Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 31 de mayo de 2011

Oriente de piratas, Ótranto aterrorizada por Acmet Pasià

He venido buscando el puerto más oriental de Italia. Se llama Ótranto; aparece en las historias del Adriático con relativa frecuencia, pues era la avanzadilla contra bizantinos, turcos y piratas: un puerto codiciado por todos. Los reyes aragoneses reconstruyeron una enorme fortaleza, desde tiempos romanos (hay curiosas excavaciones arqueológicas), que fortalecieron antes los bárbaros y los bizantinos y que convirtieron en mole inexpugnable los virreyes españoles. Se conserva un poco de todo. Además de los restos de la fortaleza perduran otros –entre ellos, frescos y mosaicos estupendos–, y perdura el recuerdo ya legendario de la toma de la fortaleza por los turcos en agosto de 1480, para conmemorar la cual se levantó Santa María de los Mártires, cuyo "campanile" suena a la caída de la tarde sobre la playa.
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El jefe turco, Acmet Pascià (hoy nombre del restaurante mejor situado en el paseo marítimo) encerró a todos los cristianos en la basílica y mandó degollar a los que no se convirtieran. Ochocientos cristianos fueron degollados en una macabra ceremonia –continúa la tradición, recogida también en crónicas de le época–, pero el primer degollado se mantuvo en pie, sin cabeza, causando el estupor de los turcos, y quien le había degollado, Antonio Primaldo (¿le bautizaron luego?) se convirtió inmediatamente a la fe Cristo, por lo que fue empalado. "La sua atroce condanna fu di essere impalato. Ancora oggi lungo la scalinata, si conserva la colonna del supplizio", que no voy a reproducir.

Ótranto tiene mucha historia, pero el sol no se pone por el mar, como esperaba, sino detrás del caserío de la playa, por la configuración de la costa: eso sí, con una luz dulce y suave, como las de sus aguas playeras, al final de la bahía que acoge al puerto. Lo he recorrido de arriba abajo; lo turístico casi se ha  impuesto sobre lo histórico, pero queda todavía esa sensación de que es el "balcón del oriente", como se llama otra pizzeria del lugar, aunque también las hay que se llaman "El corsario" o el mentado Acmet, signo de descreencia, desmentido por una procesión que acaba de pasar –a las diez de la noche– con una virgen y fuegos artificiales para terminar. Estamos en Italia.
Eso sí, mi sorpresa ha sido grande cuando me he encontrado que dentro del castillo hay montada una exposición en torno a "otro aragonés": Salvador Dalí. La he visto y le daremos entrada. Va un adelanto, el de las sillas que adornan el foso y luego continúan por las almenas, obra de artistas locales, que han enriquecido la muestra.

"Un balcón sobre el mar en la muralla...."

Nápoles. Castel-Nuovo


Un balcón sobre el mar en la muralla,
los pescadores del atardecer
se llevan los azules mar adentro
y escriben con sus barcos diminutos

los primeros renglones de la noche
en la pizarra oscura de las olas;
haces de luz descienden desde lejos
y anuncian la certeza del final.

Nuestra capacidad de ser se agota;
habrá que apaciguar algún sentido,
descansar a la sombra del camino
antes de que aparezca la montaña.

Queda algún resplandor al horizonte.
¿Qué habrá sido de aquellos pescadores?

Me lo ha enviado la British, y sin cobertura voy

Es difícil por los lugares que voy conectar el ordenador, leer el correo y mantener vivo el cuaderno. Pero ayer recibí tres muestras preciosas de gafas que retrotraen su uso a cien años antes –mediados del s. XV– y que voy a incorporar a mi propia colección y voy a integrar en una charla, en cuanto me den permiso mis benefactores.

