Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 31 de diciembre de 2012

Propuestas (¿utopía o fraude continuo?)



Me gustaría traer a esta ventana el anuncio de un libro aparentemente sencillo –no sé si uno entre muchos, pero sí que es uno que dice lo que, al parecer, habría que hacer– que expone de manera razonable, al alcance de lectores normales, el origen, la situación y el modo de encarar lo se viene llamando "crisis", es decir, de un estado de cosas o de una formación social que repugna y en la que columbramos que hay mucho más de lo se nos cuenta o se propaga en medios oficiales. Los tres autores –además del prólogo de N. Chomsky– arrancan de la historia reciente y del panorama universal, pero terminan por aterrizar en España y abordan todo tipo de cuestiones con seriedad y rigor. A veces al lector se le ocurre que se trata de propuestas utópicas, pero las más tiene la sensación de que hemos estado sometidos –y aun lo estamos– a un fraude continuo. 
El librito en cuestión termina con 115 propuestas, una veintena de páginas, ahí es nada, en las que resalto que soluciones, propuestas y comentarios implican casi siempre el cumplimiento de una función social, humanitaria, regeneradora desde el punto de vista ético, etc. 
Como no es cosa de piratear el libro, solo doy una breve muestra, de las propuestas finales (71-75); y animo a su lectura, su difusión y el compromiso con mucho de lo que allí se dice. La única contrapartida –y no sé si mejor– se llama "revolución".



domingo, 30 de diciembre de 2012

Los Mendoza y el mundo renacentista


El título de la entrada es el mismo que el del libro que me ha llegado con la Navidad, y que estoy leyendo, a poco, por cierto de terminar el de Juan Varo (Universidad de Granada) sobre Don Diego Hurtado de Mendoza y la Guerra de Granada en su contexto histórico (Valladolid: Universidad, 2012). Abrumador el clan de los Mendoza en nuestra historia de hace siglos, como abrumadora la personalidad de uno de los que empuñaron la pluma –don Diego–, que además sembraron Europa y América de vástagos, por causa de los "dulces pecados", como yo los voy a llamar para en adelante. De hecho, don Diego sale de una de esas ramas dulces, y quizá llevaba un gene de dulzura pecataminosa, a juzgar por las cartas que se cruzaba, por ejemplo con el Duque de Alba. Y ya se sabe, la dulzura a veces se trasformaba en creación, poética en el caso del Marqués de Santillana, de Íñigo de Mendoza, de Juan Hurtado, de don Diego.... 


Sin embargo el ramalazo de hermosura de Inés Íñiguez de Mendoza, que cautivó a Alfonso XI de León, no parece haberse transmitido a don Diego, del que hay pocos retratos, pero muchos comentarios sobre su varonil fealdad, quizá más cercano a uno de los amantes de Inés apodado "cabeza brava", con el que casó y engendró. En todo caso, los historiadores han subrayado el "carácter pasional" de muchos de los individuos de este clan. U ocurría que la belleza afloraba en la rama femenina, como con Juana de Mendoza (+ 1431), la ricahembra de Guadalajara, cuyo anecdotario podría servir de emblema a feministas de pro, pero que traigo a colación porque en su larga vida dejó también reguero de hijos. Ese es el camino que llega al Marqués de Santillana, en cuya descendencia se encuentra el pilar de los mendozas renacentistas: Pedro González de Mendoza (el gran cardenal). Luego, durante casi cien años, un avispero son los mendozas, del que se puede disfrutar entrando en este libro, resultado de una reunión de investigadores.

Poco se podrá avanzar en la biografía de don Diego mientras no se transcriba cuidadosa y enteramente el testamento, tarea que le encomiendo vivamente a su múltiple editor y corifeos –le dejo un par de muestras del más de centenar de páginas que lo recogen, la primera autógrafa– y mientras no se recojan con escrúpulo de historiador paciente los millares de documentos que fue dejando en su larga vida y que no son tan difíciles de localizar, aunque algunas veces sí lo son de leer.

