Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 31 de mayo de 2010

Creencias y descreencias

Yo soy palentino. Las monjas de Villandrando me enseñaron a leer. Era koska, y tanto  en el instituto como con los jesuitas me hicieron católico. Ahora no soy católico, por descreencia, 

y tengo que averiguar si soy o no cristiano, no estoy seguro de si depende de mí o si al haberlo sido ya no puedo dejar de de serlo, como palentino, que lo soy inexorablemente. Y no me disgusta, lo de la castellanía recia, el frío del invierno y los ritos de la navidad a semana santa y san antolín –pan y quesillo–, que marcaron mi vida. Aviso que yo utilizo la minúscula fuera de toda filología, como gesto de desprecio hacia lo que ha alcanzado lingüísticamente una falsa dignidad. Si se pudiera ver cómo hablo en un registro inmediato, se vería que también  hablo con minúscula y que digo los nombres de las dignidades así, con caja baja: decano, ministro, rey (aunque sea apellido), dios, genoveva de bravante... Mi word se vuelve loco corrigiendo automáticamente, y se rehace y vuelve sobre sí mismo para ponerse con mayúscula; pero yo también vuelvo y le tecleo nuevamente: word, universidad autónoma, santa margarita, españa, … Pero escuchen, sin embargo: Perico El De Los Palotes, Moco Templado, Subterfugio… A uno le salen al paso pocas opciones de arreglar el mundo o al menos de acomodarlo a su manera, a como mejor parece que estaría, y en mi caso el arma de las palabras es, por profesión, la más cabal. Lo único que no conseguí iniciar durante mis doce años palentinos fue la aventura del amor con cuerpo ajeno, que así de retorcido me sale ahora llamarlo. La primera vez que hice el amor con dama, muy tarde para mi vanidad, me salieron agujetas y tomé azúcar, como cuando corría para entrenarme, agujetas de tanto moverme por creer que la cosa iba con el grado de aplicación que pusiera a mis movimientos.



 Las monjas de Villandrando, en Palencia

Fue Balín el que me explico que se podía uno correr, si se hacían bien las cosas, hasta siete veces. La vanidad de antes no me deja confesar que yo voy cumplido con la de una y que a la de dos, dios y ayuda, y eso que no soy católico, como dije ut supra; lo digo por lo de dios y ayuda no por la entrega carnal, por la coletilla.    Se me han quedado cosas enquistadas en latín, porque casi casi alcancé a ser monaguillo con los jesuitas de san Francisco, me faltó algo más de latín y osadía. Solo una vez lo intenté, para poder tocar la campanilla mientras se alzaba el santísimo; pero respondía con murmullos ininteligibles al cura que iba a dar la comunión, que me lanzaba unas miradas con muy mala hostia. No volví a intentarlo porque había riesgo. Cuando me echaron del instituto supe que había riesgo porque me llevaron a los maristas “provisionalmente”, que era el único colegio donde me admitían, y un hermano me quiso tocar la campanilla; y de resultas de no dejarme me dio una buena paliza. Del instituto me habían echado ya que el profe, de literatura, don Agustín Tinajas, dijo que o me iba yo o se iba él: así se pusieron las cosas. “Diligencia de Carmona / la que por la vega pasas / caminito de Sevilla / con siete mulas castañas….” era su poesía preferida para empezar los ejercicios de lengua y literatura, nombre oficial de la asignatura; con nuestra corta edad nos la sabíamos todos. El google actual, que tanto daño puede hacer a nuestra memoria colectiva, recoge como versión en  muchos casos la que censura el nombre de los forajidos: “Tragabuches, Juan Repiso, Satanás y Mala Facha, José Cándido, el Cencerro y el capitán Luis de Vargas”. Al grito de “yo soy el Capitán Luis de Vargas” tiraba petardos desde los jardines del Salón al aula de don Agustín, que empezaba las clases siempre dirigiéndome la misma frase: “Usted, váyase a la calle”. Se pensaba que así iba a poder controlar la clase, el infeliz. O él o yo. Echó un órdago y lo ganó; sé que hubo tratos y conversaciones con mi padre, que era persona de peso social, amigo del obispo. Me llevaron a los maristas “provisionalmente” porque estábamos entonces pendientes de irnos toda la familia a Madrid. He pasado por el Jorge Manrique hace poco y quise ver, morbosamente quizá, el expediente de expulsión, que me consta existe; pero no me dejaron, que quién era yo para hurgar en expedientes. Hurgo en la memoria. Memoria indocumentada. A San Francisco también fui, por si me dejaban ver el cuarto de las calaveras. En obras todo y cerrado. Una onegé había. “¿Sois cristianos o católicos o qué?” les dije, porque no me dejaban pasar, y miré a la chica pensando intensamente en los siete polvos, porque me habían inculcado los jesuitas que si mirabas a alguien intensamente pensando en algo todavía con mayor intensidad y fiereza, la persona mirada recibía el equivalente a la acción imaginada con pasión. Le miré con siete polvos; pero claro, mi imaginación debió de sentirse desbordada y fuera de sus posibles, en realidad le estaba pidiendo que mintiera, y aquella chica, que no estaba nada mal, no parecía estar sufriendo mis pasiones, probablemente estaba sintiendo que le mentía y el desorden de mi pregunta. “Balín, ¿y a partir del tercero no duele?”. “No, no, porque tienes que hacerlo así”. Y escenificaba con gestos, posturas, escenas y recomendaciones. Por eso tengo tantas agujetas. 





                  Casa en C/Lope de Vega, 21
Plaza Mayor (Palencia)

