Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 3 de marzo de 2011

Lenteja beluga


Ha vuelto el frío a Madrid, al parecer a toda España, de manera que hay que alargar las legumbres, hacer los últimos potajes y esperar que nos caliente todavía algún cocido. Y entre las legumbres, desde luego, las lentejas, "si quieres las tomas y si no las dejas", decían nuestras abuelas mientras las limpiaban. Vienen ahora limpias y en algunos casos llegan hasta las negras, es decir, la lenteja beluga, de la que se contaban maravillas: que si era como el caviar de las lentejas, que venían de Canadá (como el "arroz salvaje", que no lo es), que mucho más duras y sabrosas.... La verdad es que la lenteja más sabrosa sigue siendo la castellana, la grande, de color pardo, que se cultiva en anchas zonas de Castilla y León. Pero en esta ocasión he cocinado la beluga, que veo procede de Toledo. Y que duplica el precio de las habituales, por cierto; pero alguna alegría ha de darse uno en esta vida.

Es negra y pequeñita, más pequeña incluso que la francesa, pero al cocinarse suaviza se color. Es cierto que es un poco más dura y no suelta pellejo o vaina –que suele ser el peligro de la castellana cuando se cocina mal–; pero no gana en sabor a las tradicionales europeas, aunque sí en textura.

Las lentejas no deberían de acompañarse con tanta grasa como ahora se suele hacer (chorizo, tocino, panceta, incluso variantes del cerdo....), ni quizá con tantas verduras, que ahoguen su sabor. Les va siempre bien un fondo de puerro, la cabeza entera de ajo sin pelar (que se saca y se tira, cuando ya se han hecho), y dos o tres zanahorias. Se puede añadir un tomate entero, que se rompe al cocerse (luego se quita la piel), un nabo y la consabida hoja de laurel. Agradecen sobremanera el sofrito de aceite de oliva y cebolla al final, discreto, para que no queden grasientas. Si se han hecho sin chorizo ni embutidos se puede añadir al sofrito una cucharadita de pimentón; si se añidó chorizo, basta con el que lleva el embutido. La gradación del sabor se hace precisamente con ese toque final: de sabores sutiles, todo con discreción; de sabores nuy grueso, bombardear las lentejas con mayor cantidad de todo. Pero si lo que se van a tomar son lentejas.... que sepa a lentejas. Como mucho, como mucho un pico o un hueso de jamón.
Es importante en la beluga que se pele una patata, se corte en pedazos,  y se cueza también, para luego aplastarla con la cuchara y que el caldo adquiera cierta consistencia. 
En el comentario anterior va la fórmula en realidad; lo que falta es lo sabido: poner la legumbre siempre inicialmente en agua fría, doblar el agua,  la lenteja –incluida la beluga– no necesita remojo (se estropean si se remojan); añadir si quedan espesas siempre agua fría, es conveniente que sobre caldo al comienzo, pues van espesando cada vez más; la sal debería añadirse al final de la cocción –después de probarla– y puede sustituirse por un caldo vegetal suave.
Tradición española es tomar las lentejas con pan, que se puede –y quizá se debe– migar. De esa manera es casi plato único.
Conviene saber que las lentejas se regocijan con el zumo de naranja como bebida, o con la naranja como postre. También les gusta terminar con quesos.

Variaciones sobre "Ser es estar, estar cuando respira": "Ejercicio de ser continuamente...."

Ejercicio de ser continuamente,
constante voluntad de permanencia
que a trancas y barrancas va la vida
y siempre deja más de lo que lleva;

y ser y ser y ser día tras día,
un ser antes después ahora mientras,
que va dejando cada instante tiempo
y nunca sabe el tiempo que le queda;

no sabe si son nuevos los caminos
y no sabe si acaso se pudiera
elaborar, sembrar, restablecer,
llevar del corazón hacia la tierra.

“Ser es estar, estar cuando respira”.
Fue verso. Fue verdad. Quedó sentencia.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Luisa de Carvajal, toda la documentación

