Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 30 de julio de 2011

"Mar de Salinas, y pensar azules...."

Playa de Salinas (Asturias)
Mar de Salinas, y pensar azules;
cada verso, una idea que se escapa
más allá del decir que pretendemos
arena entre los dedos que resbala

repite lo que nunca un verso dijo
mientras la roca pensativa guarda
con la tenacidad de su presencia
la absurda vacuidad de las palabras;

campos azules de Salinas llevan
la mies del viento sin segar rizada,
haremos, como Wagner, parsifales
o imitaremos, con Ravel, el agua.

No llegará jamás el pensamiento
a alcanzar a decir lo que se canta.


Playa de SalinA (ASTURIAS), al fondo cinco moles de cemento y ladrillo para estropear definitivamente la costa (de Avilés)

Un alcalde del PP y la vida política


La ría de Cederia

Elecciones en noviembre. Y volverán los discursos políticos con sus cantos de sirena a bombardear a la gente, a la que se ha anestesiado desde hace tiempo –educación, televisión, fútbol, utopías....–; y volverá el arte del insulto, el menosprecio y la desvaloración como un ingrediente fundamental de la vida colectiva. Los perros de presa mejor preparados –Saenz de Santamaría, Pons....– de cada partido ladrarán con primor violento. Hastío.
El alcalde de este lugar en donde paso buena parte de mi vida –Cedeira, en La Coruña– es del PP y ha sido elegido por mayoría absoluta. Yo soy empedernido votante de IU o de lo que más se le aproxime. El alcalde de Cedeira, que se llama Leopoldo, es un excelente alcalde; si yo hubiera sido votante de este lugar, le hubiera votado, sin duda, antes que a los representantes de IU, del PSOE y BNG (al que pertenecía el alcalde anterior), porque ha hecho todo lo que concierne a un alcalde no solo bien, sino con el cuidado, la honestidad, el rigor de una persona con sentido de la vida colectiva, respeto hacia la ciudad y sus gentes, buen gusto, sabedor de cuáles son sus funciones y cuáles no, etc. Es cierto que si hablara con él y salieran a relucir algunos temas de fondo –el aborto, el divorcio, la visita del papa....– las discrepancias resultarían evidentes, pero esas cuestiones no van a afectar a la vida municipal y yo no me he sentido agredido por sus manifestaciones en ese sentido, y sí me he sentido agresor por las que hacía, por ejemplo, el BNG en sentido contario, cuando de los principios generales pasaba a la política municipal y destrozaba un excelente parque infantil, talaba árboles en el paseo marítimo, degradaba la vida de la ciudad o gastaba dinero municipal en dudosas empresas, que ahora –dicen, no lo sé cierto– que han dejado al municipio endeudado.
No tengo por qué compartir, por tanto, lo que hacen quienes podrían concordar con mis ideas sobre la humanidad mientras ese quehacer sea claramente negativo, agresivo, generador de discordias; y si puedo compartir, al contrario, lo que cualquier buen alcalde del PP hace cuando construye un puente, limpia la ciudad, planta árboles, mejora la iluminación, se piensa los tributos antes de imponerlos, etc.

De manera que cuando ponga la tele y aparezca Pons para comentar la política del PSOE, sencillamente cambiaré de canal y me iré a ver los pingüinos de BOING, porque ya sé que ese perro es de presa, está puesto para ladrar y será siempre incapaz de ver algo más allá de sus narices que no sea la sangre de su enemigo. Y eso ocurre con decenas de portavoces, de todos los partidos, en las mil y una circunstancias con las que nos van a torturar hasta noviembre. Y ese es un ingrediente corrupto de nuestra vida colectiva, un veneno que desde la esfera política ensucia la vida colectiva cada vez más. Es curioso que la llamada clase política siga ciega para no comprender que ese es uno de los aspectos que más repugna y que más les ha alejado de los votantes, que manifiestan, entre irónicos y desengañados, que la “clase política” es una de sus preocupaciones mayores.
Mientras tanto, el alcalde del PP de Cedeira, se pasea por la plaza del pueblo cada mañana, saluda a quien le saluda y podrá seguir mejorando la vida de los ciudadanos de este lugar encantador.

viernes, 29 de julio de 2011

Galicia y Asturias


Entre Vicedo y Vivero (Galicia, costa lucense)

estas son tierras donde se termina
la tierra en mares densos y plateados;
gaviotas hay que escriben en sus pueblos
estridentes y agudos garabatos,

que vuelan sin saber adonde vuelan
y que tienen al sol acobardado;
eucaliptos que roban los paisajes,
grutas del viento en los acantilados….

De Nois a Cudillero se remansa
la soledad y asturias da un descanso,
hay dulzura en las lomas y los valles
y el camino parece perfumado.

