Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 11 de agosto de 2014

Sobre el verbo "acaecer"

La plenitud y la felicidad
nunca se quedan quietas    van sin rumbo
prefieren el azar      la incertidumbre
el verbo “acaecer” es su futuro

se saben de memoria las sorpresas
y el origen secreto de lo oscuro,
dominan    tiempo    espacio     circunstancias
se ríen de querencias y de gustos

del amor no hacen demasiado caso
se saltan la moral y los discursos
habitan donde quieren     cuando quieren
se van de pronto     sin pensarlo mucho

Cuando siento que cerca merodean
cierro los ojos    vivo       y no pregunto.










sábado, 9 de agosto de 2014

Extraño ser que siempre me acompaña


Catedral de Florencia
Extraño ser que siempre me acompaña
no suele responder a mis preguntas
a veces me parece un animal
que solo se concentra en lo que busca

recuerda lo que yo no recordaba
se sabe cuando llega la dulzura
a veces se desprende de sentidos
y termina por ir a senda oscura

algo de mí   parece      le acompaña
sé que a ser del modo que soy       renuncia
que llega lejos  y descubre entonces
algo que el horizonte siempre oculta

y que al cabo me deja   sorprendido
hurgando ojos   versos    cuerpos  músicas

Botánico de Gijón




miércoles, 6 de agosto de 2014

Viajes, la imagen de la luz se ha desbordado

El viajero (I)

El cuaderno de viaje preparado
sin muchas cosas más –las necesarias–:
que recojan las hojas lo que pierde
el pensamiento, cuando ya se cansa;

y que entonces no vengan los recuerdos
ni estorbe como suele la esperanza
cuando sienta que cruzo los instantes
que tejiendo se quedan la nostalgia

del lugar que jamás hemos cruzado,
–nunca allí reposó nuestra mirada–,
ni el hueco donde anidan los olvidos,
que elaboran amores y distancias.

El viaje que se emprende es el de vuelta
nadie supo jamás donde se acaba.

Barcelona

Palanca (Venecia)
El viajero (II)

En el rincón de la tristeza estás,
a donde voy de vez en cuando para
reprocharte que te hayas ido tanto
y no podamos conversar un poco.

Noches de luna llena en Barcelona,
por las calles del barrio del Raval,
sin querer acostarme todavía
para que no te acerques tan lejana.

Y la tormenta de verano sobre
Venecia, nos dejó en Palanca sin
poder movernos del embarcadero,
refugiados en una plazoleta,

en donde una vez más te reproché
no habernos protegido de la lluvia.

Venecia
II El viajero (III)

Estoy en “la otra fila” de Ryanair,
acabo de ponerme un grueso jersey
y de sacar otros efectos más
para que mi equipaje pese menos

de los diez quilos, sin pagar excesos.
La “fila prioritaria” ya ha embarcado,
la de quienes pagaron algo más.
Barcelona-Venecia, una hora y veinte.

Los vuelos son inolvidables, cercan
al pasajero todos los percances
en medio de una orgía mercantil
desaforada que no se acaba nunca.

En Venecia me espera Monteverdi,
mientras Quevedo escucha madrigales.
 
"la otra fila" de Raynair 
Tatiana Bubnova me lo enseñó, en Venecia
El viajero (IV)

no serenan      los días      todo fluye
que todas las raíces se arrancaron
la niebla que se extiende en los caminos
nada en el horizonte se ha dejado

ya no hace falta huir     ni protegerse
la imagen de la luz se ha desbordado
de lo que quieres cada vez te alejas
llevarás el silencio que has guardado

distancia en la distancia     y en los ojos
tan lejos todo lo que estuvo al lado
otra voz    otras tierras    otras gentes   
los versos que jamás has recitado

volver a una región desconocida
que ni siquiera sueños visitaron

Cádiz, Isla Cristina
Asturias




lunes, 4 de agosto de 2014

El norte


El NORTE

Ha de ser este el árbol más antiguo,
semilla que voló hacia el mar cercano;
el tiempo respetó su cruz mediana
y dejó en tierra su esplendor alzado,

álamo negro por el tronco oscuro,
chopo lleno de luz que abre los brazos
y deja en sombra los caminos nuevos
y organiza el verdor de todo el prado;

será aquello labor de luz trabada,
viento que de ir y venir ha cuajado,
o que la brisa levantó una casa,
en un lugar por donde va de paso.

