Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 4 de octubre de 2019

时光一去不复返


时光一去不复返 (el tiempo del pasado no se puede recuperar)


Como es el último día, me he ido a uno de los parques más cercanos, que se llama “parque de la juventud”, a tan solo un par de kilómetros, y después de atravesar un mercado -me he comido un plátano- me he sentado en una especie de invernadero, pues empezaba a llover, con calor, lo que es típico de Taipéi.


He aprendido bastantes cosas en esta capital, en la que mucha gente vive, prácticamente, fuera de sus casas, pues el tiempo lo permite; pero he aprendido sobre todo a saber que la culpa de quienes obraron mal e hicieron daño ha de pagarse o redimirse, y que un modo de pago es el conocimiento real y su inserción en la historia, la enseñanza. Solo así entiendo el ideario colectivo de chinos, japonés, filipinos, taiwaneses.... 

  
Me están devorando los mosquitos, invisibles. Voy a salir a comprar un -otro- paraguas, que luego tiro (cuestan un euro).
Y el caso es que conocimiento e historia -que van de la mano- exigen un esfuerzo, que veo por todos lados -también entre mi gente- que resulta vano. Hasta tal punto se fomenta la simplificación y respuestas de la gente, que gran parte de la humanidad vive de espaldas a lo que significa conocimiento  e historia: millones de personas entregadas al brillo de una pantalla, por ejemplo de teléfono, en donde se disponen figuras y colores. La imaginación se entrega a esa tarea, rutina que le anula todo lo que hubiera podido ser condición humana, es decir, lo que llamamos civilización. Quienes crearon ese entretenimiento -como otros muchos, claro- sabían lo que hacían. Y de ahí viene el empleo bastardo del término “cultura”.



Taiwan se ha convertido en un lugar de mercado, donde todo se compra y se vende, por imposición de la cultura norteamericana, que ha invadido casi todo. Casi todo, porque la Biblioteca Nacional de Taiwan estaba llena, en domingo.
Es maravillosa la resistencia de la condición humana, su avidez de saber y conocer, su capacidad para intuir la insatisfacción, la manipulación, la mentira,
Los mosquitos han acabado conmigo.
Los arrozales de Yilan terminan la entrada.











martes, 24 de septiembre de 2019

En la Biblioteca Nacional de Taiwan




Hoy ha sido el día de la Biblioteca Nacional de Taiwan, en Taipéi, un vicio inevitable que nunca puedo resistir, pues me he educado a través de lectura y libros, y no me puedo desprender de que en ellos -libros y lectura- estriba uno de los modos, al menos, de alcanzar a saber algo y de adquirir el arte de pensar. Habrá otros.

La BNT es espléndida, también en el uso que de ella se hace, pues el salón general estaba lleno, de gente mayoritariamente joven, supongo que estudiantes. 

Me han dejado visitarla a fondo, aunque la planta de reservados, como domingo, estaba cerrada. Impresionante la sala del quinto piso, la Mateo Ricci, dedicada a estudios del Pacífico. Conozco pocas lugares en donde se haya depositado tanta publicación sobre el tema que me interesa; en Barcelona, la sección sobre China de la biblioteca Pompeu Fabra, que probablemente formó mi admirado colega Manel Ollé. Me he apresurado a escribir a Shi, que con él hace la tesis allí, para instarle una vez más a que amplíe y profundice el campo. La desatada bibliografía, sobre todo inglés y francesa, que se sigue publicando sobre ese tema, sigue basándose en recolectas, comentarios, repertorios, crítica, etc. sobre fuentes originales, que suelen estar en portugués, español o latín. Y eso es lo que todavía puede permitir el progreso  en dichos estudios: trabajar con fuentes que, al menos durante más de un siglo (desde 1511), suelen seguir inéditas o escasamente trabajadas.

