Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 31 de enero de 2013

Firmas, movimientos sociales, impotencia....

No sé a qué papelera terminarán por arrojar las firmas que se recogen para lograr enderezar, corregir, enmendar, protestar..... Sí que creo que la indignación de la gente "normal" contra la oleada de abusos, injusticias e incongruencias se está desbordando por todos los lados y que puede terminar por algún sabe dios qué. Cada uno de nosotros, además, se siente cada vez más identificado con el abuelo al que desahucian, el ratero al que condenan a varios años de cárcel frente el desparpajo impune de los que amasaron millones protegidos por las llamadas "entidades financieras", la multitud de gente humilde y sencilla a la que se echa al paro en tanto se mantienen –y aun acentúan– los privilegios de las clases poderosas; la ceguera –o el interés– de la mayoría de los políticos que siguen apoltronados y "transparentes", es decir, que enseñan la transparencia de sus dietas, sueldos, gajes y comodidad. Y en ese contexto, un escándalo más, el llamado Bárcenas, que nos deja con una mueca macabra más allá del desengaño. Quien tendría que expulsar a esa misma gentuza son los mismos que se llenan los bolsillos e ignoran la situación real de la gente. 


Hoy me ha llegado, vía una org. que envía esas propuestas desde los cuatro rincones del mundo, la de firmar un "que se vayan", y lo he firmado, como tantos otros, con la seguridad de que nadie se va a ir si no le meten en la cárcel, en donde no están Camps, Bárcenas, Mata, el yerno del rey.... ¿y cuántos más? ¿Dónde está los que saquearon los bancos, o los que mintieron sobre su situación? ¿Dónde están los que se aprovecharon de su paso por la política para el nuevo chalet, la cuenta en suiza, el paraíso fiscal, la falsa entidad....? ¿Qué están haciendo con la Sanidad, la Justicia, la enseñanza, los servicios públicos....? ¿Quiénes y de qué manera, a nuestra costa, van a enriquecerse ahora con todas esas llamadas "privatizaciones"? ¿Por qué se va a obtener el dinero, que dicen que falta, de ese proceso y de los despidos y no de los altos sueldos de los consejeros, por ejemplo, nombrados a dedo, de los centenares de sanguijuelas que se enriquecen a costa de todos? 
La he firmado no porque se vaya a ir nadie, así se lo pidan más millones de firmantes, sino porque esa firma es un hilo más de esa solidaridad colectiva, ciega, sorda, que termina por unirnos en desolación, pero también en rabia. Y porque sabemos que entre las pocas cosas que nos dejan hacer se encuentra esta: acusar recibo y dar noticia, extender, propagar, comentar, allí hasta donde podamos. La solidaridad y la expresión es un hilillo de esperanza, que también habrá que defender.
No le aconsejo a nadie que se pasee por ese museo de la indignidad y la injusticia que es esa página: https://www.change.org/es/peticiones/un-millón-

En donde se pide el derecho a conducir de las mujeres saudíes; que los franceses terminen con los
con los pesticidas aéreos; el fin de la corrupción en los carnés de conducir en India; que se pare un desahucio de una abuela en Mallorca;  que Ecuador cierra las clínicas de tortura a lesbianasOmar Kahdr sea repatriado de Guantánamo; etc. Algunas de ellas, al parecer, logradas (¡¡¡¡).

Aunque quizá no quede más remedio que seguir enganchado a ella y persistir, denunciar, firmar. Una de las pocas cosas que podemos hacer quienes no pertenecemos a esa clase que hubiera debido evitar primero, subsanar y denunciar después, corregir y penar finalmente, de modo público.




miércoles, 30 de enero de 2013

sermón de la armonía


me gusta que te vistas con mi ropa
que ocupes el lugar en donde duermo
que pruebes en el plato donde como
que no sepas qué hacer cuando te quiero

me gusta que te quedes a mi lado
la invasión de tus manos en mi cuerpo
que me digas que has dicho lo que piensas
encontrarte desnuda si despierto

me gusta que eso irrite a los decanos
que nos tachen de sucios y perversos
que no sepan qué hacer cuando me tocas
ni sepan si mirar cuando te beso

me gusta ser contigo como somos
me gusta que me quieras como quiero

Hojas de roble


hojas de roble para tu desnudo
estrellas en los árboles maduras
hay una que se queda sobre el pecho
y varias que no cubren lo que ocultan