Cuando me vaya a terminar muy lejos
el chopo todavía no habrá acabado.



sábado, 2 de agosto de 2014

El botánico "atlántico" de Gijón y Jovellan@s


El Botánico de Gijón está prácticamente vacío. Es uno de los botánicos –de los muchos que he visitado en todo el mundo– mejor presentado, ordenado y cuidado. Resultan excepcionales sus bosques de alisos, fresnos, robles y carballos, abedules, plátanos; sus hileras de camelios; los gigantescos chopos negros de tronco envejecido; la minuciosidad de sus explicaciones y cartelas, el mimo con que presentan lo que ellos llaman "joyas", en terrenos acotados o macetones; la variedad inmensa de las plantas menores; etc. Todo eso está mucho mejor presentado que las partes modernas, que resultan limpias, precisas, colocadísimas, aunque sean a la postre menos interesantes. 

Se anuncia como "atlántico", se organiza en secciones muy bien presentadas y se complementa con una serie de edificios menores y exposiciones, perfectamente organizadas (hierbas, molinos, historia de los jardines, productos, etc.) que contrastan con el aparente abandono de los terrenos más viejos, que van cruzados por senderos de madera, y que en realidad están así dispuestos adrede. Un verdadero placer: la sensación es la de sentirse aislado y abandonado en medio de bosques centenarios. 




zarzaparrilla
Otras muchas cosas habría que mencionar, como la disposición de la flora de las dunas, el intento por distinguir entre árboles exóticos y del país, las noticias de las plantas invasoras –como la referida al "amor de hombre", claro, o a la hierba de la pampa–, etc.
Los nombres van de lo castizo (anda el toronjil por ahí) a lo europeo, y no se etiquetan las que son demasiado fáciles (espliegos, oréganos, romeros....). Es verdad que uno de vez en cuando no está de acuerdo con los detalles, sobre todo en las denominaciones; pero parece cuestión menor y sin importancia.

abedul celtibérico

















El viajero se ha quedado con unas cuantas cosas para intentar reducir su ignorancia: variedades que no conozco de carrascos y espinos; la extraña curiosidad –para mí– de abedul "celtibérico", menos blanquecino que el común; la zarzaparrilla –anterior al invento de la coca-cola, que de ella se hace–; las acerolas y los endrinos "ojo de conejo" (para no confundirlos con los abruños, más gruesos), el indigoetc. de muchos de ellos he tomado hojas y hecho fotos, en algunos casos también por su belleza, como la de ese hermoso serbal de los cazadores cargado de fruto; pero lo que me ha ganado al final no ha sido la curiosidad filológica y sus aledaños, sino la sensación de bosque perdido, de humedad cercana al mar.


serbal de los cazadores


Al lado de dos variedades distintas de "jovellanas" (que así se llaman: la violácea y la punctata, originarias de Chile), me he acordado de que tenía que visitar la casa museo del insigne escritor, en Gijón, cuyos restos descansan en una capilla, al lado. Y allí que fui. 


Jovellana punctata
Gijón sigue siendo la gran playa, amurallada por el cemento que habrá enriquecido a tantos políticos y banqueros, degradando para siempre el beso arcado del mar; en tanto la parte vieja se conserva bastante mejor, desde la Plaza Mayor, con rincones todavía gratos, aunque la casa museo de Jovellanos solo conserva una mala exposición –de la que se salva un par de cuadros– y no consigue perder su aire lúgubre, acentuado por un intento de modernizar patio y salas, que hubieron de ser lugar apacible, a juzgar por la plaza de la fachada. 


chopos negros viejísimos
Casa-museo de Jovellanos (Gijón)
El viajero volvió a su casa en Vidiago, frente a un mar majestuoso de color cambiante. Contaré como es mi casa de tela en ese lugar, les dejo en el comedor.


Vidiago