Voy a reproducir asimismo uno de los complejos cuadros genealógicos que Jose Luis García de Paz edita en el primer artículo del libro; su confección (2001) fue de Sánchez Prieto-Ana Belén, y su utilidad es grande para que el investigador y el lector no se pierda demasiado en el oceano de los mendoza.










jueves, 27 de diciembre de 2012

Callejear (II)

Valencia
Nueva York


El Ferrol
La cara oculta del callejeo, su gracia, suele estribar en lo que no se recogió en los manuales ni en los mapas de turistas. Las fachadas de los edificios del barrio de los Jerónimos en Madrid; las balconadas con juegos de arcos, ventanas y colores en Sevilla; el verde suculento en contraste con los adoquinados humedecidos de El Ferrol; los suntuosos bulevares parisinos; las repentinas salidas al río en Florencia; los patios de los barrios extremos en Granada; el paseo bajo los soportales en las ciudades castellanas; las jarras y tinajas con bebidas de verano en Monterrey; las tiendas de no se sabe qué exactamente el el Village de Nueva York; la disposición del pescado fresco en el mercado de Málaga; las calles de venta al por mayor en Estambul; las calles de magrebíes en Toulouse; los patios de los palacios convertidos en viviendas en Nápoles; la orilla del río en Boston....

Sevilla
Madrid
Otras veces la imagen, recoleta o no, es consecuencia lógica de la ciudad: el abigarramiento de la plaza de Antón Martín (en Madrid); el bullicio de los barrios en cualquier ciudad del sur (Triana en Sevilla, las plazas del casco viejo de Cádiz); la hora punta de algunas estaciones de metro en Nueva York; las terrazas con estufas del invierno parisino (La Contrascape); las bandadas de senegaleses en las playas de Valencia; el Retiro madrileño invadido por parejas apasionadas en cuanto el sol asoma; la riqueza botánica de los Jardines del Descubrimiento en Lisboa.... El contraste suele ser muy llamativo en ciudades desmesuradas, en donde se ha intentado crear espacios a base de dinero y se ha abandonado lo más genuino; el caso de Valencia es sintomático, frente al de Sevilla, por ejemplo: aquella intento a base de dinero ser otra cosa, en vez de cuidar lo que ya era y que había descuidado.


Lsboa
Un alivio resulta también la aparición de espacios solitarios, que se encuentran por doquier, incluso en ciudades que los turistas no perdonan (Granada, Siena, París...) y que ofrecen en aquellos rincones quizá lo mejor para el paseante, que puede sentir el alivio de la muchedumbre y serenar sus paseos, incluso leer y pensar. El paseante, sin embargo, ha de condescender con la llamada muchedumbre, pues él también lo es, y no sabe qué medida sería la mejor para que la carrera de la comercialización no inundara todo y se aliara con nuestra curiosidad: suprimir los vuelos de bajo coste, prohibir la entrada a los lugares más emblemáticos.... Ninguno de esos procedimientos puede ser válido, porque todos devolverían viajes y conocimiento a las clases privilegiadas. Y alguno de esos expedientes termina por resultar doloroso. En mi último viaje a Granada deseché visitar la Alhambra –aunque tenía posibilidades de hacerlo– para gastar mi tiempo en los jardines del Generalife, adonde siempre iba, para perderme paseando con algún libro. Uno de los placeres más íntimos que he cultivado, casi casi convertido en vicio y perversión. Esta vez me encontré la puerta de acceso, al final de la calle que sube desde Plaza Nueva, cerrada: se había restringido la entrada, y el caso es que los jardines solían estar semidesiertos; la medida hubo de tomarse por la tremenda: se cierra todo y ya está. Se acabó. Lo mismo que se ha acabado visitar de imprevisto el Louvre o el Prado; pasar un par de horas en el Moma o en la Galería de los Uffici. Por el momento los botánicos y los barrios no se han prohibido, ni se paga entrada para tomar un vino en la Plaza de la Trinidad (Granada) o en la calle Argumosa (Madrid); pero no quedará lejos: hace muy poco me cobraron la entrada en el espacio acotado para que jugaran los niños del Parque de Luxemburgo, en París. Habría demasiados niños, digo yo. Intenté explicárselo a mi hijo, que ahora me lo recuerda de vez en cuando. "¿Te acuerdas que había que pagar por columpiarse?". Me acuerdo, me acuerdo.