La serie fotográfica muestra varias tomas de la BNT, incluyendo su final, unos fideos recalentados, de cincuenta céntimos, que el investigador se tomó en la planta sótano de la Biblioteca, para reparar el espíritu.
Reparado el espíritu con el postre de un helado, el investigador, salió fuera, frente al excesivo monumento al general Chang Kai. Cheng, que me río yo de Felipe  II y de Franco, sobre todo después de haber visitado su última casa en Qingdao. Lo atravesé, sin detenerme demasiado, para ir al gran parque de Taipéi, en El Barrio de Dan, En donde escribo esta croniquilla, sentado en un banco, con una taiwanesa al lado -se sentó luego-, que por ahora no departe. Habré de tratar del precioso barrio (lo llaman distrito por contagio americano: "qu") de Dan, elegante, animado y diverso.
La juventud de Taiwan enhebraba bailes de moda en la gran explanada del monumento al general nacionalista, sin tener conciencia clara, al parecer, de lo que aquel recinto significaba en la historia de su país. También de eso habrá de tratar con mayor cuidado, pues era uno de los muchos aspectos interesantes de Taiwan.


Termino con varias fotos de la BNE, en una de cuyas vitrinas se exponía el grabado de la granada.









sábado, 21 de septiembre de 2019

Yilan, museo de arte

Encabeza esta entrada uno de los muchos comercios de flores de Yilan, porque en ellos se ve la mayoría de las plantas que nosotros tenemos en casa, en Europa, y que para ellos son "de exterior". Y luego siguen varias escenas del callejeo por este "condado" (así se llama), en donde hay poco que ver, a no ser los continuos arrozales de los alrededores, un museo,  y la marcha de la vida cotidiana.
Las fotos recogen, además de la visita al museo, un paseo desenfadado por la ciudad: la envidia de la variedad de flores, las viejas calles, la frutería, como se hacen y fríen los churros, la estación, los árboles con su identificación, etc. Ya se sabe que en Asia, casi todas las camisas son de Adidas, Kalvin Clein, etc. y que se pueden comprar en los mercadillos por poco menos que un euro cada una.

Como en muchos lugares de Asia, las camisas siempre son de Adidas, Calvin Klein, etc. y se venden a un euro cada una
El largo recorrido por la isla (Taiwán, Formosa) ha tenido que cambiar el próximo fin de semana, desde Yilan, en donde estoy, había de ir a Keelung, en donde una expedición de españoles, alrededor de 1600, empezaron a trabajar en minas de oro, que, por cierto, aún existen. Pero hacia Keelung se dirigirán gentes de todos lados, para aprovechar playas y paisajes, llenando y encareciendo hoteles. He resuelto que viajaré a Taipei, que está cerca, a una hora, y desde la capital tomaré un tren de ida y vuelta para asomarme a Keelung y a una estación de ferrocarril junto al mar, Badouzi, recién reabierta, si me da tiempo.





En Yilan he aprovechado para ver un museo, de un retratista local de calidad (+2013) y para charlar con la gente, que es francamente cordial, pues la ciudad poco tiene que ver, cerrado el parque junto al río y a pesar de una flamante universidad. El Museo, empero, está semivacío.
A media mañana me ha sorprendido un mensaje en el teléfono con una alerta de terremoto, que luego me han explicado que era un ensayo, para que los tawayanos estén alertas: no hace ni dos años un terremoto de 6.1 destrozó a un hotel de seis plantas en Hualien, y mató a gente.


















Tren entre Hualien y Yilan


La peculiar orografía de Taiwan convierte a cada viaje en una aventura: un enorme macizo montañoso en todo el centro de la isla y zonas costeras que rodean las montañas, algo más amplias a norte (donde está Taipe) y al sur. 
Cuando uno viaja en tren –y siempre lo he hecho en Taiwan– si atraviesa la isla se ve sorprendido entra la zona montañosa y el mar, tan estrecha veces –como al oeste– que el tren va por túneles y puentes, rozando los acantilados, como ocurre –y es famosa– en el condado de Hualien.