domingo, 30 de mayo de 2010

Claro de Luna

No distinguí bien los primeros sonidos, que de piano eran, indudablemente, pero como estaba saliendo del súper, se mezclaron con el ruido de las cajas de cobro, los paquetes, las puertas y el invariable saludo del senegalés apostado a  la entrada, que tanto me desconcertaba; no me esperaba realmente que en semejante lugar fuera a sonar algo así, solo cuando conseguí agarrar con la mano derecha las tres bolsas, mientras mantenía con la izquierda la mochila para que no se me cayera, para poder levantar la bolsa de las bebidas, al comenzar a andar, con ese balanceo típico de quien acarrea las botellas de bebida, los briques de leche, frutas y vaya usted a saber si incluso patatas y cebollas, solo entonces me di cuenta de que era el preludio, dios mío, era el preludio. Un maníaco como yo, que ha comparado ciento doce versiones –lo tengo que poner en el “blog”– de los nocturnos de Chopin, para quedarse con las lentísimas interpretaciones de Elisabeth Leonskaja y, sobre todo, de María Tipo, sabe perfectamente  que le quedan ocho minutos y medio para que, después del minueto, lleguen los cinco minutos, en las versiones más lentas, también, del Claro de luna. Enseguida me di cuenta de que en ese tiempo sí que podía llegar al portal, abrir, tomar el ascensor, entrar en casa. Y allí sería ya distinto. Allí, sí. Quizá en la penumbra del recibidor. Quizá incluso en la oscuridad del dormitorio, si me diera tiempo a bajar la persiana. Quizá… ¡Oh, no! “¡Buenos días! Muy bien, muy bien todos”. No hay que preguntarle nada, como distraído. No hay que darle pie. Soy un señor serio y grave, un intelectual quizá, no tengo por qué acordarme de que su marido sufrió un accidente la semana pasada. “¡Ah, pues bien que me alegro de que vaya mejorando!; un abrazo muy fuerte de mi parte”. “Sí, sí, porque llevo un poco deprisa”. “Me alegro, me alegro”. “¡Cuidado!” “No faltaba más!” Está terminando el preludio; a la habitación no llego, y no tengo gafas de sol ni hay donde refugiarse por aquí; si alcanzara por lo menos el portal, y que no haya nadie. “¡Sí, sí, la próxima semana!”. “Es que ahora voy con algo de prisa…” Se lo he dicho ya dos veces. Se va a mosquear. Si me fuera ahora podría cruzar la calle, porque el semáforo está verde. ¿Desde cuándo estará verde? ¿Cuánto le faltará para cambiar? “Bueno, pues es que ahora tengo que irme… usted no deje de darle ánimos, Y adíos”. No puede haber sido más brusco lo va a notar. Me van a cambiar el semáforo y no consigo zanjar los adioses. Me está diciendo algo. Como que no le oigo. Yo me voy. Por fin. Ese es el minueto. Este señor podría ir un poco más deprisa. ¡Cuidado!. No se cruzan los semáforos corriendo. Pasada la marquesina del autobús no hay obstáculo mayor; puedo llegar, puedo llegar: el último escollo es ese carrito de niño atravesado en la acera. Tengo que rodearlo, el minueto no llega nunca a los cinco minutos. “Señora, ¿me permite?” Ya. Me he enganchado. “¡Señora!”. Pero, ¿qué pasa? ¿Y ese tirón que me han dado?
Una hilera de naranjas llena de travesuras la calzada mientras siento cómo pierde peso mi bolsa de la derecha; frena estrepitosamente el autobús que acababa de llegar; se balanceaba otra de las bolsas de la compra enganchada al carrito del niño y termina por caerse al suelo llenando el aire de un ruido estrellado de cristales mientras la madre grita.
Al fondo, el claro de luna.

[Denis Antonio]

viernes, 28 de mayo de 2010

Miguel Hernández. Homenaje, recordatorio y profanación

Cada cien años hacemos memoria colectiva. La del 2010, que también hubiera sido la de Francisco Pino, por referirme a poetas, nos lleva a ese volcán poético entristecido y derrocado que fue Miguel Hernández. Creo que nunca se ha dejado de leer, porque tenía, cuando quería, voz de pueblo y a ella descendía con frecuencia, por ejemplo en su cancionero de la cárcel, que vino a llamarse "Cancionero y romancero de ausencias". Lo editamos, poniendo mucho cuidado (a partir del autógrafo), Pablo Moíño y yo hace poco en unca colección peculiar, la del Ayuntamiento de Madrid, por encargo de Claudio Guillén. El día de su presentación, los conocedores de la obra de MH dijeron  públicamente que era "la mejor" edición de este hermoso libro póstumo. Había cambios textuales, pequeños, pero los había, acompañando un estudio (Animal del mediodía) en volumen aparte, con ilustraciones de José María Sicília. En ambas cosas, pero sobre todo en la edición, Moíño había puesto su inteligencia y sensibilidad. Ustedes no saben quién es Moíño, cuya biografía llevo escribiendo desde hace unos diez años, y todavía no me ha consentido que publique ni fragmentos de su paso entre nosotros ni retazos, que a veces le robaba, de su obra literaria. Ello dirá.


En el entretanto, hojeo las novedades, exposiciones, reposiciones... de la obra de MH; y veo, por ejemplo, en la voluminosa y carísima edición de la Obra Completa que reedita Alianza, que la edición que les comentaba ni se cita. Vaya por dios. Y ponemos este dios con minúscula, como suelo, para que no trascienda demasiado. Aunque da cierta pena que el trabajo se pierda y el rigor y el conocimiento no sirva para mucho.

Como quiero quitar hierro al asunto, ahora que empieza la Feria del Libro de Madrid, que entrará mañana, junto a la poesía de María Victoria Atencia (sí, estamos todos de acuerdo, es excelente) en este cuaderno de pantalla, vamos a profanar uno de los libros retóricos de MH, que después de Perito en Lunas no supo desprenderse del todo de sus modelos barrocos en El rayo que no cesa, uno de cuyos sonetos más conocidos va en versión apropiada a los tiempos que corren, en homenaje a esas gentes con las que MH convivió y para las que escribió.La profanación va más abajo, terminando; ahora vamos a compensar anunciando que en el número 1 de la rev ista Manuscrtcao, de inminente aparición, se publican dos autógrafos inéditos de Miguel Hernández, en trabajos de Víctor Sierra y Javier Maldonado, respectivamente.





Parece increíble, pero la edición de El rayo que no cesa me la dio a conocer, a escondidas, en la vieja facultad de letras de la complu, cuando ya estaba terminando la licenciatura, Balín, recitando con voz secreta en un rinconcillo: "Por una senda van los hortelanos  / que es la sagrada hora del regreso / con la sangre injuriada con el peso / de inviernos, primaveras y veranos; // vienen de los esfuerzos sobrehumanos / y van a la canción y van al beso..." Fue emocionante. Me prestó la edición de Austral, forrada, para que no se viera que era poesía subersiva. También estoy escribiendo la biografía de Balín, que tiene, entre otras características, muchas más ex- que yo. Bueno. Cerramos. Ya hablaremos.



       EL BANCO QUE NO CESA

          Urgido por la letra, casi bruno,
          porque la letra viene y ametralla,
          donde yo no me hallo no se halla
          hombre más arruinado que ninguno.

          Sobre la letra peno solo y uno
          letra es mi paz y letra mi batalla
          perro que ni me deja ni se calla
          al comienzo de mes siempre oportuno.

          Letras y bancos llevo por corona,
          letras y bancos siembran sus leopardos
          y no me dejan en paz mes alguno.