El Ferrol
Siena
Siena
Madrid

Florencia
Florencia
Paris
Sevilla
París

martes, 25 de diciembre de 2012

Papa Noel me lleva de compras



Pude el otro día, aprovechando una cita que se retrasó, hacer amistad con un papa noel prematuro que andaba desatado comprando de todo –aunque lo mío son los reyes– y me encontré con la buena nueva de que la casa discográfica Brillant había vuelto a hacer de las suyas y había renovado su fondo con una serie de discos y álbunes a precios maravillosos, como viene haciendo durante los últimos años. A su arrimo, los restantes sellos discográficos han bajado sus precios, creo que más del 50%, hasta los de EMI andaban por debajo de los seis euros. Y están apareciendo otros sellos con precios igual de revolucionarios (Newton, por ejemplo). Se trata, además, de grabaciones bastante buenas, aunque siempre hay alguna irregularidad, como las había en otros sellos y colecciones. He de confesar que en su momento piqué con Chopin, Bach, Mendelsohn, Shostacovich, las sonatas de Beethoven, Haydn, Debussy.... Parece evidente que los precios astronómicos (¡de hasta treinta euros he visto cedés!) eran sencillamente un abuso que alejaba la buena música del público normal, que tenía que hacer piruetas para conseguir lo que oír quería. Supongo que Brillant está arruinando a las discográficas o, dicho de otra manera, supongo que las discográficas han dejado de enriquecerse a costa de nuestro alimento musical.
ITunes, Spotify, etc., han revolucionado efectivamente el mundo de la música. Me aconsejan que no vuelva a pagar nada por un "soporte" musical, sencillamente que oiga la que quiera a través de esos nuevos procedimientos, y que la colección de cedés que con tanto cariño y esfuerzo hemos ido reuniendo unos y otros se vaya junto a la de los vinilos y las casetes. No será así, desde luego, porque todo eso tuvo su recorrido sentimental y forma parte del rincón de querencias que cada uno tenemos, de modo que no solo conservaré la colección de cedés –y la de vinilos– sino que he vuelto a picar y, conchabado con papa noel, me he gastado los dineros que no tengo en nuevos discos. Además, ahora no hace falta copiar nada, se acabó la polémica del pirateo, sale más barata la compra que la copia, pues se dan casos tan llamativos como que la música completa de Bach, en más de cien disco, cuesta 89 euros. 
Codicioso, impenitente, consumista.... he comprado los de brillant, los que había al lado, los que había visto mucho más caros antes, las piezas extrañas que había perseguido en vano, de todo, hasta casi entregar a la música el dinero de las cavas y los turrones. 
La trilogía de Georges Brassens –editada un millón de veces, lo sé– recoge ahora nada menos que seis álbunes originales en tres discos soberbios, eso sí, sin la letra. Tres cedés con las grabaciones de Esteban Sánchez, al piano, de un refinado Albéniz que ya conocía; creo que por unos ocho euros el total. De ese tenor los dos cedés con interpretaciones chopinianas –sonatas, baladas y esquerzos– de Adam Harasiewicz. En lo que respecta a Chopin he añadido la pillería de adquirir otra version de los nocturnos, la de Luis Fernando Pérez (en Mirare), que no pude ni escuchar cuando salió con precio que triplicaba el actual. Es muy digna. Con esa condición de disco arrinconado me encontré con una antología del piano mexicano del siglo XX (Salvador Contreras, Lucía Álvarez Vázquez, Graciela Agudela Murguía, Leonardo Velázquez, Mario Kuri Aldana, Enrique Santos), en grabación de María Teresa Frenk: la inmensa mancha del piano hispanoamericano de la segunda mitad del siglo XIX y del XX alcanza una calidad e interés que contrasta con su escasa difusión entre nosotros, en la península. Papa Noel se hizo el remolón, pero acabó por comprarme, la obra completa para piano y violín, y para piano y voz de John Cage (1912-1992), en tres cedes que todavía ando degustando. Y las adquisiciones iban camino de dejarme también sin rebajas de zapatos –los necesito–, ¡porque cada disco costaba alrededor de tres euros! De modo que fue absolutamente necesario comprar el disco con los cuartetos de Debussy, Ravel y Dutilleux, en interpretación de Juilliard cuarteto de cuerda; y completar el conocimiento de la obra de Borodin con un disco que recogía todo su piano. Cualquier explicación huelga.

He acallado mi mala conciencia mientras escuchaba todo y me repetía un viejo lema: "ya que nos obligan a padecer los males de la sociedad capitalista, aprovéchate de sus bienes". Cuando sonaba "Almería" del segundo libro de Iberia, de Albéniz, se me borró toda mala conciencia y me entregué a la lenta, exquisita, interpretación de Esteban Sánchez.