Coronando unas fabes con almejas
menudo arroz con leche me he tomado.
Costa desde Cabo Vidio
CABO VIDIO (grutas del viento)
Vicedo
Cudillero



Por los caminos de Santiago

En Plural el título, porque muy en breve voy a invitar a acompañarme por el otro camino de Santiago, que la tradición llama "del inglés", y lo voy a hacer en compañía del padre Sarmiento, que lo dejó escrito; aunque él fue en burro con su hermano y yo lo voy a hacer como corresponde a este siglo digital. En el mientras tanto, ya he recorrido este año un par de veces el oficial, el grande: en una ocasión bajando desde Poitiers (también en Francia había varios itinerarios, el de Poitiers iba luego por la costa) y recorriendo –unos mil quinientos quilómetros– y ahora, en sentido contrario, para marcar algunos lugares que no conocía.
Y he ido cantando, como los romeros. Me acuerdo de algunas canciones:

Camino de Santiago
paré en Villaviciosa
y en un huerto escondido
cogí la mejor rosa;
me pinché al recogerla,
que es flor muy espinosa;
en el ojal la prendí
y el corazón rebosa
y más que allí parece
mucho muy más hermosa;
el camino es incierto
y la senda borrosa
si se lleva el recuerdo
donde prendió la rosa.
Lejos el corazón,
lejos Villaviciosa,
la del huerto escondido,
la de la flor hermosa.





Los Caños de Rivero y Capilla de Cristo

 Nótese que es de peregrino culto, que lleva artificiosamente al romancillo la rima consonante. ¿Quién ha visto romancillo y consonancia? Por favor.

En esta ocasión he parado en Avilés –que aparte de ser la patria de Campanal– es una ciudad maravillosa, con un casco antiguo recoleto, sencillo y salpicada de iglesias, palacios y soportales. Presume la ciudad de poseer una de las calles más largas con soportales, que es lo mismo que presumir de lluvias; pero es cierto de que son dos, además (Rivero y Galiana), las que los tienen. Sus palacios se conservan bien –excepto el que está frente al teatro Menéndez Valdés–, uno de ellos como hotel de cinco estrellas. El teatro, por cierto, abriendo el siglo XX, con recuerdos de Clarín. Las iglesias más antiguas, sin embargo, han desdibujado capiteles, portadas, arcos.... aunque sigan en pie: así con los franciscanos (en la foto). No he podido ver interiores, porque estaba todo cerrado cuando he paseado; pero a cambio he recorrido casi todo el casco viejo y he imaginado, como hago siempre, cómo sería vivir en esta ciudad noble, tranquila, apacible, a la que llega la sensación de mar cercano y que ha saltado la ría para modernizarse, cosa que tampoco he podido ver más que a través de algunas esculturas modernas –normalmente metálicas, para recordar quizá su pasado industrial– que salpican la ciudad actualmente.
capilla de los Ala

Había fiestas en Avilés, o era sencillamente la alegría del verano apacible: bandas "celtas" –así se anunciaban– tocaban flautas, gaitas y tamboriles por la ciudad, yo escuche una banda francesa, de Brest, tocar delante de la hermosa iglesia y convento de San Felipe Neri; luego, en la plaza donde esta la capilla de los "Ala" (familia asturiana, la iglesia es del s. XV), un cuarteto tocaba jazz ("desafinado", cuando yo pasé); y algún tipo de actuación en otros lugares, aunque la mayor concentración de espectáculos estaba en la plaza Galiana, que tiene como centro un hórreo asturiano y un enorme roble: allí había puestos de todo (crepes, parrillas, etc.; pero tambien quesos de Mahón, extremeños....) Los quesos extremeños los vendía un uruguayo al que cacé el acento y al que me apresuré a felicitar por la copa américa. Pero con todas las vueltas que di, me dejé sin ver el viejo barrio pesquero (Sabugo), como me advirtió la simpática recepcionista del lugar donde me hospedo, que tiene los ojos enormes, como un convento de benedictinos y que es eficiente y cordial.
San Francisco



miércoles, 27 de julio de 2011

"Érase que se era la tontería...."


Érase que se era la tontería,
rica de nada, francisca de pelo,
érase un flaütín voz de pomelo,
érase un hueco con pedantería.

Érase un niño sin su caramelo,
érase nuestro mal de cada día,
fue en Babelia la filología,
todo el  país sufrió de aquel camelo.

Mejillón disfrazado de aceituna,
pulido camisón de calavera,
monigote de muecas con corbata,

Cervantes ya maldice su fortuna;
pis, espetunco, lija, vinagrera,
gárgaras haces con orín de rata.


"Qué fácil ha de ser amar, amarte...."



