Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 24 de agosto de 2011

Inquisiciones al joven filósofo (III)

si llega rachmaninof por la tarde
habrá tristeza y se vendrá nolstalgia
un mar de sensaciones que anda cerca
lo que a la sombra va de las palabras

si viene rachmaninof –la segunda–
misterio de la vida que se escapa
no quedará sino mirar bien lejos
sin saber lo que fue ni lo que aguarda

y no habrá modo de seguir la tarde
ni averiguar por qué tanto nos daña
terminarán los versos como todo
con la rima asonante de la nada

y ha venido a la tarde rachmaninof
¿quién puede explicar lo que nos pasa?



Nocturno

Noches de la vejez, poco cantadas,
tan llenas de poesía y de belleza;
a media noche, urgentes, cortas meadas,
tropezando en el baño con torpeza.

Despertar de la tos las madrugadas,
¿dónde fueron legañas y pereza?:
deberían de estar iluminadas
las llaves de la luz en la maleza

de sillas, libros, lámparas y mesas;
trampas mortales las habitaciones,
huyen las gafas sin contemplaciones.

No sabes bien, edad, cuánto me pesas.
Oscuro. Gafas. Me hago pis. ¡Cojones!
¿Quién puso en mi camino los jarrones?












Santiago del Lago y folganzas varias


He aquí un ejemplo sencillo de hito en el camino –inglés– de Santiago: la parroquia de su nombre en Lago, que es una población pequeña, en el camino de Cedeira a Ferrol, a poco de dejar Valdoviño, mirando hacia el lago Frouxeira.


El lugar reúne varias cosas interesantes: el lago es una reserva natural y el lago, el más profundo de los varios que hay en esas costas; estos mismos días, en la playa de Pantín, por ejemplo, se ven cruzar bandadas de aves continuamente, al parecer inician la emigración hacia el sur. El mar de Valdoviño y de Lago es un atlántico abierto, algo desmesurado, con playas muy extensas, normalmente vacías –excepto, los días de sol el rinconcito del baño–, que va dejando en el camino castros, menires, cruces, capillas, ermitas.
Cruzar cerca del mar estas tierras, en la antigüedad, debía de ser aventura peligrosa, de manera que el buen camino trascurre un par de quilómetros hacia el interior, y es allí donde se encuentran los hitos del camino de Santiago. Sí hubo desde el siglo VIII ataques de piratas y de moros en la costa, por lo menos hasta que el obispo Gelmirez –siglos más tarde– construyó una pequeña flota, para defender el comercio; pero no fueron tan frecuentes como en el Mediterráneo. En realidad las poblaciones medievales se fueron al interior, en tanto que las autóctocnas más antiguas –no lo sé las de los asentamientos godos, de los suevos y de los vándalos– no solo estaban en la costa, sino que a veces parecían organizar el castro en islotes, peñas marinas, lugares que sin duda trataba el mar como ahora: con temporales y destemplanza.

Pues en ese camino interior se encuentra –hoy se ve desde la carretera secundaria que va a Ferrol– la vieja parroquia de Santiago del Lago, que he visitado. Se conserva muy bien, con culto todavía, desde luego, y un Santiago matamoros en andas, para sacarlo en procesión, encima de una mesa. Menos belicoso es el Santiago peregrino de la fachada. Es una iglesia pequeña, probablemente de finales del siglo XVI o comienzos del siguiente, a juzgar por la construcción y los dos retablos barrocos, uno de ellos lateral. Indudablemente ha sido ligeramente retocada (¿los techos, las crujías?) para preservarla. Véanse las fotos que hice.
De la literatura local extraigo un cantarcillo medieval –una canción paralelística, de las estudiadas por Eugenio Asensio– del trovador Fernán Esquío o Fernán do Lago, que también vio pasar las aves y, como estaba enamorado, se fijó en ellas, que el amor hace mucho para observar estas cosas:

Vaiamos, irmana, vaiamos durmir
nas ribas lo lago, ú eu andar vi
as aves, meu amigo.

Vaiamos, irmana, vaiamos folgar
nas ribas do lago a eu vi andar
as aves, meu amigo.

Después de cantarla me desvié hacia el mar, buscando el faro nuevo –del que ya he hablado– por las inmensas dunas de la playa de Lago. No había ni un alma –el día era gallego, es decir, nublado, pero sin lluvia por el momento– y la sensación de soledad ante una naturaleza grandiosa se hubiera podido combatir invitando a folgar a la irmana.

Playa de Lago
Todo terminó con un café caliente en el café  Blablabla de Ferrol, servido por una bellísima y rotunda camarera a quien no me atreví a cantarle la canción de Fernán Esquío. Vaya.