Copio el anuncio de la conferencia referida, en la Biblioteca Nacional de España, el 16 de junio; espero publicarla luego en Manuscrt.cao, revista digital que editan Javier Maldonado y Diana Eguía, probablemente, vaya, la mejor revista filológica on line en estos momentos. He visto que han convocado reunión para el día seis de junio –yo todavía no habré vuelto– y que Diana Eguía si que lo ha hecho de sus andanzas quevedescas, y de otras, de Filadelfia. Seguramente el número tres de la revista estará ya a pronto a lanzarse. http://www.edobne.com/manuscrtcao/
La British, con diligencia encomiable, me ha mandado reproducción digital de parte de la fidelísima reproducción de Nápoles de A. Barretto, que es la que va: pero son 104 las reproducciones de la obra que veo en catálogo, lo que me hace pensar en un libro o en cuadro enorme, y el original que yo vi tendría un metro (largo) x 40 cm. alto. Lo habré de ajustar en Madrid.
Y entre las cosas que no he podido colgar, un soneto apasionado y veraz en el que le pido a Clara, definitivamente que no huya por las galerías de los sueños, que mucho más grande, complejo y difícil es el mar y que lo tengo cada día –y ahora– delante de mis ojos. 

lunes, 30 de mayo de 2011

Papeles viejos de los virreyes



Algunas de las búsquedas documentales me han dado
resultado relativo; relativo porque cuando encuentro documentos importantes la necesaria rapidez con la que tengo que trabajar me impide profundizar en la búsqueda, que muchas veces queda señalada e incorporada a los "lugares de fuentes originales". 

En Italia me ha ocurrido varias veces; ya me pasó en la Biblioteca Nacional de Nápoles, me ha vuelto a ocurrir en el Archivo del Estado de la misma ciudad. Para la BN, espero terminar a mi vuelta del sur, en un par de días, el "señalamiento" que hace años hice de varios manuscritos importantes, que no creo que se hayan vuelto a mirar. 


Trabaja ahora en esta Biblioteca un grupo de investigadores, dirigidos por Encarnación Sánchez, que recoge los impresos del s. XVII; entre ellos, Roberto y Laura, dos jóvenes profesores (italiano y española) que me van a poder echar una mano cuando intente moverme de nuevo en el laberinto de esa biblioteca.
El señalamiento y noticia que quería dar ahora es, sin embargo, el de los fondos del inmenso Archivo del Estado, en Nápoles, del que siempre se dice que padeció bombardeos alemanes en 1943. En la primera redacción de esta nota no dije algo fundamental: es un antiguo convento de benedictinos, lo que explica el enorme claustro, las dependencias, etc.
En un edificio enorme conserva materiales, por lo que he podido adivinar, muy valiosos. Bien dirigido por su director, he iniciado la consulta de papeles y terminado por ver unos cuantos legajos (cada uno de ellos de unos 2000 folios) que conservan nada menos que los despachos de la secretaría de los virreyes; he visto sistemáticamente los que cubren los años 1609-1620, periodo de Osuna. Il viglieti originali Segreterie dei Vierre. 
Hay secciones enteras firmadas por el secretario Gabriel Leonardo de Albión; otros muchos son peticiones del capitan Francisco de Castro, más de Francisco de Espejo.... No he reconocido ni letra ni firmas de Quevedo, lo que parece normal, su trato y función no era oficial, sino más familiar y privado.
Tengo la seguridad de ser el primero que he ido pasando esos documentos, y lo digo por conocimiento archivístico, sé lo que pasa cuando se abre uno de esos legajos que no se ha abierto nunca y se empiezan a perder las hojas, a pegarse la humedad de las esquinas, a estropearse las hojas apelmazadas.... Me decía el director, amablemente, cuando me explicaba las normas del archivo que todas ellas venían obligadas por la  falta de personal, de lo que doy fe (solo se pueden consultar dos legajos al día, pedirlos en horas determinadas, etc.) 
Mi Mac me permite, sin transgredir la ley, obtener algunas fotos, con solo apretar el botón, claro. Y he recogido algunas muestras.
Los despachos me daban cuenta de una documentación interesantísima: todo lo que llegaba de ese modo al Duque de Osuna; y lo que llegaba eran tanto cédulas reales –hay muchas, con el sello y la firma del Monarca dirigidas a su "primo" el Virrey–, como lo que pedían las personas que llegaban o pasaban por Nápoles, fundamentalmente capitanes, navegantes, mercaderes, tropa.... que solicitan ayuda, pasaporte, empleo. Un universo increíble desde el que bien se aprecia el trasiego humano de los españoles de la época: Flandes, Roma, Sicilia, Milán...., con noticias que haría falta contrastar en búsqueda sistemática. Por ejemplo en 1619 el Rey advierte a Osuna que Julios César Fontana, ingeniero, está trazando los muelles de Gibraltar y Ceuta (¿es el famoso Fontana de los ingenios teatrales?).
Señalado queda para futuras visitas, o para investigadores en ciernes que anden trabajando el campo.
Cierro las ilustraciones con esta fotografía del patio del antiguo monasterio de benedictinos.