Qué fácil ha de ser amar, amarte,
intensamente amarte cada día,
llevarte al lado, estar y ser contigo,
recoger de tu lado la alegría;

ir a buscar muy cerca cuando callas
el entonces, el aun, el todavía,
el siempre supe que en algún lugar
detrás de tantos ojos existías.

Lejos estabas para allí quedarte,
nunca cambió el lugar que ya tenías,
donde no hay que decir ya nada más
y eres tú lo que fue y lo que sería.

Ser y amar será todo lo mismo
mientras te diga el tiempo todavía.

Normalidad, hambruna, sobrevivir, actuar....


Día tras día cumplimos con el rito de vivir, con los pequeños altibajos que no rompen la rutina y que nos llevan a enfadarnos, sonreír, disfrutar, preocuparnos.... Y sin embargo, nos dicen –y menos mal que al menos nos lo dicen– miles de personas están muriendo de hambre al sur de áfrica, centenares de sudamericanos son asesinados a diario, hay cárceles en países próximos o lejanos llenas de personas de las que apenas sabemos nada.... ¿Cómo es posible conciliar abandono y brutalidad con civilización? 
Realmente no es posible, pero tampoco es posible sobrevivir con esa responsabilidad, y en esa impotencia se apoyan quienes cometen injusticia y quienes se cruzan de brazos. De manera que no, no creo que haya frivolidad en trabajar, sonreír, leer, actuar, sobrevivir.... y mantener vivo el espíritu crítico, la denuncia y la actuación hasta donde se pueda llegar. Es decir: que la pesadumbre por no poder actuar directa y efectivamente no sea un pretexto para admitir todo. Hacemos lo que podemos y lo hacemos al tiempo que sobrevivimos: al enjuiciar esa situación quizá convenga no manejar criterios absolutos, porque en este primer nivel individual los criterios absolutos –justicia para todos, honestidad de todos, entrega de todo, libertad...– anulan las actuaciones personales y no alcanzan nunca el nivel –normalmente político y económico– desde donde la actuación podría ser efectiva.
Reducidos a nuestro rincón individual poco podemos hacer que no resulte estrafalario, testimonial o inútil; y si renunciamos a ese “poco”, se habrá conseguido amortiguar y anular todavía más lo poco que hubiéramos podido hacer; pero si directamente nos han colocado en la situación de peleles, aun en esa situación podemos actuar, decir, protestar, hacer y no solo contra aquello tan evidente (el hambre en Somalia), sino sobre todo contra el conjunto de elementos que han creado una situación (nuestra maravillosa civilización europea, que permite que se pueda vivir normalmente mientras miles de niños mueren de hambre).
Lo ilustro con un ejemplo que me parece de lo más digno: el del humorista español Forges. Era difícil conciliar capacidad crítica y necesidad de risa. 

Tito de Úbeda en Edad de Oro, y otras memorias

La era digital va imponiendo sus leyes inexorables; en el norte, además, los libros que no hubieran sido impresos con buen papel acaban, con la humedad, por apelmazarse y convertirse en masas de celulosa: conviene guardar una copia electrónica.... que no sabemos todavía muy bien cómo va a perdurar. Guardaba dos antiguas colecciones de la revista Edad de Oro, de sus primeros 18 años, cuando yo me la inventé, la organicé y la dirigí; otras dos de Manuscrit.Cao, la primera revista que con acta fundacional semejante, salió para recoger los trabajos de mis grupos de investigación en la Biblioteca Nacional. Ahora organizo aquel material, que veo que, ilegalmente, desde luego, se ha reproducido en un CD –Edad de Oro– con ¡el copyright! a nombre de una persona que no sé quién es y que, desde luego, no ha solicitado obtener semejante derecho de nuestros trabajos, incluyendo de los míos personales.



Las resmas de la revista se guardaban entre algunas piezas de cerámica, que esas sí que perdurarán. Aparte de el juego de cerámicas de San Isidro (Granada) que el grupo de educadores me regaló, con mi nombre y el suyo, cuando dirígía el internado del institudo de Cogollos-Vega (1976), a propósito de unas circunstancias penosas que quizá no merezca la pena recordar, guardo todavía algunas piezas, pocas, dos o tres, del año que el Seminario Edad de Oro encargó a Tito de Úbeda la confección de unas cuantas piezas conmemoraritas de la XIV edición. Me asesoró Alonso Zamora Vicente, que conocía al alfarero (juntos comimos un día en Madrid), y al cabo le encargamos fundamentalmente unas cuantas piezas muy sencillas –tipo vaso y jarra pequeña– y una “maricona”, que es la de la foto, en la que, aparte de su arte natural (cada pieza llevaba un dibujo distinto, nótese la tradición griega), añadía al dorso la leyenda conmemorativa. Piececita de museo es. Recuerdo que a Tito de Úbeda le encargamos una exposición de su alfarería en la UAM, en el edificio del rectorado, y que era el año en el que Rafael Alberti abría el seminario con una charla sobre el barroco, en la que quería que “hubiera mucha gente joven”. La sala se le llenó con unas 500 personas, casi todos alumnos jóvenes. La mesa de apertura en la que se presentó la revista la presidía un catedrático de Metafísica que solía acudir a nuestros seminarios, Ángel Gabilondo.