A ti me lleva la pavana jugue
tona de albéniz, que no sabe estarse
quieta y se columpia sobre el piano
con muy poco respeto hacia los dedos;

eso no es nada para cuando suene
el albaicín, como si caminaran
las teclas por la cuesta del chapiz
y luego descendieran por el darro.

Este modo de ser alegre oculta
algo, adelanta la nostalgia cierta
de la belleza que se perderá
en cuanto el tiempo se descuide un poco

y suene el piano solo, como en esta
nochebuena en madrid del año doce.



...Et je me demande pourquoi, bon Dieu, ça vous dérange que je vive en peu...

lunes, 24 de diciembre de 2012

Nacionalismos, identidades y lucha de clases

Los ejercicios de comprensión sobre la realidad actual son mucho más comprometidos que los que se efectúan sobre la historia, porque entramos en ellos cargados con nuestra propia madeja intelectual y sentimental –si es que estas dos cosas no fueran lo mismo. Constantemente cruzamos o nos llevan a lugares en donde se da la discrepancia, que a veces aflora tumultuosamente. En estos momentos ocupa un espacio importante la que proyecta en la península el nacionalismo.
Sería pueril intentar clarificar en unos párrafos los elementos y resortes de esa posible discrepancia, que atañe tan profundamente a tanta gente de los que sí y de los que no; sí que podríamos, sin embargo, asomarnos a ese espacio pertrechados de algunos principios, de esos a los que no se quiere renunciar, porque anclados están con fuerza en nuestro modo de ser.
Primero los enunciamos a bureo: 
1) todo el mundo tiene derecho –es casi un movimiento natural– a vivir su identidad, con muchos de cuyos derivados, probablemente, es feliz, se siente conforme. 
2) Por la misma razón, todo el mundo tiene el deber de respetar –y aun cuidar, proteger y fomentar– los aspectos identitarios ajenos, cuidando sobremanera las zonas fronterizas en donde entran en contradicción con los propios.
3) Si para la afirmación o protección de esos derechos –los propios o los ajenos– se planteara una disyuntiva de esas que se llaman "democráticas" (¡qué mal se suele emplear esa palabra!), nunca podría plantearse como la imposición de unos derechos sobre otros de la misma naturaleza. Al parecer es lo que está ocurriendo en Egipto, en donde la mayoría islamista va a imponer una norma para todos islamista también para los que no lo son y no pueden aceptarlo: para defender su identidad atacan a las ajenas, innecesariamente.
4) La aceptación y defensa de la propia identidad no debería hacerse nunca en términos mercantiles –he añadido lo de lucha de clases en el título–: "viviremos mejor si nos separamos" es un modo inadmisible, pues daría la razón inmediatamente a los residentes en el barrio de Salamanca de Madrid, a los productores de azafrán en La Mancha, a los fabricantes de automóviles de Palencia y Valladolid.... que vivirían mucho mejor si se separaran de los jornaleros de Sevilla, de los labradores catalanes o de los pescadores gallegos.

Y esos son unos cuanto principios básicos, sobre los que podríamos hablar tranquilamente, sin demasiadas banderas ni proclamas, aunque sí con canciones (la música, anclada sobre la lengua además, sí es un resultado de la identidad). 

En el post queda sin definir algo muy importante: los signos de la identidad que permiten ese flujo de la pasión hacia el "nosotros". La verdad es que el más importante de todos es muy fácil de señalar: el de la lengua materna, con todos sus derivados, al que siguen otros dos más ambiguos: territorio (pasionalmente: "paisaje") e historia.

Tienen derecho a defender su identidad quienes sientan colectivamente que tienen lengua propia en territorio diferente y con historia particular; nunca deberían hacerlo para obtener ventajas económicas –el correlato es: para degradar a los que no son como ellos, por ahí asoma el embrión fascista, que siempre acecha a los nacionalistas. 
No tienen derecho a imponer normas propias a identidades naturales (lengua, territorio e historia) los colectivos o mayorías que asumen el control de un estado, gobierno, nación, conjunto territorial o de pueblos, etc.

