Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 4 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Mientras la luz hacia la noche en fuga..."

(Sáficos invernales)

mientras la luz      hacia la noche      en fuga
al extinguirse       un resplandor sostenga
mientras prolongue      lo que fue   un instante
su tiempo en vilo      eternidad abierta

irán mis manos     a la sima oscura
que   tantas veces      ocultó la niebla
irán mis ojos    al lugar del barro
barro vacío      que amasó la tierra

tantas son    sombras    que dibujan luces
son tantas    voces     de palabras huecas
lo que no somos       se sucede lejos 
fabricará la soledad     ausencias

mientras la noria de los tiempos      siga
se encargará el viento     de nuestras huellas

Buscando quevedos


Durante las últimas semanas he ido recopilando y contrastando datos y testimonios sobre la imagen de Quevedo. Las investigaciones de este tipo suelen concluir en un caminos sin salida, o en caminos que ya no es posible seguir, eslabones perdidos que, probablemente, puedan irse completando en otras ocasiones o por otros investigadores. La investigación ha tenido, como suele ocurrir, de todo: frustraciones, hallazgos, evidencias, nuevas sugerencias... El nuevo recorrido de una noticia, desde su fuente original hasta el estado actual, suele suministrar tanto perspectivas nuevas como datos nuevos. Eso ocurre en el caso de los retratos de Quevedo, cuyos testimonios fieles y tradicionales eran los de Pacheco (en el Libro de retratos, aunque sin identificación, curiosamente) y los tres tradicionalmente atribuidos a Velázquez o a su taller, de los que a su vez deriva un puñado de copias peores. A ese conjunto había que añadir el busto de arcilla de la BNE y los muchos grabados en libros propios. Buena parte de la muestra ilustra la entrada. 

Todo eso ha cambiado al realizar el nuevo trayecto, como he dicho. El retrato atribuido a Velázquez, con tres copias soberbias (la de Londres, la mejor) ha vuelto a ser considerado como posible obra de Juan Van der Hamen (del que hubo una excelente exposición en el Palacio Real, en 2005, con catálogo y texto de Iordan, que da muchas pistas sobre la tarea de Van der Hamen). Es evidente que el cuadro propiedad de los Herederos de Xavier de Salas Bosch (en Madrid) salió del pincel del flamenco, arquero real del rey Felipe IV desde aproximadamente 1621. A esa familia, a ese cuadro, han de referirse los más de los muchos testimonios que he visto por ahí, entre ellos las dos muestras en propiedad de los herederos de Quevedo o el cuadro de la BNE que decora en estos momentos uno de los despachos de la planta alta.

Sumamente interesantes son los retratos que aparecen en libros, estampas y documentos; algunos grabados son imágenes de un Quevedo joven (¿o idealizado?), como la de la muestra; y otras remiten a la actividad de Quevedo durante los últimos años de su vida, digamos, con posterioridad a 1630. Lo más interesante aboca a sus posibles relaciones con Alonso Cano, quien también pudo haber dejado sin terminar –como Pacheco– algunos trabajos, pero que, muerto el autor, trabaja en los grabados de sus poesías póstumas (El Parnaso español) y lo dibuja y corona, idealizado por la muerte, en un dibujo que hay que designar ya y en adelante como glorificación de Quevedo a su muerte (1645).
De todo va en esta entrada, que precede al trazado de un capítulo de su historia, que terminaré en breve y que daré a conocer –por gentil invitación reciente– en una charla en la Biblioteca Nacional sobre "La Pieza del Mes"; y en inmediata publicación.
¿Sabe alguien de más representaciones de Quevedo que sean o procedan de su época?



viernes, 3 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Vuelve la lentitud, vuelve el invierno..."