No nos cobró nada, Alberti. Fue una de esas aperturas memorables, como otras muchas, empezando por el II Edad de Oro, que se inauguró con una charla de Eugenio Aensio (sobre las silvas en Quevedo), que abrió todo un panorama nuevo a los estudios sobre poesía culta durante los siglos XVI-XVII, en primera fila le escuchaban F. Ynduráin, F. Rico, A. Redondo, Carlos Blanco Aguinaga, Maxime Chevalier, Robert Jammes, Maurice Molho, Alberto Sánchez, José Rico Verdú, José Simón Díaz...., que también intervinieron en aquella II edición. Eugenio Asensio volvió a repetir unos años después, con otra charla memorable en la que dio a conocer el famoso texto de fray Luis de León en la universidad al salir de la prisión; entre el público Elias Rivers, F. Pierce, M. G. Profetti, A. Redondo.... Otras inauguraciones de las que me acuerdo en Edad de Oro corrieron a cargo de Alberto Blecua, Anthony Close, F. Rico, J. E. Varey, Aurora Egido, Lázaro Carreter, Camilo José Cela, Pedro Luis Barcia, Barry Ife.... El año que inauguró Alberto Blecua, el III, para no desviarnos demasiado, las actas recogen las intervenciones de Joaquín Casalduero, Daniel Devoto, Aurora Egido, José Lara Garrido, María Grazia Profeti, Asunción Rallo, Agustín Redondo, Francisco Rico, Leonardo Romero Tobar, Dorothy Serman Severin, Domingo Ynduráin, Enrique Tierno Galván.... entre las cuales a mí me gustaba situar la de la gente más joven del departamento, o la de aquellos que en el departamento tenían, digamos, poca actividad académica, por su juventud o por cualquier otra razón; y así en ese mismo número hay ya una comunicación de Florencio Sevilla, que entonces era “ayudante”, sobre el tema que trabajaba para su tesis; en tanto que Antonio Rey intervino sobre la Pícara Justina, tema que había sido de su tesis y a partir de entonces publicó prácticamente en cada número de Edad de Oro. Y de ese modo se iniciaron publicaciones de muchos alumnos jóvenes, a los que yo presionaba para que intervinieran y se dieran a conocer: Jesús Gómez, Óscar Barrero, Carmen Valcárcel (que además fue la encargada de organizar una de las primeras ediciones), María Luisa Cerrón Puga (ahora en Roma), etc. y muchos de mis alumnos (Miguel Marañón, Manuel Urí, Isabel Pérez Cuenca, Pedro Rojo Alique, Delia Gavela, Lina Rodríguez Cacho....) Si repaso las listas de las comisiones organizadoras en las actas, leo nombres como Guillermo Carrascón (en Turín), Josune García, Juan Carlos Conde (en Cambridge), Elena de Miguel (hoy catedrática en la UAM), Antonio Gago, José Montero Reguera (en Vigo), Mercedes Sánchez (en la RAE), Elena Sánchez Ramos, Elena Varela, Julio Varas....


Normalmente clausurábamos en Cuenca –aunque también lo hicimos en Segovia, Miraflores, Lisboa.... Y un año, con la inestimable colaboración de Lía Schwartz, nos fuimos a Dartmouth y Nueva York, a celebrar allí la segunda parte del congreso: viajaron conmigo, por parte de la organización, Delia Gavela, Mercedes Sánchez, Florencio Sevilla y Cristina Sánchez....; como conferenciantes, Jaime Moll, Mercedes Dexeus, Cristóbal Cuevas, Sánchez Mariana, etc.
La verdad es que puestos a recoger la actividad académica de aquellos dieciocho años me veo en la obligación de parar, pues fue verdaderamente, al menos, muy extensa y comprometió a todo el hispanismo, europeo y americano. Ahí ha quedado. Quizá convenga recordarlo, para aplauso de todos los que me ayudaron a semejante tarea, que fue encontrando la oposición cada vez mayor de mis queridos colegas, que ahora organizan y festejan su continuidad, excluyéndome cuidadosamente, desde luego, aun cuando el tema sea el de Quevedo, pongo por caso. 

martes, 26 de julio de 2011

Clarividencia de Jefferson

Basta con reproducir el correo que me envía Jesús Acosta Santana, con su ilustración, para subrayar su pertinencia y acierto, sin añadir mayores comentarios.