          No podrá con las letras mi persona
          rodeado de deudas y de dardos,
          cuanto más se me presta más consumo.

jueves, 27 de mayo de 2010

Evocación. Alonso Zamora Vicente. De maestros y discípulos


Tengo encima de la mesa el libro de la ilustración, que recoge una preciosa selección de artículos de Alonso Zamora Vicente, uno de mis maestros, seleccionados y presentados por Mario Pedrazuela, uno de mis discípulos, quien sobre Zamora y su actividad intelectual realizó su tesis, dirigida por mí. Esa es una cadena, a veces lograda, otras no, en nuestro mundo universitario, o en lo que era. Precisamente "don Alonso," como le llamábamos todos, tuvo para durante muchos años la virtud de la escritura evocadora, con estilo azoriniano,  particularmente durante los años en los que esa prosa había caído no solo en desuso sino en desprestigio, probablemente debido a los embates histórico sociales, que reclamaban la colaboración directa de los escritores, de las novelas, de los estilos... ¡Cuánta queja escondida en las páginas de don Alonso porque no se le reconociera debidamente la avanzadilla de sus narraciones!  Al releer estas páginas he confirmado algo que primero intuía y luego saboree de su compleja personalidad literaria: lo que a mí me llegaba de su maestría y, luego, de su amistad era la conversación evocadora, las viñetas de su memoria, lo que movía desde el pasado hacia el presente. Él y su  memoria eran la mejor novela, sobre todo cuando abría el inmenso paisaje de su vida y evocaba: Unamuno, Juan Ramón, Cortázar, Borges, Valle-Inclán, Cela, Dámaso Alonso, Lapesa, Américo Castro, Sánchez Albornoz, Alfonso Reyes...; o la vieja universidad complutense, el barrio de la Latina, Buenos Aires, Santiago de Compostela... Y eso es lo que el libro nos da, eso sí, con el estilo jugoso, rico, matizado, siempre bordeando la melancolía, de un prosista excepcional, con su léxico ya acomodado a un estilo especial ("zozobra, balumba, azares..."), que aparece en cuanto uno empieza a leer, por ejemplo esta página sobre Unamuno:

 Zamora Vicente recuerda su encuentro salmantino con Unamuno
 Don Alonso, hoy leo esas páginas como tú querías que leyéramos tus cuentos y tus novelas, enfrascándome en ellas, entendiendo y saboreando y  lo que dices y lo que insinúas, con el conocimiento del discípulo que había trabajado con tus textos críticos y filológicos, que te vio llegar desde el exilio, observó cómo te encumbrabas en este país de glorias pasajeras, y compartió tu apartamiento final, en un profundo gesto de desplante porque no entendías o  no aceptabas lo que estaba ocurriendo, quizá porque no había mucho que entender. Te leo y me pareces un escritor admirable, necesario para recuperar y sostener en nuestra memoria ese tiempo que fuimos y desapareció.

Con Cortázar y Aurora Bernárdez, en Salamanca

miércoles, 26 de mayo de 2010

POESÍA ESPAÑOLA ACTUAL (2). Carlos Piera. "...la falta de nombres que sufrimos"

Con pie discreto y a hurtadillas, como escribe y publica él su poesía, continúo esta vez con mi serie de poesía española actual, reseñando la de Carlos Piera, probablemente la voz poética más digna, actual y pura de nuestro abrumador universo poético. Sus libros aparecen cada diez años, si aparecen, aproximadamente, y apenas si son libros, pues por su extremada delgadez se les confunde con folletos. Puede ser compendio de su ideario  el poemilla que abre la Antología para un papagayo (Madrid: Hiperion, 1985):

La nostalgia del bien. Del mal,
quien seguía guardado dentro.
Del bien, pues, que las cosas pasan. Del mal que seguimos,
un adiós que dura una vida,
contenido como un ratón.
Es poeta quien no perdona. Tener esperanzas
es un tenaz recuerdo como todos los mayos,
verde y gris, donde esperan
(según, previsto azar, quebrando
vacío y solo las cortezas,
mayo mismo es su propia
desmemoriada conmemoración)
otras tristezas y otra vez canciones,
por solidaridad, por poco tiempo,
nuestra contribución.

El lector apreciará la contención lírica que se escapa, a pesar de todo, por entre las palabras, que juega con los símbolos sencillos, que esboza momentos y paisajes, que huye una y otra vez de dar la cara, pero que es capaz casi siempre de apresar ese momento fugaz del que pudo haber venido el poema, "que la belleza es ya lo que no eres", cuando se tuvo conciencia, simplemente, de tiempo, belleza, muerte, amor... Y casi siempre, por algún rincón, entre los versos, sin que sepamos si es cierta o no, una mueca irónica.



Revenant


Una conspiración de golondrinas
slenciada de pronto en el crepúsculo.
Se ha perdido la tarde.

Tardes que vas perdiendo. En la quietud llegada como a traición, el álgebra
se ha ido del horizonte de entre cuatro paredes.
Una vez, o a la vez, se te ha muerto el espejo.

Muerto el espejo que educadamente
hacía de ti un fauno,
en interior sostienes una bombilla eléctrica.
Luces que vas perdiendo, solo pides el sol
pero quieres decir: sol y un espejo. Dejadme volar, orillas del mar, tardes
yéndose, voy pidiendo
un espejo absoluto transparente en el aire.
Yo prometo que vuelvo, uno de tantos, no me
vais a reconocer pero yo vuelvo,
orillas del mar,
tardes, cumplido algún pasado,
simplemente pasando, queriendo no dar miedo.
Mar. déjame pasar
–iba diciendo.
               Pasa pidiendo como los mendigos.




Lingüista de actividad hacia muchos horizontes, dirigió durante una temporada La Balsa de la Medusa, reunió sus ensayos (Contrariedades del sujeto), y aparece y reaparece en bastantes páginas y lugares de poesía inquieta y actual. Después de reseñar bibliográficamente sus libros y de advertir que su poesía mantiene una calidad rítmica excepcional, nos despedimos de él mirando  bahías y canturreando una vieja canción  italiana:

Torna a Sorrento, o condenado a hacer turismo
 
Es de turista esa melancolía
hacia bahías donde no has parado.
Cuenta
que el pasar por allí fue en el pasado.
No cuenta lo que fueras, lo que quieres,
ni empeñarse en que hay sólo una bahía
ni haber averiguado
que la belleza es ya lo que no eres.