junto al vello se enreda una pequeña
más nervado su envés y más oscura
a tu cuerpo ha venido la belleza
voy quitando las hojas una a una

son las manos que llevan los deseos
las que trazan tu cuerpo y lo dibujan
las manos volverán con pensamientos
que por pasión se olvidan de ternura

río encendido que mis labios beben
la noche abierta   se entregó la luna



Claustros salmantinos

Patio de la universidad


Palacio Fonseca

Después de pasear por el Palacio de Fonseca cualquier claustro podría desmerecer, al lado de aquella perfección artística, armonía de piedra para recoger el frío; sin embargo, cuando de mañana recobré el itinerario me di cuenta de que, como las personas, los claustros tienen su carácter, y pueden conservar el encanto de la irregularidad, de la pequeñez, del espacio que acotan o hasta de la historia que evocan.

Las ursulinas
Palacio Salinas
En el patio de escuelas había una exposición fotográfica sobre Unamuno; en el patio –igual que un claustro– de la Universidad había que buscar una perspectiva que no se afeara con los arreglos de la catedral, cuya torre mayor esta rodeada de andamios. No pude entrar a los jesuitas –había colas, turnos y problemas–  de manera que me fui directamente a lo dos predilectos: el de los dominicos, San Esteban; y el de las dominicas, enfrente, a todas luces el más coqueto y maravilloso claustro entre los caprichosos que no se quisieron conformar con trazados geométricos perfectos. La gira terminó con el patio del palacio Salinas (diputación, hoy), otra maravilla, reconstruida, de patio irregular. Entre unos y otros, algunas muestras más de camino, a veces aderezadas con la gracia de las monjitas (no he visto monjes, de verdad), que lo enseñan o lo guardan. Ya en las ursulinas, muy de mañana, empezó la conversación:

San Esteban
Y usted, ¿es madre o hermana?
– Hermana.
– ¿Y cuál es su gracia?
– Soy la hermana Teresita.... Le regalo la estampa de la Virgen de la Leche, mire.
La hermana Teresita lleva el museo de las Ursulinas (en realidad son clarisas), en donde hay toda una serie de cuadros de Juan de Borgoña, entre otras perlas, y un catafalco en el altar mayor, de los Fonsecas.
Albas, Fonsecas, Manriques, Maldonados.... se reparten la historia de Salamanca, sobre un telón de fondo de todas las órdenes religiosas, de inmenso poder y riqueza. El viajero ha ido a ver manuscritos y, entre otros, ha echado el ojo a las ácidas polémicas entre dominicos y jesuitas a propósito de la evangelización de China (entre 1635 y 1646), que se conservan en dos tochos. No sé si por el acicate de que esos son los años finales de Quevedo, que se carteó con los jesuitas (con el padre Pimentel, por ejemplo) en tanto que dejaba escrito en su testamento que le enterraran en el convento dominico de Santo Domingo el Real de Madrid. O por el acicate y la querencia de mis buenos alumnos chinos, que este año son la mitad de un "máster" en la universidad en la que padezco.
La monjita de las dominicas vende dulces, pero la de la entrada es portuguesa:
–No me consigo quitar el acento....
– ¿Y para qué se lo va a quitar, hermana, si es más bonito así? ¿Y ya no llevan cofia?


En cuanto se mete el sol viene el frío. La luz ámbar de las farolas decora calles y alumbra la neblina. Todos los declives conducen a la melancolía, también el de esta ciudad, cada vez que pinta unas puestas de sol asombrosas al otro lado del Tormes.
El claustro del Fonseca, de noche, impone cierto respeto.

Dominicas

lunes, 28 de enero de 2013

El sol de enero en Salamanca





 

La ciudad se ha limpiado con la lluvia,
el sol de enero la tarea acaba,
brilla la piedra rosa humedecida
en las calles los muros las fachadas;

un sol intenso y frío poco a poco
trasiega en la ciudad y nos engaña,
tanto luz es reclamo no es calor,
espejos son los charcos de la helada.

El viajero pasea por las calles,
acabará frente al palacio Anaya,
todavía Unamuno en la escalera
y la galería arriba, con las aulas,

donde a fray Luis leyó por vez primera
y en sus odas sintió lo que pensaba.