Santiago y los texos




Veintincinco de julio y en Galicia, imposible no andar con santiago para arriba y para abajo; pero –¡qué estupendo!– me ha pisado el comentario que iba a hacer el suplemento de un periódico local, de calidad, como es La voz de Galicia, ya que me iba a referir al códice sustraído de la catedral de Santiago de Compostela, el Calixtino, y a la historia de la capital espiritual de estas tierras cuando atravesó los finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, que es la época en la que yo enredo con papeles. En realidad mi comentario iba a ser más pedante y erudito, pues me iba a referir también al viaje de Ambrosio de Morales por la península en busca de restos arqueológicos, reliquias, vestigios.... muchos de los cuales eran capricho del monarca, Felipe II, pero unos y otros se mueven por ese deseo común de trazar una historia de la monarquía que se había consolidado militarmente: necesitaban su historia, su pasado, un derecho, un sistema burocrático, una geografía.... y también necesitaban de un bagaje teórico que les dotara de identidad como nación. Sabido es que los grandes humanistas del siglo XVI se afanaron en construir tan inmenso edificio –Geografía, Cronología, Leyes, sistemas de ámbito general (burocracia, ejércitos, bancos....) y que las plumas del s. XVII intentaron dibujar literariamente esa identidad, con Lope definiéndonos a través de las comedias, con Quevedo incluyendo y excluyendo, con Calderón resolviendo problemas en escena.... Los reinos de la monarquía, sin embargo, dejaron muchos costurones. Eso ahora queda lejos y, además, no está todavía ni bien estudiado ni bien admitido. Mala cosa, la de los costurones, no la de que falte por trazar correctamente esta historia.


En medio de ese furor arqueológico, católico, centralista, etc. Felipe II atrae hacia El Escorial todo lo que le parece –por una u otra razón– valioso, sean libros, reliquias, monumentos, joyas, cuadros, jardineros, árboles.... En este mismo cuaderno hemos referido los casos de varias bibliotecas, la de Páez de Castro –sobre la que acaba de aparecer monografía– y las de Diego Hurtado de Mendoza (sobre la que puede verse la bien trazada síntesis de   http://blogdebibliofilia.blogspot.com/2011/07/los-libros-de-diego-de-mendoza-y-un.html; a la espera de las próximas entregas de Mercedes Agulló); bastará con leer la Historia del Escorial del padre Sigüenza para, al llegar al capítulo de las reliquias, quedarse uno embobado con lo que allí se dice. En fin, yo mismo he trazado en otro lugar la historia de la cabeza de San Hermenegildo, que se trae por medio del limosnero mayor Loaysa a Madrid (hay un viejo manuscrito en la BNE que lo cuenta).
El caso es que en ese contexto Felipe II hubo de pensar que donde mejor podrían reposar los restos del apóstol sería en El Escorial, con todos los bártulos, naturalmente, incluyendo el códice recién robado; y que Ambrosio de Morales hizo algunas gestiones y calas, que, naturalmente, provocaron el rechazo, porque el Apóstol.... ya era un gran negocio y, por tanto, no sabemos si antes o después, formaba parte de la historia de Santiago. Ahí empezó a perder una batalla –que todavía se libra– San Andrés, el de los tejos y avellanos. Si tengo tiempo, publicaré documentos, pero lo esencial es lo que he dicho, con algunas anécdotas de menor valor: por ejemplo, cuando Morales pide entrevistarse con Felipe II, después de uno de estos viajes, el rey deja dicho que está muy cansado y que Morales podría esperar unos días, como si el erudito le resultara un poco pesado (los documentos pertenecen a la colección Zabálburu, es decir, Altamira, en Madrid).
Santiago matamoros rebotará enseguida en la encendida polémica que prende hacia 1615 con la canonización de santa Teresa y la petición de que fuera co-patrona de España. Y ahí interviene Quevedo con toda la artillería ideológica, bien apoyado por el cabildo de Santiago, y eso a pesar de que tenía una hermana en el convento de carmelitas descalzas de Santa Ana, en Madrid; y de que en su testamento aparece ¡el sudario de santa Teresa!
¡Qué confusión de tiempos!