Podríamos seguir, pero parece suficiente por ahora, ¿no?

domingo, 23 de diciembre de 2012

Viaje a Granada en "whatsapp", con su estrambote



Colgado del buataps sigo tu viaje:
¿por dónde vas ahora?, ¿con quién estás?
¿qué has tomado de postre?, ¿por qué callas?,
¡contéstame!, ¿con quién dices que hablaste?

Charlar con un dedito telegráfico,
refinado ejercicio de escritura
que encierra la pasión y el sufrimiento
en el baile de un dedo miserable.

¡Maldita sea, dime quién es ese!,
¿por qué narices te ha besado?,¿y dónde?,
¿en qué lugar exactamente dices?
Eso no es la mejilla, me parece.... 

¿Dónde piensas dormir hoy?, ¿en Granada?,
llámame cuando estés allí, acostada.
¡No me importa que sea tarde!.... ¡¡¡¡Llámame!!!!

No trabajo ni salgo ni hago nada.
Vivo atrapado a un dedo tartamudo.




De Ronsard a Blas de Otero, pasando por Góngora. Tratadillo de fuentes


Cuando uno lee –en general cuando uno actúa– hace sonar su propia sinfonía, tanto o más complicada según sus circunstancias. Vivifica los sonidos adquiridos y almacenados con los que recibe, y con frecuencia acumula referencias que se cruzan en la experiencia momentánea que atraviesa: quizá sea uno los placeres de la experiencia artística. Todo eso bien sabido es. Como lo es el control que uno quiera ejercer sobre ese estallido de incitaciones, que puede dejar en libertad o puede intentar delimitar rigurosamente mediante el control inteligente de lo que se le viene. He dicho "intentar" porque no siempre se controla el baúl de referencias que guardamos. La enorme capacidad de la música para evocar, por ejemplo, juega con frecuencia en campo etéreo y nos alcanza con un vaho a veces impreciso, del que no alcanzamos a saber más que su resultado sobre nuestro estado de ánimo, sin llegar a anclarlo en un momento exacto de nuestras experiencias anteriores.
A lo largo de mi carrera docente y profesional he disparado casi siempre contra el tratamiento dado a lo que se llama "fuentes", no solo porque el origen de la fuente haya podido estar en el modo común de hacer las cosas en situaciones semejantes –la vieja poligénesis, y entonces recordaba la reseña de Dámaso Alonso a Curtius–, sino porque el señalamiento de una fuente o de un lugar común es posterior al estado de ánimo, inspiración, deseo expresivo, etc. que acucia al artista y que le alivia cuando encuentra el cauce adecuado para manifestarlo, la fuente. Lo importante es dar cuenta de aquel estado previo, al que se somete la fuente, no hablar de la "fuente" como origen, lo que constituye un acto de rebajamiento erudito que convierte el universo de la creación en la fabricación de un producto industrial menor. 
Y me he dado cuenta, por cierto, de que la razón "fuente" se encuentra tan asentada en nuestro mundo crítico y académico que es difícil desterrar los argumentos que con ella vienen debajo del brazo.

Ronsard se refiere a la dama (soneto XVI de Les Amours) para "jamais m'aprocher / de sa beauté si fierement humaine", lo que enseguida nos recuerda al Góngora que rebotó Blas de Otero, y que fue cobrando tonos distintos en cada ocasión. ¿Habrá leído Blas de Otero a Ronsard? Posiblemente, pero no sé si recordaría este verso al leer los de Góngora u otros que este humilde lector tampoco recuerda. Encrucijada de caminos la de aquel poeta cordobés rebosante siempre de poesía, probablemente mal entendido, incluso en su rincón del Retiro, en la plaza de parasoles chinos. ¿Le habría gustado a Góngora ese lugar que le han dado, demasiado cercano a la verja de la calle Alcalá?