Hay días en los que la investigación te concede, sorprendentemente, todos los resultados por los que te has estado esforzando durante mucho tiempo. Hoy ha sido, para mí, uno de esos días, en los que papeles, series documentales, legados.... han ido apareciendo, finalmente, en el lugar hacia el que uno iba encaminándose poco a poco. De manera que he logrado los autógrafos de Bartolomé Leonardo de Argensola, los votos "privados" de Luisa de Carvajal, el documento en el que se envía y recibe su cuerpo –de Inglaterra a San Sebastián, de allí a Valladolid, de Valladolid a Madrid....– las series perdidas de las cartas de Góndomar –el embajador londinense, el "Don Diego" de la correspondencia de Luisa– que finalmente se encuentra en tres lugares, (las series mayores)–, las cartas que ella recibió escritas en inglés, la nueva documentación sobre el Conde de Villamediana....
El volumen de lo que hoy he visto es superior a lo que puede admitir este discreto "cuaderno de pantalla", de manera que buscaré algún alumno aventajado que quiera pasar parte de sus primeras investigaciones con Luisa –no con mi novia portuguesa, claro; sino con la Mendoza– y nos ayude a comprender parte ese nudo histórico, que lo es. Y alguien que se ocupe también del Conde. Hay que ver qué disparidad –¿o no?– la vida mundana, arriesgada, siempre al borde de perderse por la intensidad de las emociones placenteras en el caso del Conde; e igualmente extremada, arriesgada, llevada hasta el límite de lo posible por la intensidad espiritual de Luisa de Carvajal.

Una de las  muchas redacciones de los votos "privados"
El nudo poético que despreciaba el mundo, se vestía con un "habitillo" humilde, no quería saber nada de ruidos mundanos y desde pequeñita se enfadaba si alguien le intentaba saludar con un beso, además de sustentar un odio visceral, agresivo, aparentemente inconciliable con sentimientos de piedad o misericordia,  a herejes, renegados e infieles (defiende, por ejemplo, la expulsión de los moriscos); pues ese mismo nudo sabía latín –no es un modismo–, componía versos con un pericia envidiable, había leído bastante literatura pastoril, pleiteba por los derechos de su herencia, conocía las mejores técnicas para conservar reliquias de cristianos descuartizados, tapando los poros con plomo.... y mantenía su vigorosa independencia mediante documentación meditada y redactada cuidadosamente para que nadie le pudiera reprochar su celibato y no haber profesado en alguna orden, que es a lo que le habían  destinado  y lo que el padre disponía en su testamento. 
Precisamente, en la entrega de hoy reproduciré algunas de las muchas copias autógrafas de sus "votos", que se suceden, ¡desde 1593!, en copias y copias, algunas, como las que reproduzco llenas de enmiendas y tachones, como si se tratara de un documento exquisito que necesitaba de una precisión cuidadodísima, al que Luisa dedicó muchísimo tiempo, y que fue matizando y enmendando en sucesivas redacciones, que alcanzan hasta el final de siglo (1593, 1596, 1598....) Me parece fuera de duda que tales enmiendas obedecían en bastantes casos a sugerencia de sus amigos y confesores los jesuitas, cuya rama femenina hubiera deseado establecer Luisa. Y sobre eso hay literatura.
La otra iliustración es para mi buen colega y amigo Jose –ahora en Filadelfia–, que tanto ha gustado de la historia de Luisa. Es un ejemplo de las cartas inglesas de su epistolario, que no sé si ha reproducido en su versión inglesa de la correspondencia; pero que Jose puede traducir para la completa versión castellana de su obra.
Publicaré el texto final de sus votos proximamente.



El perfil de la medalla de Osuna

Un comentario de un buen historiador a la entrada anterior, sobre la efigie del Duque de Osuna, me ha hecho volver sobre lo dicho, ya que recuerda que el perfil de la medalla napolitana con la efigie de Osuna es la representación usual, está en la monografía de Luis M. Linde, estaba en el cartel anunciador del congreso de Palermo-Nápoles del pasado mes de octubre.... Sin embargo, yo me he resistido a reproducirla como imagen auténtica, porque es un perfil de persona madura, envejecida, y me perturba sobremanera que fuese el que más adelante reprodujo Caraceda en un grabado muy conocido –está en la BNE, por ejemplo–. En fin, que yo tengo para mí que ese perfil es el del II Duque de Osuna, y no del primero. Suministraré todos los datos en cuanto los ponga en orden, dentro de poco. Por ahora, ahí va la moneda, para mejor apreciar lo que acabo de señalar:


Y he aquí las referencias eruditas, para el que quiera averiguar por su cuenta lo que ocurrió:
Cardedera, en la BNE, sala Goya, 15/27/17
Antonio Porriño, Teatro eroico e politico, Nápoles, 1692, p. 64.  Y en la p. 48 está el grabado de Pietro Girón (1582), con el volcán al fondo, de frente, con bigote y cuello almidonados.