Un último apunte. En Galicia suelo leer como prensa local la estupenda Voz de Galicia, que hoy, día del santo, me ha saludado con una primera página escrita en gallego, cosa que no reprocho, desde luego, pero que es toda una novedad, en lo que se me alcanza. De hecho estoy cambiando gustos estéticos: antes lo que prefería como filólogo era bajar de Despeñaperros, para oír hablar con el acento y la chispa del sur –viví muchos años en Granada–; hoy tanto me da eso como pasar la sierra de los Ancares, para escuchar otra música también bellísima que viene con las palabras; y desde luego, me emboba –creo que le pasa a mucha gente– oír hablar con melodías del otro lado de la orilla de las aguas que lindan con mi casiña.
¿Dónde está?, pues si uno va de Cedeira a San Andrés, la península hace un último esfuerzo por marchar a américa, y pasa por un último pueblecito (Regoa), para luego asomarse a los acantilados desde donde, los días muy claros –que no son muchos– podría verse la estatua de la Libertad, si hubiéramos tenido la vista como dios manda....; en su defecto, allí termina el camino terreno de la vía lactea, que va recordando dioses, pasiones e historias. El árbol más hermosa de mi casa es un texo dorado.

lunes, 25 de julio de 2011

La edición de los bailes y el teatro de Quevedo


El ms. 108 de la BMPS, testimonio esencial de Cómo ha de ser el privado



Me ha llegado en la semanas pasadas una nueva edición del Teatro completo de Quevedo (a cargo de Ignacio Arellano y C.C. García Valdés; Madrid: Cátedra, 2011), oportuna a todas luces, ya que no existía ninguna edición actual de estas características. Por desgracia, he de añadir inmediatamente que la edición presenta graves fallos que no permiten acogerla como una de las cosas que faltaba para mejor leer a don Francisco. En reseña más extensa y pormenorizada, que ya he hecho y he enviado a revista profesional, intento señalar los más graves; ahora me voy a referir al, quizá, más peliagudo de todos, porque, además, era el que exigía trato más riguroso: el de los bailes. Y porque, en cierto modo, cuadra con las series de Métrica que voy dando en este cuaderno.
Fragmento de comedia del ms. 108 de la BMPS .
No se habían editado los “bailes” de Quevedo desde que lo hizo José Manuel Blecua, en el cuarto de su volúmenes de la Poesía Completa; edición que se empezó en 1962, y a mitad de la cual coincidió con la edición de la Poesía Original, en un solo volumen; hoy por hoy la mejor colección poética de Quevedo. Sobre cómo editar los llamados "bailes" pregunte a la doctora Lobato en su reciente comunicación en la AISO de Poitiers; e hice extensiva la pregunta a Álvaro Torrente, que se encontraba, como yo, entre el público. Sacamos entre todos poco en claro; pero lo que me resulta más que anómalo es que los editores actuales, entre otras cosas, no hayan empleado testimonios manuscritos  de algunos bailes, que se acompañan de notas de dramatización e incluso de tablaturas musicales (por ejemplo, en la HSA). 
Cuatro párrafos dedican los editores a esta decena de composiciones, de enorme atractivo y complejidad. Y aun de esas veinte líneas sobra la mitad, con tantas imprecisiones (“fundamentalmente romances”) como comentarios críticos anodinos. Un auténtico retroceso en el conocimiento de la obra de Quevedo; del que ni siquiera parecen conocerse –no aparecen en la disparatada bibliografía– los dos últimos trabajos sobre el teatro y zonas afines: el de María Hernández (tesis doctoral, dirigida en Barcelona por Rosa Navarro, que está en la red, allí podrían haberse enterado de que puede que haya más testimonios de la comedia Cómo ha de ser el privado) y el de María José Alonso (varias publicaciones, algunas derivadas de su tesis doctoral y en revistas y monografías, en Santiago de Compostela, viejas ya de unos seis años).
Si uno lee “Los galeotes, baile III” en esta edición, por ejemplo, habría que señalar a los editores que entre el verso 80 y el 176, donde termina, no hay romance, forma con la que se abre el baile, sino una sucesión de redondillas, romancillos, seguidillas, estribillos, etc. que configuran la forma dramática y que hubiera sido necesario editar cambiando parlamentos, lo cual hubiera sido relativamente fácil persiguiendo metro y rima. Como va todo de cualquier manera, los editores no se dan cuenta de que en el v. 56 del baile IV, una seguidilla (de 6-6-7-5), marca el cambio de interlocutor, a partir de la cual y durante los más de cien versos que restan aparecen todo tipo de metros tradicionales –y no romances–, que en esta malhada edición se amontonan en serie (¡). Pero es que hay incluso alguno, como el baile VIII (Boda de pordioseros) que no tiene ni un solo verso de romance: cien versos de romancillo, una silva de pareados, estribillos y un final de seguidillas.
BNNápoles, con las actas orginales del Parlamento
Lo más grave estriba en que, como no se han percatado de la forma métrica –ni naturalmente, de su valor dramático–, a veces cortan los versos mal y quedan cojos o disparatados, o admiten tetrasílabos como verso, lo que no ocurre nunca en la poesía antigua, a no ser cuando aparece la copla de verso quebrado, lo que por cierto también aparece en uno de los bailes (el II, vv. 93 y ss; tres coplas), de lo que tampoco parecen haberse percatado, a juzgar porque inmediatamente parten un octosílabo “Siente vuarced / Que ya siento”, como si fueran dos versos de cuatro sílabas. Esa escansión errónea se produce otras veces. Dada la precariedad con la que se edita esata decena de bailes, sería pedirles peras al olmo que nos explicaran la función de esas coplas, de algún eneasílabo (tres), un decasílabo, de las series de redondillas (baile IV), de las sextillas (VI), de los romancillos exasilábicos (VII y IX), de la silva de consonantes.... Así quizá encuentren el valor dramático de estos bailes y por qué suelen terminar con un festejo de seguidillas, la forma triunfante del baile desde principios del s. XVII (véase el final del baile I).
Muchos etcéteras, que no habrá más remedio que señalar detalladamente.
No sé yo para qué habrán servido las quince páginas de bibliografía, si lo que resulta más elemental e importante –que podamos leer a Quevedo– no se ha logrado. Y otras 124 páginas de introducción, a la que le sobran, por lo menos, cien, pues los editores se limitan a parafrasear y repetir los argumentos de cada una de las obritas –comedia y fragmentos, entremeses, bailes....
Hay que volver a editar el teatro de Quevedo. Y después de una edición correcta, se tiene que intentar reconstruir el panorama histórico (fecha, función, etc.) y ensayar una lectura crítica más adecuada, manejando mejor las fuentes (¿por qué no se han utilizado los testimonios escritos y manuscritos conocidos?) y utilizando todos esos elementos para una lectura mejor y una presentación adecuada del teatro de Quevedo