Nota Bibliográfica: Versos (Madrid: Visor, 1972). Antología para un papagayo (Madrid: Hiperión, 1985). De lo que viene como si se fuera (Madrid: Hiperión, 1990). Religio y otros poemas (Madrid: Abada, 2005).

martes, 25 de mayo de 2010

Nuevo cuadro de nuestra güeb (= web) y algo de nosotros

Mi grupo de colaboradores, "jóvenes investigadores" diría si me pusiera estupendo, anda revuelto a más no poder, como yo, porque hemos perdido la ayuda de un técnico que nos iba a organizar la güeb (recuérdese que = web) y la revista "Manuscrt.cao"; y ha ocurrido un poco intempestivamente, por razones que ahora no vienen al caso, después de unos cinco meses de preparación para que todo apareciera colgado en la red. Cruzamos correos y mensajes constantemente para tratar de paliar la deshilada: ahí andan Diana Eguía (que lleva toda la organización) Javi M., Jose C., Tibi... No nos ocultamos: está nuestra nómina en la página actual de edobne.com, y en breve voy a ir dando noticia de cómo se han ido formando estos grupos de trabajo y cuáles son en estos momentos su formación y su organización. En líneas generales, de los dos grupos, el más antiguo lo es de investigadores y alumnos en formación, del que es decano Pedro C. Rojo, perdón, el doctor Pedro C. Rojo. Y el más nuevo, el de catalogadores para la BNE, del que forma parte  Begoña (en la ilustración), que como actriz y dama de cine y teatro, me ha dado permiso para aparecer, rompiendo el fuego, en este cuaderno. Porque, en efecto, forman un sólido grupo de especialistas en manuscritos, pero mantienen casi todos  como es lógico sus restantes vocaciones: que si los toros, que si tocar la batería, que si escribir versos o novelas... Mi vocación, verbo y gracia, se reparte entre la cocina (especialidad: arroces y ¡ay! las berenjenas) y los árboles. Bueno, pues del entusiasmo y la alegría de Tibi vamos a recuperar ahora la ultimísima versión de nuestro mapa, que ya apareció en una de las primeras páginas, pero que, lima que te lima, para que se vaya adaptando a los cambios lógicos del proyecto, ha alcanzado la riqueza y la perfección de este mapa, que probablemente no va a caber bien en este enteco formato del "blog".  En efecto, he dado al botón de "vista previa" y se oculta una parte; no puedo empequeñecerlo más, porque entonces no se leería la letra pequeña. Si en vez de a las berenjenas me hubiera dedicado a la informática...
Quizá todo se retrase algo, no demasiado, porque el último escollio ha sido también un acicate para que nos pongamos a trabajar para solucionar el problema. A finales de mayo o comienzos de junio mantendremos reunión con Emilio Torné, el editor de Calambur, para que ponga su acertado diseño al servicio del primer número de la revista, que saldrá también en papel.
Y eso es todo por ahora.


Otros dos de "China destruida", conversaciones poéticas

Tarjeta dorada



He renunciado a comprender los versos
cuando son sáficos endecasílabos
y cuando vienes a esconderte en ellos
sin que yo
 pueda rechazar tu voz.



Guadalajara. Y con retraso, dicen,
indemnizable, si reclamas cuando
ellos lo juzguen oportuno y vas
a ventanilla y haces cola y pierdes

lo que has perdido y algo más de tiempo
y de paciencia. Mas tú vuelves. Estos
versos son tuyos, me conozco todas

tus artimañas cuando miras cómo
escribo. Vienes permanentemente.
Y no sé cómo terminar los versos.




floración del árbol del cielo (ayer por la mañana, en el Retiro)



todos los versos que comienzan por la condicional
deberían prohibirse y punto
también debería prohibirse el verbo deber
y quizá los versos
me temo que quizá sería mejor que no existiera
es confuso esto del lenguaje
en realidad claridad claridad claridad
es un término atrevido para hablarte
mi amor porque si existieran realmente
los versos y las condicionales y quizá
fuera digno portador de su significado
estos versos serían para ti
y tú te llamarías de esa manera tan hermosa
que falta en los diccionarios

domingo, 23 de mayo de 2010

El Lazarillo (8). Santa Teresa Y un nuevo libro,

Aprovecho esta octava entrega para anunciar la publicación de un nuevo libro sobre el Lazarillo, en donde se da importancia fundamental a varios elementos de carácter histórico, por ejemplo y en el trabajo de mi colega Reyes Coll-Tellechez, a Juan López de Velasco y a la edición expurgada de 1573.


Entre esos elementos históricos traigo a colación una conexión curiosa, que se ha investigado, en lo que se me alcanza, muy poco: el círculo teresiano, el de las carmelitas, y su relación con don Diego Hurtado de Mendoza quien, sí, es verdad, presumió en alguna ocasión de haber tratado a la reformadora y de tener como joya una carta suya. Mercedes Agulló ya me advirtió en su momento que lo de tener un escrito u otra prenda de Teresa de Cepeda fue casi una moda. La conexión, sin embargo, llega vía Juan López de Velasco, de quien habla en sus cartas la santita, con cariño, deferencia, complicidad y, quizá, algo más.
De las cartas de Santa Teresa sabemos que una hermana suya, probablemente con problemas de salud mental (según me recuerda Reyes Coll-Tellechea) había profesado carmelita y estaba en el convento de Segovia con el nombre de Juana de la Madre de Dios. “El buen Velasco… A él y al padre maestro fray Pedro Fernández y a don Luis creo que son a los que debemos todo el bien que tenemos”. Así se suele expresar la santa sobre nuestro personaje. En enero de 1580 le emplea como trasmisor de su correspondencia y comenta continuamente todos los asuntos que con él trata. Por alusiones sueltas, sabemos que mantenía correspondencia asidua con Velasco: “…recibí sus cartas y quisiera responder a ellas…” Desde luego era uno de los que asiduamente socorría al Carmelo. En 1582 encarece desde Burgos al padre Ambrosio Mariano que para las diligencias que necesita acuda a Velasco “y escriba lo que han de hacer para que con brevedad se recaude esa licencia”, la de solicitar el favor de la duquesa de Alba, para poder celebrar misa en la fundación de Burgos. En fin, los cronistas del Carmelo también lo dijeron: “…entendíase en Madrid con hombres muy discretos y cristianos que guiaban sus cosas, especialmente con un hidalgo muy pío y de mucha prudencia, criado del rey don Felipe II, nuestro señor, que se llamaba Juan López de Velasco; éste le daba aviso de lo que pasaba…”.
Lamentablemente muchas cartas de la Santa andan todavía o mal editadas o sin editar, al menos algunas de las que yo he visto manuscritas. Autógrafas hay varias firmadas en el Convento de la Concepción Francisca de Madrid, es decir, en el convento que se llamaba “De la Latina”, por vieja alusión a Beatriz Galindo. Quien se haya interesado por los pasos de don Diego a su vuelta de Granada y, sobre todo, durante los últimos años en la corte, recordará que al lado vivía don Diego y allí pidió que le enterraran, como comenta cumplidamente Mercedes Agulló en su reciente aportación documental.

jueves, 20 de mayo de 2010

Escribir a mano o a máquina (y una nueva revista)

En los dedos viajan las palabras cuando emergen de la semilla de la voluntad y van a decirse, a decirse ahora por órdenes que encargan un juego de dibujos, para que inicien los dedos su danza expresiva en algún lugar y, si pueden, dejen su mensaje, que realizará entonces otro vuelo distinto, esta vez el que va de los dibujos quietos, depositados, a los ojos que consumen y descifran aquellas  huellas que las manos habían trazado cuidadosamente.
Ese viaje tan maravilloso, al que nos hemos acostumbrado de modo natural, a veces se dirige hacia los labios, para moverlos y crear sonidos, lo que parece simple, pero nada es simple y nada tiene por qué ser simple proceso en tamaña actividad: se produce como si lo fuera; mas detrás de ese ejercicio ancestral y mágico que lleva hacia las manos un gesto que va a decirse y luego deja una estela de garabatos, una hilera de hormigas trenzadas, detrás de ese gesto alguien estuvo moviendo la poderosa máquina de su cerebro y de su cuerpo de modo que todavía no comprendemos exactamente. Algún día se sabrá.