Monumento a Góngora en el Retiro (Madrid)
A veces Góngora resulta tan complejo que sobre un mismo pasaje caben silencios distintos y peligrosos, pues su bibliografía crece de modo desmesurado; en estos momentos Góngora es un poeta acorralado por la crítica más sesuda. Y Góngora está lleno de rincones insospechados, por su belleza o por su  latencia de significados. 
Vamos a uno, en un romance que Carreira –el mejor conocedor de su poesía– gusta de comentar como "primera jácara de nuestra literatura, género que desarrollarán Quevedo, Cáncer y otros décadas más tarde", es decir, con ese prurito infantil de clasificar al cordobés continuamente como el mejor, el más guapo, el de nariz más grande, el primero que. No parece que en la historia de nuestra literatura se pueda hacer nada con esas proclamas cuantificadas de carreras, pero sea. Se trata de un romance de rima chusca (en "ete"): "Tendiendo sus blancos paños / sobre el florido ribete / que guarnece la una orilla / del frisado Guadalete, / halló el sol una mañana / de las que el abril promete, / a la violada señora / Violante de Navarrete...." Y ese es el texto del manuscrito Chacón. El editor va comentando en nota lo más alejado del lector actual, con la fea costumbre de apoyarse en Autoridades y dejarse lo más difícil en el tintero. Y así no sabemos bien por qué esta hembra es "entre lacayos cohete" (14), o no se actualiza el valor semántico de "bufete" (v. 16), etc. Esa precariedad se mantiene hasta el final, dejando a buenas noches al lector. En fin, nos vamos al v.  89, que es el único en el que, en este romance, se anota "palabra de significado desconocido":

"Quiero bien a ese galán, Y si no te quieres mal, vete, / que arena viene pisando / el de lo pardeguillete"

No me creo que gongoristas habituados a interpretaciones basadas en todo tipo de escorzos lingüísticos no hayan ido a interpretar ese vocablo inexistente como un sencillo calambur: "par-de-guillete", 'viene el que te va a dar lo merecido y ponerte un par de grilletes'; y que hayan montado sus lucubraciones sobre los trazados de la r/u, ya que –como dice el propio crítico en su monumental edición de los romances (I, 579)– "la palabra ya fue problemática para los distintos escribas, a juzgar por las variantes". 
Góngora a veces parece desamparado.
Yo lo leo, ensimismado y feliz, muchas noches, sin que lo sepan los gongoristas, que lo tienen por suyo.
Este post, entre fuentes va, de París a Florencia.







viernes, 21 de diciembre de 2012

Callejear (1)

Cádiz
Granada







Granada
Callejear es un verbo muy español, ligeramente distinto –alguna vez lo he comentado– al flâner francés. Consiste en llegar, vivir, estar, etc. en una ciudad cualquiera, mejor si es grande o no muy pequeña, poner en la mochila un libro, un boli, un mapa –por si te pierdes demasiado– y el dni y echarte a la calle, a pasar lo que las piernas y los ojos aguanten. Es un peregrinaje grato, quizá mucho más grato que el deambular turístico guardando cola en los museos y las iglesias, pagando por todos lados, en rebaño de turistas que van cometiendo su viaje. No digo que el peregrino no aproveche las ocasiones de deslizarse en una iglesia –es la hora de la misa–, entrar como despistado en un patio, pedirle a la guardesa que le enseñe aquellas plantas tan hermosas que asoman al balcón del palacio.... Con este modo de hacer, además, se habla con la guardesa, el portero, el ujier, la vendedora de fruta, el sacristán, el etc, lo que suele ser mucho más ilustrador que volver a ver un ángel de Rubens –me repelen– o una putilla de los impresionistas, que es el mismo ángel Rubens que se ha hecho mayor. 
Cádiz
Con ese deambular se acaba por ir a los lugares que casi nunca frecuentan los viajeros y que suelen ser los más vivos de la ciudad: los mercados (¡mercado central de Valencia!), las plazas (¡plaza Mayor de Palencia!), las tiendas (¡pescaderías de Nápoles!), las ferias (¡ferias de Londres junto al Támesis!), los puertos (¡puerto de Santander!), las orillas de los ríos (¡paseos de Boston!), los parques y jardines (¡el viejo botánico de Lisboa!), los tranvías (¡ de Valencia, París, Amsterdam Lisboa....!), y los metros (¡de Rennes, Toulouse, Nueva York....!) Y siempre siempre siempre: las gentes, su modo de vestir, ser, hablar. Lo que mejor ejemplifica el carácter del lugar. Dos o tres post más irán mostrando ese callejeo. Tentado estuve de reproducir los lugares sin decir el sitio; pero al fin me decidí a ponerlo, porque la calle estrecha, el juego de ventanas, la plaza, la tienda.... no siempre reproducen la imagen típica de la ciudad.


La Coruña

Colonia
Boston (EEUU)
Palencia
Palencia
Lisboa
Barcelona
Colonia
Santander
Nápoles 
Londres