La catedral del mar y los tamarindos, Trani

Trani es uno de los puertos que se citan con frecuencia en la documentación italiana de la época de Quevedo, durante el virreinato del Duque de Osuna. Trani, Brindis, Bari.... Trani era un conocido puerto del Adriático, ya en la Edad Media.

Me he encontrado con una ciudad bellísima, blanca y azul, mirando al mar, rodeando al mar, extraordinariamente bien conservada, de la que hay que destacar, como bien se sabe, el duomo, la inmensa y hermosa catedral de aire normando, el último edificio antes del espigón, exageradamente elevado para estar casi con los pies en las olas. El conjunto se completa con un castillo de origen medieval, palacios y casas señoriales, iglesias, callejuelas de trazado antiguo.... y un parque extraordinariamente bello al otro lado del puerto, también mirando al mar.

Además de un par de palacios de la época, uno de ellos por cierto con una exposición de artistas cubanos actuales –latinoamericanos, en realidad–, he localizado y visitado la casa del enviado o gobernador del virrey; es la que tiene ahora una farmacia abajo.

Han sido cuatro horas de recorrido; en ningún momento me he sentido cansado o aburrido, pues la ciudad no lo permite. Al final he cenado en el puerto, esperando tomar algún pescado desconocido, lo que no ha ocurrido, a pesar de que me lo habían predicho y de que el puerto se ve muy activo. Eso sí, parece que se ha quedado en puerto pesquero y deportivo, no he visto demasiados mercantes y faltan los galeones y las fragatas para defenderlo de los turcos, los piratas y otros enemigos ocasionales. Mejor.
Va la imagen del viajero, también, a petición (me dicen que nunca aparezco, es verdad) sentado al final del recorrido por la ciudad, en la esquina del paseo marítimo que es un jardín tan cuidado que hasta contiene una exposición de flores, y cuya última frontera es una hilera de impresionantes  tamarindos, que han crecido bebiendo la brisa del mar y retorciendo troncos como ningún árbol sabe hacerlo. Daré más adelante una muestra de una decena de troncos de tamarindos. 

domingo, 29 de mayo de 2011

Hacia el Sur: Puglia


Me voy hacia el Sur, a la Puglia, bordeando el Adriático, en un camino que, al menos en algunas de sus obras como Lince de Italia y Mundo Caduco, recorrió Quevedo. Hasta el tacón, con paradas en Trani, Brindis, Bari, Lecce y Gallipoli, más las que surjan. Y me llevo esas obras y documentación de sus cartas y referentes a las andanzas del duque de Osuna en los tres mares –Tirreno, Jónico y Adriático–, sobre todo en el último, donde, en expresión de la época, "metía los barcos" para amedrentar a los venecianos. 

No pasaré a tierra de los "uscoques" (bosnios, croatas, albanos....), pueblos a los que dedicó el escritor páginas muy curiosas. Eso y la Biblioteca Nacional de La Valleta, en Malta, tendrán que esperar otra ocasión.


Voy en coche, un poco de miedo dan las carreteras italianas, mejor dicho sus conductores, cuyo adelanto me han enseñado los motoristas de Nápoles: he llegado a ver cinco en una moto, de los cuales tres eran menores, todos sin casco. Conviven las motos con los viandantes y ni a unos ni a otros les interesa esa cosa rara que se llama "semáforo" y que juega a lo de las lucecitas. Damas, abuelitas, hombres fornidos, adolescentes.... todos van en moto por todos lados.