Lo que hemos ido cambiando de ese proceso ha sido el instrumento y el producto con que embadurnar la superficie, la pista de baile  de los dedos: que si con un palo en la arena o en la pared, que si tinta, grafito o pintura…; luego aprendimos a utilizar solo la yema de los dedos, mientras la superficie donde ordenábamos los dibujos para que fueran comprensibles se volvía más nítida, más satinada, más delgada… Las diversas civilizaciones estilizaron el resultado de esa actividad en escrituras codificadas.
Hemos conseguido recientemente suprimir el vuelo de los dedos y sustituirlo por el viaje de los sonidos, la vieja modalidad oral, para que una máquina cumpla la tarea del dibujo, con más perfección industrial y con menos gracia artesana. Mis alumnos se sorprenden de que yo prefiera trabajos escritos a mano en vez del uso de los procesadores de textos del ordenador, es decir, que prefiera y valore la parte artesanal del proceso de comunicación a la parte industrial, riquísima, si se quiere, pero en la que todos pueden dibujar la letra times, la trebuchet, la century o la calixto… cuando en realidad eso no es verdad: es tarea de la máquina, que recoge el trabajo de los diseñadores. Y es válido hacerlo así cuando queremos funcionalidad y objetividad en vez de matiz artístico. 
Vuelan las palabras en las manos y cuando llegan a su destino se van hacia los dedos, que ejercen su tarea como quien hace pan.
Sin embargo, sin embargo, no causan estupor, emoción, risa o llanto por su figura cuando llegan a ser vistas esas huellas por otras personas; y si lo causan, pocas veces es por su forma, sino por el reflejo mental que producen en el lector, que así se llama a quien las recibe y las entiende. Es decir, conmueven o informan cuando se culmina el proceso de vuelta, que normalmente ya no pasa por los labios, sino que de los ojos va directamente al lugar incomprensible del cerebro que antes citaba. Y entonces quien sufre ese proceso puede reír, llorar, salir despavorido, actuar en suma, como una consecuencia de haber finalizado ese proceso, que solemos llamar comunicación.
Dicen que no debe de andar lejos el tiempo en que las fases de este proceso vuelvan a refinarse aun más y un intercambio de miradas sea la comunicación, no en los términos que lo empleamos ahora, basados en la intuición y el conocimiento de la persona con  la que te miras (porque siempre tiene que ser “con”, es decir, cosa de dos o más). No, no: que al mirar dejas la huella de un significado que pasa inmediatamente de unos ojos trasmisores a otros receptores. Ya hemos visto, en ciencia ficción, la posibilidad final: el intercambio de significados –de todo lo que hoy necesita el soporte de la lengua– con algún tipo de conexión mental, una especie de WiFi mental. Y así se puede seguir especulando, sin desbarrar demasiado, porque lo que sí que hemos aprendido de los avances en la comunicación es que casi todo va a ser posible y que ni siquiera conocemos cuáles son las fronteras de ese “todo”. Está bien que así sea. Eso debe de ser lo que antes llamábamos civilización.
Por el momento, siguen siendo las manos las palomas mensajeras y los dedos quienes dibujan las letras; y los ojos los encargados de recoger esas huellas de contorno convenido para llevarlas al lugar donde se interpretan.



Esta extraña meditación a cuento viene de una pregunta que al final siempre me desconcierta: la de las lenguas “naturales” y su papel en este universo de progresos, descubrimientos y alardes. ¿Será la lengua natural “natural” o dejará de serlo cuando el infante mire a los ojos de madre y amigos para que le cambien los pañales o para jugar, porque lo habrá dicho la onda de antes, conectada al Wifi materno con tarifa plana? ¿Y a qué tareas se encomendarán las yemas de los dedos cuando ya no sea necesario teclear?
La contestación a esas preguntas abre abismos: adiós a nuestra civilización, a nuestro patrimonio… Buff. ¿Me llegarán las Meninas sin necesidad de ver el cuadro? ¿Resonarán las canciones de Strauss sin haberlas escuchado nunca? ¿Y por qué intérprete?  La reflexión se va al disparate, claro; y sin embargo procede de un aluvión de textos teóricos que ya están pregonando el final de la era escritural y el triunfo definitivo de la visual, que se perderá, a su vez, como el trigo de las eras, cuando sobrevenga la era mental o la imaginaria.

Voy a dejar aquí mi dogma: no creo que desaparezca nunca la lengua natural, ni la im portancia de lo que "naturalmente" produce, como la canción, la expresión de las emociones... y, si me forzáis un poco, algo de lo que se llama "literatura".

En los viejos congresos de Lingüística se prohibió hablar de los orígenes del lenguaje, que es un agujero negro, como el del futuro de la comunicación humana. Ahora ya no se puede prohibir nada; vamos, se suelen prohibir muchas cosas, lo que ocurre es que no se puede prohibir que uno las piense, las imagine, con lo que la prohibición queda en agua de borrajas. La imaginación empero es como una pedrada, llega hasta donde uno tenga fuerzas para proyectarla.

 
Nuestro equipo de investigación (edoBNE.com) va a comenzar a publicar la nueva época de Manuscrt.cao, revista sobre manuscritos e investigación literaria, con algunas de cuyas novedades (manuscritos inéditos, en este caso: fragmentos de Miguel Hernández, fray Luis de León, documentación de Quevedo...) hemos ilustrado esta noticia, que se cierra con la vieja carátula de Manuscrt.cao, en cuya primera época alcanzó el número VII. 
Daremos noticia inmediata sobre la nueva revista, la nueva época, la nueva gente...

