
De algunas sé que durarán poco, como es el caso de las dos o tres paulonias en las puertas del este, de las robinias.... o que transformarán su grito inicial, del amarillo al verde las forsitias; de los troncos a la alfombra los querquis o árboles del amor. Así, en el campo de almendros ya no queda nada, sin embargo cuajan las almendras; pero el suelo se ha llenado de avenidas con florecillas silvestres de mil colores.


Paseos y paseos.... que he terminado camino del sauzgatillo, ya saben, el arbolillo –¿será ejemplar único?– con el que uno puede vigilar sus apetencias sexuales, y que antaño fue cosa de monjas o de mujeres de "mal vivir", con efectos contrarios, dicen. Anda todavía encogido por el invierno, sin atreverse a nada. Vaya. Hace algunos años que le pusieron un cartel, y alguna vez he visto alguna pareja tendida debajo, sin saber muy bien a lo que arriesgaban.
Para que no se piense que termino de modo escabroso, ahí van unos cuantos paseos más, para terminar con la hermosa y complicada flor de un castaño, que en estos momentos es la que domina en el Retiro.
Voy camino de la exposición de Pessoa.... que va a tener que esperar un poco, no mucho, en el CNARS, pues es el último día.


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