El Retiro, agua helada hoy

vuelve la lentitud      vuelve el invierno 
el tiempo esconde     frágiles     sus manos
cubre        con una estela de silencios
un horizonte ciego      casi blanco

volvamos     al refugio del recuerdo
nunca brahms    de tal modo    habiá sonado
todo     parece haber sido    impreciso
inolvidable luz       lugar de paso

y ahora que    diciembre     ya decide
y que el tiempo desciende     acobardado
miramos     lejanías     como estampas
ponemos   la tristeza    a nuestro lado

los árboles    se van quedando   sin hojas
la vida      se me está yendo de las manos




El roble de las penas, ayer, en el Retiro

jueves, 2 de diciembre de 2010

Reproches y ensaladas


Hoy me han insinuado que lo de este cuaderno es un disparate, porque se mezclan churras con merinas, y que hay... ¡hasta recetas de cocina!  Y me han insinuado que me centre quizá en la poesía, solo, porque patatín y patatán. Me ha recordado un poco las desviaciones de Góngora o Lope con respecto a Garcilaso, poeta puro, traicionado porque los de la generación mayor, que llevaron a sus versos escenas de calle, chistes, descripciones, romances viejos y nuevos... ¿Quién de todos estará más cerca de la vida y su complejidad? Como, a mi modo de ver, se sigue estrechando a la capacidad humana de ser, proyectar y cultivar, creo que la mejor respuesta que puedo dar es dar la receta de las granadas, que todavía, en algunos casos, penden de los granados más tardíos; y que se encuentran en los mercados, en torno a dos euros el kilo, por cierto, no muy caras. Item más, voy a sustituir sus perlas rojas, tan sabrosas, y tan preferidas por los pintores de bodegones, por una pequeña novedad, para cumplir con la variación y el avance: la sustituiremos por las semillas de goyi (lo suelen escribir goji).

Una ensalada de remolachas, que se pueden comprar, todavía baratas, en paquetes cerrados herméticamente, o en botes y frascos, siempre cocidas. 
Se empiezan por cortar en rodajas, más bien finas; se mezclan con una lata de anchoas en aceite de oliva, las anchoas cortadas en tres o cuatro trocitos, el aceite de oliva se riega por encima de la remolacha. Se añade media cebolla morada cortada en pequeños gajos. Se remueve, cuidando de no romper la remolacha. Y luego se siembra un queso blando cortado en daditos: los mejores serían los ácidos de Asturias, aunque también sirven los de Piedrafita e incluso los blandos gallegos y variedades de los frescos (el pata de mulo, pero es muy caro para una ensalada). Finalmente se añade media granada, desgranada, que yo he sustituido por las bayas de Goji. Se vuelve a regar todo con abundante aceite de oliva (a ser posible picual) y un buen vinagre de jerez (mejor que el balsámico, tan de moda ahora).
Se conserva bastante bien durante una semana o así.

El bodegón que reproduzco, al final, es de Antonio Ponce (s. XVII).
Mañana expondremos algunas fotos de la nieve en la meseta sur; y probablemente vayamos a algún tipo de planteamiento sobre el minimalismo en gramática.




En honor de uno de mis comentaristas anónimos –en honor de todos, desde luego– reproduzco otro bodegón de Van der Hamen, en el que los frutos están picoteados por pajarillos; en otro caso es una ardilla la que, al morder las frutas, genera colores nuevos. En ambos cuadros se trata de colecciones privadas.

 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Escribir poesía..."

escribir poesía
un día         de invierno
con esa niebla     que por la noche    
se levanta           

no sé      no sé        no sé
quizá mejor      ver una peli   antigua
hasta muy tarde

                       envuelto en una manta

e imaginar que fui         el protagonista   
al menos de aquel beso      
que resolvió la trama

y cuando empiecen las noticias con la crisis
ir muy despacio  muy seguro     hacia la tele
y apagarla.



Libro de sonetos: "La dama que en silencio viene y pasa..."

E.G.G.