sábado, 23 de julio de 2011

Cancionero de Clara: "Una mujer que cerca nunca vino...."



Una mujer que cerca nunca vino
me mira azul desde este mar lejano,
en sus olas he visto como vuelve,
la brisa que acaricia son sus manos;

a veces se me viste de horizonte,
a veces con los cuerpos estrellados
nos acostamos a mirar la noche
y me susurra sin cesar al lado;

alguna tarde cuando está encendida
intensamente inmensa me ha mirado,
como yo la miraba tantas veces,
los dos intensamente hemos callado.

Inmensidad ausente del recuerdo,
de todo lo que nunca hemos amado.


ladrón de paisajes y flores silvestres



La otra cara de la moneda de “cortar” es la de la desaparición de las flores silvestres, en su mayoría más pequeñas u ocupando lugares escondidos, de paso, quicios y cunetas. En la poda de hoy he respetado unas cuantas, de las que doy muestra, aunque no he identificado más que seis o siete, a través de un libro de Xosé Ramón García (Vigo, 1991) sobre “plantas con flores”.
centaurea nigra
Me he encontrado con que muchas de las plantas más frecuentes de esta tierra navegan entre lo de “silvestres” y “cultivadas”; en realidad son silvestres –yo no las he cultivado nunca– las fresas, las ortigas, las celidonias, casi todo tipo de enredaderas, variedades de la menta.... y, pasando a mayores, como se desprende de la antrada anterior, tampoco haría falta cultivar abruños (un ciruelo silvestre, del que se hace un licor), guindos, nogales, higueras, castaños, tojos, laureles, que libremente crecen y se desarrollan sin necesidad de cultivarlos.
digitalis purpurea
El término medio lo ocupan aquellas especies que, una vez introducidas, es decir, cultivadas, se entregan a la naturaleza y ya no necesitan más cuidados que controlar su expansión, en mi caso ocurrió con los avellanos; pero sin duda es lo que ocurre con los eucaliptos, los ladrones de paisajes, que, curiosamente, están empezando a dejar claros, algunos claros. 
Un labrador del lugar me comentó el año pasado que se había arruinado porque los eucalipto de los montes circundantes le habían robado cuatro horas de sol y casi todos los cultivos que tenía. 
A lo mejor vuelven los paisajes y los cultivos.







celidonia

viernes, 22 de julio de 2011

Cortar y el camino del jabalí


La casa vieja de los veranos se encuentra en un lugar cuya vegetación se define bien por cómo llaman los lugareños a lo que yo diría “cuidar o arreglar el jardín”: cortar es el nombre más usado, porque se trata siempre de librar a la tierra –o a los cultivos, si se tratara de huerta– de todo lo que crece sin permiso, sean malas hierbas, sean semillas de castaños, laureles, eucaliptos, nogales, higueras, guindos, abruños, etc. que sencillamente han prendido siguiendo el curso natural de la reproducción “no asistida”. 
De manera que debajo de los guindos del camino hay siempre retoños de guindos, que se han de arrancar; y debajo de los avellanos, avellantitos; los retoños de los laureles son más viajeros, y suelen aparecer en escondrijos sombreados, como arbolitos diminutos; los de los castaños, si uno se descuida, aparecen un buen día con un metro de altura y ramificaciones, normalmente en cunetas o cruces de terrenos, quizá como los eucaliptos.... 
el camino del jabalí, entre enebros

