de la biblioteca Maruzelliana
Al fin, después de cumplimentar tres o cuatro hojas, dos peticiones, de haber estudiado concienzudamente las normas para conectar con mi ordenador al circuito cerrado de wi-fi –sin conseguirlo–, lo que me ha resultado mucho más difícil que un par de páginas de procesal encadenada, una bibliotecaria,  ¡a las 12,15, desde las 10,45 ando intentándolo! asoma con un mamotreto, que se lleva su pupitre y al que deben de estar aleccionando antes de entregármelo.
Es un hermoso manuscrito qua ya desde la primera hoja señala que es copia del impreso: “… con licencia: en Çaragoça, por Pedro Vergés 1630. Vendese en casa de Roberto Duport, en la chuchilleria, etc.” Copia también la licencia y otros preliminares. Se trata de un códice facticio con multitud de papeles, que se pueden fechar fácilmente entre 167y mucho y 1705, aproximadamente, es decir, tardío. Si la copia de Quevedo es de hacia esa época, atrajo la fama del nombre ya y se copió algún impreso de los que andaban por toda Europa. Habría que analizarlo despacio, pues no consta este testimonio en ninguna de las ediciones que conozco. La reciente de la editorial Cátedra es francamente irregular, y no trata bien a Quevedo, de manera que nada tiene de extraño que ni siquiera lo recoja como testimonio. Mejor la que aparece, de Alonso Veloso (2010), en las OC que dirige Alfonso Rey, aunque tampoco se cite este testimonio.
Volví a los jardines de Pitti a desengrasar los ojos de tanto manuscrito. Y fotografié este lirio para que hicieran lo propio mis lectores.


1 comentario:

  1. Interesante la investigación aunque hizo bien en salir del encierro para ir a ver la flor, a la vista de su foto está.
    La vida sólo se va de las manos cuando se muere: antes es irse acostumbrando a las etapas de la vida, todas cuestan. Si se hace buena memoria (que mejor no tenerla), uno sufre en la infancia, en la adolescencia, en el principio de la madurez, en el principio de la vejez ... vamos, que como no paramos, lo mejor es lo que hace usted: salir a ver árboles, flores, hacer fotos, airearse y tomar buen vino cada día.

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