martes, 1 de marzo de 2011

El Retrato del III Duque de Osuna

En varias entradas anteriores sobre el mismo tema ha dado noticia sobre la efigie y los retratos del III Duque de Osuna, Pedro Téllez Girón, a partir de búsquedas y pesquisas que me llevaron de un lado a otro, particularmente para ilustrar el famoso soneto de Quevedo al retrato que le había hecho Guido Boloñés. Con los datos nuevos, de Colomer, por un lado, y de María Kusche, por otro, se puede recomponer el conjunto de esas entradas, que, en el estado actual de la cuestión remiten: 
a un perfil acuñado en una moneda napolitana; 
a una escultura en un conjunto urbano de Palermo; 
a dos copias o dos retratos –es lo que voy a señalar ahora como resumen– de la mano, posiblemente, de Bartolomé González.
Extraigo las noticias de la espléndida monografía de Kusche, Juan Pantoja de la Cruz y sus seguidores. B. González, R. de Villandrando y A. López Polanco;  Madrid: Omega, 2007; aunque hay que enmendar algunos datos, el más importante: el Duque de Osuna no muere en 1635, sino en 1625; los restantes comentarios sobre la personalidad de Osuna son lugares comunes más o menos falsos.
Resulta bastante completo el comentario –perdón por la vanidad– que hice en  http://hanganadolosmalos.blogspot.com/2010/12/el-iii-duque-de-osuna-don-pedro-giron.html
con la reproducción del cuadro que me envió el señor Colomer –aunque sigo sin saber quién colocó la asignación de autoría, que se lee, de letrería moderna, en la esquina inferior del cuadro– y las estrofas de Lope.
He aquí lo que dice María Kusche, primero del retrato de la colección Colomer, "este vigoroso retrato de gran calidad, aun siendo mucho más representativo en carácter y tamaño que el del Conde de Añover, conjuga bien con detalles formales y técnicos de éste, con postura, armadura, manos y lechuguilla y se le puede atribuir a Bartolomé González". 
Lo vuelvo a reproducir, para la comparación:




Del siguiente, que es el que reproduzco aquí, dice:
"Procede de la colección Pedro Anés, Barcelona, subastado en mayo de 1884 por Lepke, Berlín y 2006 por Sotheby's como Duque de Montalto, óleo sobre lienzo, 115x98 cm...." Obviamente ninguno de los dos puede ser el de Guido el Boloñés.



Filosofía barata: "Voy entre el disparate y la tristeza...."

Voy entre el disparate y la tristeza,
cobijado a la sombra del recuerdo,
a tientas por los ojos que se cruzan
y sin saber siquiera lo que quiero;

habrá un camino que será el que dicen
y en un rincón esperará del suelo
la humedad de la tierra que recoja
la semilla final de mi silencio.

Creo que habrá es un verbo algo atrevido,
con existencia y con futuro dentro;
lo que habrá está vacío y no resiste
el frágil paso de los viejos sueños.

Cansados de pensar, hartos de ser.
Por fin tendremos tiempo, mucho tiempo.


Luisa de Carvajal y su confesor

El 24 de setiembre de 1605, fray Bernabé, el confesor de Luisa de Carvajal (también se hace llamar "capellán de V.M."), escribe al favorito de Lerma, Rodrigo Calderón, encareciéndole su piedad y cómo hace caso de sus encomiendas y favores; y de lo que le comenta deducimos datos muy curiosos, particularmente la devoción que Calderón enseguida cobró hacia la dama, a la que nunca había visto. Transcribo los párrafos esenciales:

.
... por las cartas que vuesa merced ha escrito a la señora Luisa he echado de ver la mucha fe que V.M. tiene con sus oraciones y verdaderamente que admira y que claramente eso debe ser honra de dios y misericordia suya, porque habiendo habido tantos engaños en el mundo y tantas intenciones del demonio y particularmente en mujeres, y V.M. que no haya visto jamás a la señora Luisa y que de solo oídas la tenga tanta....


devoción y fe sus oraciones... yo como confesor suyo de once años a esta parte me atrevo a escribir a V.M.para fortificarle mas en su devoción y fe, y crea V.M., que [es] de las almas que tiene dios en su gloria, de las que su divina majestad más ama y más mercedes reciben y puedo decir con verdad que es ángel de la tierra. También puedo decir con verdad que tiene muy gran cuidado con todo lo que V.M. le encomienda y tanto como a su propia alma. También certifico a V.M. que es tanto lo que quiere al Duque –Dios le guarde–, que yo osaré jurar que n o hay en el mundo quien más lo quiera que la señora Luisa, porque muchas veces me dice: "Válgame nuestra señora bendita (que es su manera de hablar esta)


que no sé qué me tengo con el Duque de Lerma que le ama mi alma con grandísimo amor". Y esto como digo a V.M. muchas veces.
En lo que toca a V.M. no hay sino paciencia y llevar la cruz en que el señor le ha puesto....

Una nota arrinconada, un postescrito, añade: "La señora Luisa ha tomado disciplina por la salud de la reina [en] este convento de San Francisco... y le hace oración y espera en su misericordia le ha de dar entera salud, porque la señora Luisa tiene grandísima confianza..."