Invitación a la música del verso


No es habitual encontrar en la poesía actual en lengua española una voluntad rítmica y musical continuada en el taller del poeta que, por razones de estética actual –ideológicas– prefiere que no se vean los hilos de su trabajo; de donde fácilmente se va a desdeñar el taller y a  no conocer sus posibilidades, para terminar muchas veces en la ramplonería prosaica.  Es más frecuente ese cuidado formal y esa reflexión métrica en la poesía hispanoamericana, en general, y en algunos círculos de la poesía peninsular. A la prosa llegaron, sin embargo, los buenos artífices después de haber pulido las posibilidades del verso. Por esa razón traigo a noticia ahora la obra poética de un artífice muy consciente de la sonoridad expresiva que puede adornar y canalizar su expresión. Se trata de un poeta  actual, José Cabrera Martos (Jaén, 1977), de cuyos tres libros poéticos (tiene más cosas impresas) doy referencia rápida. He visto y leído que, por la rápida progresión experimental que lleva, ha conocido los lugares fronterizos del verso y de la lengua, lo que bien se puede apreciar en su último libro (Goethica), y he creído apreciar que, una vez que haya consolidado y fijado muchas de sus aventuras rítmico-expresivas, alcanzará la serenidad de la creación plena. Dejo que el lector interesado descubra los rincones de sus versos, y le doy un ejemplo de soneto de apariencia clásica, con rima asonante, en donde sin embargo el ritmo básico es el de 2.5.7.10, es decir, el desdeñado por la tradición hasta que Rubén Darío lo convirtió en dodecasílabo. El buen lector habrá de dejarse ir a otras sorpresas, que ejemplifico con la heterodoxia de los  endecasílabos en 3.8.10: "Nos aguarda con inquietud la noche", muy abundantes, lo mismo que los que ensayan otras nuevas modalidades sonoras; los juegos de rima atenuada con cadencias internas y proporcionadas, los sonetos invertidos, las correspondencias y contrastes de los diversos elementos métricos, etc. El soneto que reproduzco (de ritmo base  2.5.7.10) glosa un conocido verso de Jorge Guillén ("Amigos. Nadie más. El resto es selva"), el que termina el soneto, con nuevo orden sintagmático, precisamente para que consuene con el ritmo que trae:


Amigos, rumor de fronda en la noche               2.5.7.10
incierta de pájaros, si de sombras                    2.5.10
que envuelven clamor de agua en corola,        2.5.7.10 (de-a-gua)
fanales de luz para todo hombre.                     2.5.8 (sin sin. en do-hom)
Nadie más. Adiós, agonizante héroe               1.3.5.10
solitario, frágil. Arena y ola,                              3.5.8.10
adiós. He luchado siempre con todas              2.5.7.10
mis fuerzas. Vencí sin daros mi nombre.         2.5.7.10
El resto era selva deshabitada                        (2).3.5.(7).10
de gajos lucientes. Sol de caverna                  2.5.7.10
que nunca da vida ni luz al alba.                     2.5.8.10
Existe otra vida que da luz y calma                 2.5.(7).8.10
a la pura sombra hosca y perpetua.                2.5.7.10 (sin sin. en bra-hos)
Nadie más, amigos. El resto es selva.            1.3.5.8.10           




Y aprovecho para dar noticia de un libro recién aparecido sobre estas cuestiones, debido a José Domínguez Caparrós, atento experto a la historia de nuestra métrica, que ha engavillado una monografía sobre los endecasílabos dactítilicos, anapésticos o de gaita gallega, que así se llaman los que cantan sobre un ritmo fundamental 4.7.10.

miércoles, 19 de mayo de 2010

La nómina del s. XVIII para el volumen de autógrafos

Víctor Sierra, uno de mis colaboradores más activo y competente, acaba de entregarme la nómina de autores que van a formar parte del vol. III de la Biblioteca de Autógrafos Españoles (ed. Calambur), después de un laboreo meticuloso. Con su acuerdo, publicamos esa nómina por si alguno de los escasos amantes del siglo de las luces –o de otras gentes y otros intereses– quisiera, con sus razones, añadir, quitar o cambiar.

Adornamos la noticia con un autógrafo de Feijoo, y con otro de Lope, más conocido, aunque su relación está por hacer en el caso de los poéticos. Son  inéditos los de Quevedo que ilustran esta entrada.




AUTÓGRAFOS S. XVIII



1.    Melchor Rafael de Macanaz (1670-1760)
2.    Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764)
3.    Eugenio Gerardo Lobo (1679-1750)
4.    Diego de Torres Villarroel (1694-1770)
5.    Martín Sarmiento (1695-1772)
6.    Agustín de Montiano y Luyando (1697-1764)
7.    Gregorio Mayans y Siscar (1699-1781)
8.    Ignacio de Luzán (1702-1754)
9.    Juan de Iriarte (1702-1771)
10.    José Francisco de Isla de la Torre (1703-1781)
11.    José Joaquín Benegasi y Luján (1707-1770)
12.    José Antonio Porcel y Salablanca (1715-1794)
13.    Francisco Mariano Nifo (1719-1803)
14.    Pedro Rodríguez de Campomanes (1723-1802)
15.    Pablo de Olavide (1725-1803)
16.    Francisco Gregorio de Salas (1727-1807)
17.    Ramón de la Cruz (1731-1794)
18.    José de Viera y Clavijo (1731-1813)
19.    Fray Diego Tadeo González (1733-1794)
20.    Vicente Antonio García de la Huerta (1734-1787)
21.    Cándido María Trigueros (1736-1798)
22.    Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780)
23.    Antonio Valladares de Sotomayor (1737-1820)
24.    José de Cadalso (1741-1782)
25.    María Gertrudis de Hore (1742-1801)
26.    Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811)
27.    José María Vaca de Guzmán y Manrique (1744-?)
28.    Felix María Samaniego (1745-1801)
29.    Pedro Montengón (1745-1821)
30.    Esteban de Arteaga (1747-1799)
31.    José Iglesias de la Casa (1748-1791)
32.    Ignacio López de Ayala (¿1749?-1789)
33.    Josefa Amar y Borbón (1749-1833)
34.    Tomás de Iriarte (1750-1791)
35.    Juan Fernández de Rojas (1750-1819)
36.    Luciano Francisco Comella (1751-1812)
37.    Margarita Hickey (1753-1793)
38.    Juan Meléndez Valdés (1754-1817)
39.    León de Arroyal (1755-1813)
40.    Juan Pablo Forner y Segarra (1756-1797)
41.    Joaquín Lorenzo Villanueva (1757-1837)
42.    José de Vargas Ponce (1760-1821)
43.    Leandro Fernández de Moratín (1760-1828)
44.    Gaspar María de Nava Álvarez, Conde de Noroña (1760-1815)
45.    Manuel María de Arjona (1761-1820)
46.    José Mor de Fuentes (1762-1848)
47.    Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800)
48.    Francisco Sánchez Barbero (1764-1819)
49.    Nicasio Álvarez de Cienfuegos (1764-1809)
50.    María Rosa Gálvez de Cabrera (1768-1806)
51.    José Marchena Ruiz de Cueto, Abate Marchena (1768-1821)
52.    Juan Bautista de Arriaza Superviela (1770-1837) 