La dama que     en silencio    viene y pasa
y una estela   sutil    al cruzar    deja
que ni se para    ni habla     ni se queja
la dama que     al mirar    luz es  que abrasa

la dama     que se va    y nunca se aleja
la dama que    fugaz pasó    y traspasa
la vida de parte a parte      que arrasa
recuerdos     y que al sueño se asemeja....

eres tú      tú que quedas     un instante
con los ojos     de puente     detenidos
y un camino    en silencio     levantado

eres tú     que te vas        sigo adelante
viejos signos de amor       ahora   perdidos
sé que    nunca vendrás     te llevo al lado

Poéticas del neocapitalismo





25 nov 2010 12h
Germán Labrador Méndez
OH, NO, OTRA VEZ ESAS VOCES
Los poetas underground de la transición española en el fin del estado del bienestar. Poéticas del neocapitalismo, sociedad civil y memoria democrática.



Hace unos días, muy pocos, María Fernández, la profesora que enseña conmigo las clases de Poesía española actual en la UAM, nos trajo a Germán Labrador, recién ido a Princeton, para que compartiera opiniones con nuestros alumnos, que siguen las clases de María con más que interés. El aula donde nos habló estaba llena y los comentarios se prolongaron hasta las tres de la tarde.


Probablemente no haga justicia si resumo las tres horas, pues Germán Labrador –a quien conozco desde sus colaboraciones en la Revista de Erudición y Crítica– es expositor vehemente, ameno, que no niega entrar por los caminos que se van abriendo ni en las preguntas que le hacen, de manera que el público le sigue –se lleva al público– con la fuerza de la exposición convencida. Y eso que el tema era complejo y el signo de la exposición invitaba a cambiar los modos de pensar lo que es poesía actual, según se concibe en programas académicos, cánones y demás.


De manera que solo me referiré a un aspecto, que hubiera sido impertinencia traer a colación entonces, ya que la base sobre la que la exposición se desarrollaba daba por cierto que la poesía “oficial”, a partir –más o menos– de la muerte de Franco, mediado los años setenta del siglo que se fue, se había encarrilado por cauces que se alejaban cada vez más de la realidad que se estaba transformando; y que esa realidad, sin embargo, había quedado dramáticamente aludida, expresada, creada, y también cercenada, en una parcela: la de la poesía marginal, maldita, comprometida, anarco... Hace poco dábamos como poeta español actual, en este mismo cuaderno, a Leopoldo María Panero, el prototipo de poeta maldito (¡con medio centenar de publicaciones!), engullido por el sistema, sin duda. En la exposición Labrador trajo a colación nombres, revistas (Star, Ajo Blanco), sucesos, libros (Escatófago).... incluso algún poema (el tremendo soneto de Fernando Merlo “A sus venas”): recordó la Crónica de una generación crucificada, de Xaime Noguerol y, cuando recibió las preguntas del auditorio, definió aun más la poética de los sesenta y lo que debería de ser la poética actual, habida cuenta de la trayectoria que expuso, con algunas propuestas radicales, por ejemplo la de que la mejor poesía se encuentra ahora en el RAP o la desvaloración de obras, corrientes, autores... por su escasa o nula implicación histórica –en sentido amplio–, social –en sentido más concreto–; por su creación de objetos artísticos que ni cuestionan ni remiten al mundo real, al lugar de los verdaderos conflictos. Lo que desde el título parece señalarse con “poéticas del neocapitalismo”.


Sin embargo, sin embargo, el razonamiento y la exposición no tuvo en cuenta el fundamento esencial de que todo hecho artístico –todo objeto literario– traduce y enseña con su propio lenguaje –y no le queda otro remedio– las circunstancias históricas de su gestación, aun cuando quiera explícitamente negarlas (esa es una circunstancia) o aunque decida apoyarse en ellas de modo directo e inequívoco.


Excelente el encuentro, aunque no debería ser yo quien lo dijera. Excelente la labor de María. Habrá que continuarlos. Ya le sugerí a Germán Labrador que acudiera el año próximo para ampliar su actividad.