Al fondo, el faro frouxeira

martes, 23 de agosto de 2011

Canciones del verano

Ya sube el brezo lomas y laderas
y señala los caminos del verano
ya sus flores moradas entre zarzas
se descuelgan menudas como granos

que agosto muestra perezoso y dulce
mientras calla que somos y pasamos
y que se irán como han venido en breve
y dejarán la cuesta, el altozano,

para que octubre su carrera cumpla
y el invierno nos lleve a cabo de año;
pero ahora el brezo recoge su color
nos da para el manojo y para el ramo

que en la mesa donde escribo dice
que fue, que ha venido y que nos vamos.



El camino (inglés) de Santiago




Por fin hoy, con las lluvias, he intentado hacer el doble camino inglés de Santiago, que así se suele llamar porque quienes de Inglaterra venían, en barco, desembarcaban en alguno de los grandes puertos del norte de Galicia, normalmente Ferrol o Coruña, para luego caminar por la costa hacia Santiago; se suele añadir que luego no se volvían –como otros muchos peregrinos– sin visitar Finisterre, es decir, sin intentar alcanzar el extremo ­–alguno de los extremos– de las rías altas, lo que les llevaba a Cabo Prior, el extremo norte de la ría de Ferrol, o a San Andrés de Teixido, el extremo de la ría de Cedeira: si por allí se iba cada día el sol, que luego reaparecía por oriente, después de su viaje nocturno, renacido, el viaje significaba algo como ir al lugar donde todo se acaba, un modo de acercarse al final de la vida. No es extraño que de tales experiencias y en aquellos lugares surgieran continuamente leyendas, creencias, supersticiones, que con el tiempo se fueron adaptando a su formato cristiano, por más que megalitos, castros, petrigrafías, etc. documenten inequívocamente que en aquellas tierras la desaparición del sol por el occidente fue siempre uno de los mayores misterios. De hecho una mitología semejante recorre todas las costas del occidente europeo, pasando por Bretaña, Escocia, Islandia, Noruega, etc. Tenemos los mismos dioses con diferentes nombres.


La leyenda de San Andrés de Teixido está estrechamente vinculada a ese misterio y a esas creencias, y sobre ella convergieron –como ya expliqué– mitologías de los pueblos primitivos, de los romanos, medievales.... que han terminado por mezclarse de modo tal que solo una lenta y paciente reconstrucción histórica –con documentos en la mano– podría desenredar esa madeja. Nótese, por ejemplo, que hasta elementos de las leyendas artúricas están presentes en la historia de localidades como Cedeira o Valdoviño. Muchas calles de la primera llevan nombres asociados a la leyenda de Lanzarote del Lago (del lago Frouxeira podría ser).

vista de la costa desde el faro Frouxeiro (obsérvese la ermita)
Muy, muy mezclada leyenda, historia, creencias, religiosidad.... De manera que el viajero ha optado por, después de empaparse de papeles, ir a todos esos lugares y ver al menos el escenario, que puede que no haya cambiado mucho.
Ha cambiado mucho el escenario. No he podido recorrerlo limpiamente, ni siquiera con el texto descriptivo y seco de fray Martín Sarmiento, que lo recorrió a mediados del siglo XVIII. Toda la zona se ha convertido en una próspera región de veraneantes o residentes que han derramado casas, fincas, pazos modernos por todos los lados. Galicia –al menos esta– no es una región deprimida y triste, sino deseada y privilegiada para quienes todavía buscan clima suave, tranquilidad quizá, naturaleza, lejos de los desiertos de cemento que han destrozado todo el litoral mediterráneo. En algunos casos la región es un museo privilegiado para alguna época, por ejemplo, Ferrol lo es para apreciar la elegancia arquitectonica del siglo XVIII, pareja a la tan olvidada de Madrid (Palacio Real, Salesas, San Miguel....) A ver si me da tiempo a ilustrarlo.

Capella de Santa Margarida
El viejo camino pasaba por la Capella de San Cristobo, Doñinos, Capilla de Santa Comba, Pena Molexa y Pena Lopesa, Capilla de Santa Margarida, Capilla del Buen Jesús, Santiago del Lago, San Pedro de Loira –allí se unía con el camino interior, que arrancaba del monasterio de Xuvia e iba por el Monte de Nenos, para luego buscar la capilla de Lineira, Porto do cabo y pasando por Piñeiro y la capilla de San Roque (en Reboredo) alcanzar San Andrés, en donde confluía con la otra que, a partir de Valdoviño, seguía cerca del mar bordeando Pantín e iba, por Cedeira, por mi casa,  Regoa, la Sierra da Capelada y también San Andrés, en donde les esperan las barcas que les lleven al más allá. Pero ese es otro cantar.
Es difícil encontrar las huellas del viejo camino entre tantas casas lujosas: muchas veces, además –y lo he comprobado– se recuerda el “aquí estuvo”. En los momentos más interesantes, por ejemplo en Val, unos indicadores –flechas verdes– te invitan a un recorrido etnográfico e histórico que no suele llevar a ningún lado, sino campo traviesa.