Poesía española actual (1). José María Micó


José María Micó ha ido lentamente hilvanando poemas, que suponemos que le sirven de fuga libre hacia ese universo de poesía sobre el que ha trabajado (crítica, ensayo, traducción), que le sirven para implicarse como creador, y a  nosotros como lectores, en esa continua reflexión bordeando los parajes de la belleza y su constelación, no siempre gozosa, a la que nos invita el buen verso. Su obra empieza a ser considerable. Se le puede leer en los momentos de fatiga intelectual, dejarse llevar por sus reflexiones que casi nunca alcanzan la pedantería, a pesar del constante juego con los clásicos; canturrear con él alguna milonga, sonreír, viajar, volver a pensar –como todos hacemos, una y otra vez– lo mismo con nuevas palabras, llenar con silencios los versos, ir y venir a la historia y pasearse por sus escenarios. Y cerrar el libro con la sensación de no haber logrado nada nuevo; y volverlo a hojear porque la sensación del lector es que sí que ha dicho algo de lo que queríamos oír.  Me gustaría subrayar la calidad "formal" de sus versos, lo que no quiere decir alarde, sino ropa adecuada, que no se note demasiado, como su voz, que sin embargo es inconfundible. La enumeración de obras que sigue enlaza con su página y con cada una de sus obras.

Silbo sin aire  (de Verdades y milongas, 2002)
Yo nací sin mujer
el tiempo luego
fue y me la puso al lado
se olvidó de explicarme que las cosas
como vienen se van
que él mismo se las lleva
con invariable indiferencia
con el despego con que nos raciona
el ciclo de la luz
con la apatía con que nos despliega
este mapa de sombras cotidianas
flores de un día iguales a otras flores
y a flores de otros días
que brotan de repente
como una noria quieta
igual que llega un hijo
y otro hijo y un perro
que gimen o que ladran
sin saebrlo y que un día
cuando giman otros niños
y ladren otros perros
volverán a no estar
cuando todos nosotros
quiero decir tú y yo
nacidos de mujer
padres tal vez de alguna mujer nueva
que el tiempo entregará postizamente
a quien no la merezca
gimamos y ladremos
creyendo que hemos sido
bestialmente felices
y que estaremos juntos
también cuando la muerte nos separe.
***

De esta silva moderna, que se mueve entre lo trascendental y lo irónico, sin desdeñar lo coloquial, nos vamos a otros versos de La sangre de los fósiles (2005), en donde se anuncia un ciclo "De senectute", más poético que real, claro:

 
Con el vigor reflejo de una fiera,
el cuerpo de esta joven
te hace saber que esperaba otras manos,
que las tuyas no sirven,
que tu lenta caricia ya es obscena
antes de ser caricia,
que tus manos
son de un hombre que acude
con pesadez de mano enflaquecida.
Ahora y aquí,
en la espesa vigilia,
hundido ante el espejo, me contemplas.
 ***
Y nos despedimos con dos ejemplos más de una poesía, que él frecuenta, reducida a casi sentencia, y que en este libro último, al que pertenecen, se califican como "fósiles":
 
Erguidos en el fondo del paisaje,
los árboles ofrecen
una falsa impresión de permanencia.
***
Si el tiempo existe,
no es necesario que la muerte acuda.

martes, 18 de mayo de 2010

Una de cal y otra de arena, de "China destruida"

 1
Cada vez que te vas pierdo las gafas
y es inútil buscarlas, amor mío;
no sé que está pasando con mis gafas
desde que decidí vivir contigo…;

las gafas y las llaves y el reloj…
bueno, ayer no encontré los calzoncillos,
eché sal al café, llamé a mi puerta,
guardé un trozo de pan en el bolsillo…

Esto ya no es vivir, es la desorden,
es la sensación de que me he perdido
y que en el corazón tantas ausencias
trastornan la razón y los sentidos

No vuelvas a marcharte, que ando ciego,
sin gafas, sin reloj, sin calzoncillos.


2
como la hierba que la luz olvida
y arraiga lentamente     poco a poco
como la lluvia que la tierra empapa
sus manos     y sus risas     y sus ojos

como si cuando     desde siempre entonces
como si nada ya fuera más hondo
cerca muy cerca se ha tendido el tiempo
que ya no duele tanto entre nosotros

para que fuera donde van los sueños
de nube a tierra     de montaña a pozo
ha sobrado lo que a la vida falta

saber que estás donde mi voz te puso
venir al lado a recoger cansancio
mirar más lejos     descender tan pronto

Lazarillo (7): Don Diego Hurtado de Mendoza


Esta vez traigo al cuaderno de pantalla casi solo la ilustración de un manuscrito, el autógrafo final de DHM, para que se vea su letra grandota e irregular, desencajada en este caso por la proximidad de la muerte. Pertenece a un fragmento del codicilo testamentario de don Diego, que algún día nos dará transcrito Mercedes Agulló (está inédito). Solo hacía unos días que le habían amputado una pierna, cancerada, mientras, como anestesia, rezaba el rosario. Cuando Mercedes nos pidió que le mandáramos una copia del libro de enterramientos, en Madrid, para su trabajo sobre don Diego, la investigadora a quien encomendé la tarea, Almudena, así lo hizo, y la enviamos rápidamente, algo extrañados de la parquedad de la anotación, pero sin examinar el texto adecuadamente; Mercedes nos llamó enseguida, al recibirla, porque le habíamos enviado la que correspondía a la pierna, no al cuerpo, que encontramos en el mismo libro, pero cinco días más tarde. La resurrección de la carne provocaba estas cosas.



Quien guste de ver las letras de los autores clásicos españoles puede acudir al volumen I de la Biblioteca de Autógrafos Españoles (el II está en prensa, el III en preparación), que es una de las tareas del grupo edobne (edobne.com; véase la página lateral), en donde trabajan y se forman mis alumnos de la UAM, en esta ocasión, la de los autógrafos, bajo la batuta de Carolina Fernández, una de las integrantes más veteranas del grupo. De dos de las cosas antecitadas daremos breve noticia estos días: del índice del volumen de autógrafos del siglo XVIII, que se prepara bajo la dirección de Víctor Sierra; de los investigadores que conforman el grupo Edobne en la Biblioteca Nacional de España, que eso quiere decir EDOBNE ("Edad de Oro en la Biblioteca Nacional de España").

Deixa que els mots madurin...