Da pena, a veces, arrancarlos, pero no hay otra solución, si de verdad esta zona es la que tiene uno de los índices de crecimiento mayor de Europa, casi como la selva. Y así debe de ser: la glicinia, año tras año, echa sus brazos al horreo y se propaga por todos lados, con centenares de ramificaciones, con una fuerza inaudita; los varios tipos de boj necesitan podarse casi constantemente, lo mismo que las fucsias –sobre todo la que llamana de “pitiminí”, a la que no arredran las zarzas, con las que convive propagándose casi a ojos vistas.... Y así podría seguir ejemplificando con varias decenas más de especies (ortigas, celidonas, aucubas, lavandas, enebros, deutzias, saúcos, camelias....). De entre todas las especies, señeras las hay, que mantienen su jerarquía solitarias: un tejo dorado, la enorme secuoya, el ciprés del himalaya, un alcornoque, algunos chamecíperos, etc. De ellos se encarga lo que aquí llaman “el temporal”, que a mí al menos me ha derribado los árboles más viejos: un nogal, o más grandes: un chamecípero. Sin embargo, cuando uno desea quitar un árbol porque está mal situado o es peligroso o sabe dios qué, hay que ver como se resiste a desaparecer por las buenas. Por peligroso quise suprimir el estramonio o datura –sabido es que es muy venenoso y de una fragancia, sus flores llamativas, embriagadora–:
invasión de hortensias

durante dos o tres años, después de cortarle, seguí persiguiendo sus raíces y abortando los brotes nuevos. Pues este año me lo he vuelto a encontrar, hecho y derecho, rozagante, con más de metro y medio de altura; algo semejante a lo que pasa con una de las dos grandes higueras que había: la que derribó el viento hacia un barranquillo –una serventía– rebrota todos los años, y el año pasado dio buena cosecha de higos, que yo no vi madurar. Y esa es la manera de comportarse de los saúcos, que bien se ve que son de la tierra –se le consideraba árbol sagrado–, y que rebrotan una y otra vez, como si la poda no fuera con ellos.
saúco
Seguir hablando de árboles, arbustos, plantas y demás sería nunca acabar, habida cuenta de lo que he señalado del crecimiento exagerado que humedad y temperatura suave causan en esta comarca. De manera que ya me he habituado también a llegar y “cortar”, sobre todo para despejar los caminos necesarios para moverse alrededor de la casa. Lo más inmediato siempre es cortar la parra virgen, que ya ha llegado a las tejas; la glicinia que devora el hórreo; hacer camino para moverse entre las hileras de bojs; rebajar la altura de todos los hebes, aligustres y demás, para que dejen pasar el sol a otras partes; contener la masa de hortensias, celindas y laureles, sobre todo para que no se conviertan –los últimos– en árboles imposibles de podar; atajar los caminos de las mil enredaderas y trepadoras que ya han ascendido por los muros; o de las vivaces –como las fresas– que están invadiendo todo....
Curiosamente, es una tarea condenada al fracaso: si cualquier año yo no “cortara”, por la razón que sea, el saúco dejaría sin luz a los limoneros; el castaño ahogaría a los manzanos; las ortigas terminarían con las azaleas; los acebos serían atacados por enormes aucubas y el membrillo del Japón, aliado con los agracejos, terminaría con una especie muy valiosa de pino que allí al lado medra.
Y me río cuando paso la tarde, tijera en mano, “cortando” y amontonando lo cortado –que ahora no se puede quemar– en montañas enormes, porque es una tarea, casi, ya se habrá adivinado, como la de la existencia misma: salir al paso siempre de lo que ocurrirá, inevitablemente, cuando ya nos queden fuerzas para seguir.
fucsia de pitiminí

Y mientras tanto, aprovechando estas moralejas existencialistas, he comprobado que el jabalí ha cambiado su ruta, en vista de que se lo puse difícil en la anterior, cuando bajaba desde el monte cruzando la carretera, al lado de uno de los castaños; ahora se ha abierto dos caminos, uno de ellos descarado y mucho más cercano a la casa, entre tres enebros jóvenes (se ve muy bien la foto); el otro, un poco más allá, aprovechando un hueco en la cerca de bojs, a modo de desafío. Tú me cierras uno, yo te abro dos. Me dijeron que le gustaba dormir (¿con la familia?) debajo de un gran castaño que está en la esquina de un ferrado, algo alejado de la casa, posiblemente esperando a que haya cosecha de castañas, que yo no puedo recoger, porque para octubre yo estaré ya hablando con mis alumnos de los versos de Garcilaso y de cómo Lope se ganaba la vida escribiendo comedias, y se distraía en un pequeño huerto que tenía en casa.