Pazo Libunca
He dudado si seguir puntualmente el camino en este breve relato o indicar lo más sustancial. Y al final he resuelto por indicar, en entradas breves, lo esencial, para resumir en alguna otra entrada –ayudado de mapas y gráficos, que voy a reproducir ahora– el itinerario. Y así, de todo lo que hoy he visto: Valdoviños, Lago, Meirás, el faro punta Frouxeira, Val, Santa Margarita, Pazo Libunca, etc. lo que más me ha impresionado ha sido el escenario natural de punta Frouxeira –el más septentrional de la península que sale encima de Ferrol, donde se ha levantado recientemente un faro –que es claramente una versión moderna de la Torre de Hércules, romana, de la Coruña: la vista de acantilados y mar es casi dramática, con Meirás y sus playas a la izquierda, y con el lago Frouxeira y la playa de Lago –inmensas dunas– a la derecha. Todo aquel paraje estaba prácticamente desierto (alguna caravana perdida), pero había restos de enormes construcciones en piedra –¿castros?– al lado del faro y se levantaba una pequeña ermita a lo lejos, encima de alguna de las calas. No sé si era la “ermida do porto” u otra, pues no pude llegar a ella por ningún camino.

Cruz, donde estaba la "Pena embade" 
Al otro extremo de estos espacios naturales –y en pleno camino de Santiago– he visitado el Pazo Libunca, que en algún lugar había leído que tiene un jardín botánico. Me he encontrado con una casa grandota de aire modernista (es de 1920, del catalán Juan S. Roig), decorada generosamente con buena cerámica de Talavera –con tipos gallegos– y con un jardín, bien, hermoso por un par de árboles –entre ellos un enorme texo–; pero nada más. Toda la zona, en lo que es alojamientos –hoteles, restaurantes, etc.– parece estar muy de capa caída. El Pazo es un hotel de cuatro estrellas, que quizá no tenga los alicientes que el turista actual busca y que, por otro lado, no tenía abierto el restaurante ni lunes ni martes; y había que irse a comer a Narón o a Ferrol. Y allí al lado se anunciaba “la pena de embade”, que hubiera debido ser algún tipo de megalito; pero allí solo había una cruz –la de la foto–, que además debe de ser relativamente moderna (¿del siglo XVIII?). Eso sí, cerca, en Ancos, Revolta, Vicos.... restos de castros antiguos, es decir, de agrupaciones auctóctonas –no necesariamente celtas, desde luego–probablemente anteriores a las colonizaciones romanas.



He recogido mucho material de todo tipo: documental, fotográfico, botánico, humano.... que quizá aproveche en otras entradas, por ejemplo hortensias sumamente oscuras (las de las fotos) y la hermosura de los valles de Val, en donde niebla y sol se disputaban el día. 
Me gustaría tanto que San Andrés me llevara en su barca de piedra....


lunes, 22 de agosto de 2011

Inquisiciones al joven filósofo (II)





valle en Val
SOBRE LA CONTRADICCIÓN DE LOS CONCEPTOS


Me gustaría preguntar, Vicente,
si no se da contradicción verbal
cuando escribo con sumo desparpajo
“intensidad de la melancolía”,

ya que se repelen los dos conceptos
y la melancolía se señala
por ser una tristeza indefinida,
la fachada burguesa del dolor,

que ya sabemos que resulta indigno
que se extraiga del recinto oculto
donde residen todas las pasiones,
los verdaderos nervios de la vida.

Niebla sobre las playas de Galicia.
Intensidad de la melancolía.


A Ivana

Ivana tiene voz con melodía
del sitio donde dice que nació,
con el pan que le compro cada día
cada día alimento el corazón.

Ivana se ilumina por los ojos
y lleva en su mirada una canción
que me endulza la vida unos segundos
al recoger el cambio que me dio.

Cuando acabe el verano y nos marchemos
se irá con todo lo que se alejó
dejándome la herida de sus ojos
y la pena final de la pasión.

Necesito más pan para esta noche,
el de hoy por la mañana se acabó.