Deja que las palabras maduren. El verso de Susanna Raffart me pedía que no escribiera ahora las impresiones de los últimos días, que me han llevado desde (presentación del libro) los diálogos sorprendentemente coloquiales y poéticos de Blas de Otero (Hojas de Madrid con La Galerna) enhebrados con pasmosa sencillez en los últimos cartapacios que ordenó Sabina de la Cruz para su publicación, hasta los versos azules de sonoridad mediterránea que me he traído de tres días en Barcelona, oliendo el chocolate de los algarrobos del Tibidabo, paseando por la luz de Sitges, con sus balcones floridos, adivinando la noche de los veranos, ya próxima.
"Si no fos en secret", como titula uno de sus libros Màrius Sampere, no me atrevería a recordar en voz alta versos de sonoridad que me deleitan, pero que no sé reproducir: "Cada cor és un minut / que dura tant com una vida; cada vida / un cor que bat durant un breu minut". ¡Qué sensación de riqueza y de plenitud saber que suenan y suenan en otras lenguas las voces de la poesía, intentando decir lo que no se alcanza fácilmente más que cuando se acerca uno al vértigo de la creación! Traduciré algunos de estos poemas (de Joan Vinyoli, del propio Sampere, de G. Gorga, de Riba, de S. Rafart...), aunque solo sea por el deleite de andar enredando entre sus versos hasta encontrarlos una forma semejante en otra lengua. Estar entre los versos. Qué más da.

 
"... y el aire desordenará tus cabellos
 y yo me moriré de nada"



..... 
 Com m'agrada escriure en una llengua
que diuen que es mor.
Quina sensació de pau i alleujament
portar-la de baisada cap als aiguaneixos,
l'obaga, l'entrecuix, la santa dona
de les primeres clarors.
......  (M. Sempere).


Algarrobos en el Tibidado





.......................................
El aire se serena, remansada
música suena de acordes serenos.
No moverán la hoja sostenida
con mis dedos, la rama amanecida
en medio del camino de mi vida.
Y viste de hermosura el pensamiento,
serenidad, perennemente unida
al árbol de mi vida a contra viento.

(B. de O.)

lunes, 17 de mayo de 2010

"El Alborg". Hernán Valladares




El pasado 5 de mayo murió Juan Luis Alborg. Sus cinco tomos de Historia de la literatura española, y en particular, en mi caso, el tomo I, «Edad Media y Renacimiento», forman parte de mi vida. Como puro objeto lo ha manoseado tanto y tanto lo ha visto uno que es como un pie propio, con sus cinco dedos.  No conoce uno sus pies con detalle, porque no los observa con curiosidad de entomólogo; pero sí los reconoce uno como suyos sólo con verlos de soslayo junto a los pies de otro, siempre más feos y demasiado extraños. Además, te ayudan a caminar considerablemente, como ayudó el Alborg a caminar a nuestros rudimentarios conocimientos sobre literatura española. Estos tomos se convirtieron en su día en manuales académicos a los que algún profesor de la universidad nos condujo alguna vez. Tras ojearlo en la biblioteca de la "uni", tras zambullirse en él y comenzar a tomar notas, uno decide empezar a comprárselo, poco a poco, por el precio; para eso son cumpleaños y Reyes Magos, para seguir con el ciclópeo menester (más en tiempos de estudiante) de hacerse con los cinco tomos. Poseerlos. Aquí están, siempre junto a nos, a la diestra. En sus páginas he encontrado inspiración fugaz para invisibles y megalómanos proyectos literarios o académicos. Todavía, algún día, pueda realizar alguno de los primeros, como escribir una novela donde se hable de la vida de Alfonso Álvarez de Villasandino, poeta borrachuzo, casi mendigo, mercenario de la palabra al mejor postor, el François Villon hispano; o una novela donde se ponga en danza todo ese mirífico, extravagante, brutal y refinado mundo de la España del siglo xv, con su amplio cortejo de poetas, amantes, nobles, proezas y deslealtades.
Después, cabe la discusión con el autor, pues aunque se haya ido de este mundo, o precisamente por ello, siempre encuentra uno la posibilidad, –imposible con seres de carne y hueso– de vivir en conversación con los difuntos y de escuchar con los ojos a los muertos.
Caces, 15 de mayo de 2010

[Hernán Valladares es escritor]
            






miércoles, 12 de mayo de 2010

Berenjenas

Berenjenas. Hoy el gobierno socialista ha decidido bajar el sueldo a funcionarios, pensionistas, trabajadores… Por lo visto la situación económica se ha deteriorado de modo salvaje y solo de esa manera se va a estabilizar, para que las cosas vuelvan a su sitio. ¿Y quién se habrá quedado con todo lo que dicen que ahora falta y hay que rebañar? Esas gentes a las que se les va a atar corto. Berenjenas. Yo esta tarde la voy  a dedicar a indagar cómo se preparan unas buenas berenjenas, que es la hortaliza que más me gusta y que peor cocino. Porque después de cuarenta años de funcionario y con la acometida que viene sin saber muy bien por qué, creo que voy a investigar lo de las berenjenas. Aubergines. Tengo bibliografía francesa e italiana, porque me han dicho que las sicilianas, las provenzales y las magrebíes son las mejores recetas. Tarde es para aprender árabe; pero a lo mejor… Algunas veces tomé una especie de crema deliciosa, pero no me quisieron descubrir la receta. Anda todo muy oscuro, particularmente el detalle de por qué se han cebado los recortes con seis millones de “menos favorecidos” que nada han hecho para acentuar esa miseria, que deambula por los despachos de políticos y magnates sin que podamos ver su cara. Berenjenas, berenjenas. Y en el mientras tanto las gentes más simples entregan la mitad de su nómina a los bancos, que para eso inventaron el baile de pisos e hipotecas. Va siendo difícil entender lo que pasa y hacer una buena receta de berenjenas. Y yo sigo viendo la misma riqueza que antes, los mismos bienes que antes, los mismos bancos que antes, la misma corrupción que antes, los mismos políticos que antes, los mismos desheredados que antes, el mismo problema con las berenjenas. ¡Cuántos coloquios políticos van a generar estas medidas!  ¿De qué modo y sutil manera y elegante se ha llegado a construir esta curiosa red en donde se mantiene por arte de birlibirloque un sistema, cada vez más podrido, en donde cualquier deriva daña a los más humildes y mantiene el privilegio de los más poderosos? ¿Y cómo ha podido este sistema asumir con tanto desparpajo la representación de palabras como democracia, representación, parlamento…? ¿Cómo devolver la nobleza y la efectividad a esos términos sagazmente cubiertos de escoria? Berenjenas. Se aceptan recetas, que no sean las de siempre, las rellenas o las rebozadas; recetas nuevas.