Resulta todo diferente, extraño, como vivido directamente sin pasar por el tamiz social u oficial; y no solo en los modos de vida y de conducta. Este olivo centenario, podado para que no supere el metro y medio, se encuentra delante del puerto de Nápoles –hay más–, prácticamente en maceta. No me lo explico.


sábado, 28 de mayo de 2011

Cancionero de Clara, "Quizá podríamos rehacer los hábitos...."

Quizá podríamos rehacer los hábitos
de la tristeza, su amaneramiento,
que no tiene por qué andar con la lluvia
ni andarse tras chopin todos los días;

no permitirle que dejara rastro
en nuestra adolescencia, que el otoño
necesita de nuevos planteamientos
y que lo que se sabe es mas bien poco.

Mejor que continúe la emoción
abriendo surcos corazón adentro,
vayamos a que cierren los pecados
y de nuevo prohíban lo que gusta.

Y tú, anda, clara, quítate la ropa,
que necesito acariciarte el pecho.

Democraciareal.ya

SI ESTAIS DE ACUERDO PASARLO A TODOS VUESTROS CONTACTOS Y QUE CORRA LA NECESIDAD DE CAMBIAR CIERTAS COSAS.

LA DENUNCIA SILENCIOSA
Está comprobado que los millones de msn, correos, vía móvil e Internet han
logrado exasperar a los políticos de este país.
Hay que seguir denunciando y dar curso a todos estos mensajes que les pongan
en evidencia.
A partir de hoy, periódicamente, vamos a poner en marcha un mensaje
denunciando alguno de los escandalosos privilegios de los que se han dotado
los políticos. Para que os hagáis una idea de lo que hablamos, aquí tenéis
los cuatro primeros que van a circular

Arte, paraguas y cochecitos

No todo es arte en Nápoles, aunque quizá sea lo que más abruma, porque se da, está, con tal abundancia y de tal modo integrado en la vida civil y cotidiana que no resulta fácil asimilarlo. Mucha gente vive en casonas inmensas o en palacios; cada unas cuantas manzanas aparece una iglesia, una imagen, un oratorio, que conserva cuadros, esculturas, elementos decorativos.... El inventario de los bienes culturales de Nápoles, si es que se ha llegado a completar alguna vez, ha de ser una verdadera enciclopedia. 
Y yo lo que hago es deambular y asimilar lo que me cae a mano cuando estoy realizando mis propias pesquisas quevedianas e históricas. 
Hoy por ejemplo he ido a la búsqueda de un original de un mapa de Alexandro Barreta de Nápoles, que en algunas reproducciones que he visto lleva el año de 1629, es decir, muy cercano a la estancia de Quevedo en esta ciudad (1613-1619). Sé que hay copias (¿de impresos?), en la British Library, por ejemplo –y ya he pedido una, que me van a enviar–, que creo posteriores; como no puedo entrar en esa documentación, que es secundaria en mi caso, pues he buscado, como digo, la fuente original. Y la he encontrado: estaba en el Palazzo Zevallos Stigliano, institución bancaria que se encuentra en la Vía Toledo. Allí me he encontrado con un banco suntuoso –mármoles, forjados y dorados, inmensas lámparas de cristal, pinturas exquisitas, y una galería de arte....– y en efecto allí estaba el mapa, colgado en una pared, que no se permitía fotografíar. Un poster había, que no me sirve, pues viajo como filólogo, precariamente, sin condiciones para trasportarlo bien. Lo curioso es que al Palazzo exponía "por primera vez para todo el público napolitano" el último cuadro de Caravaggio, el martirio de Santa Úrsula, pintado probablemente en Nápoles en 1610. No lo reproduzco porque no pude fotografiarlo, como dije, y tampoco tengo una imagen buena. Ya la buscaré. 
Otra vez las fechas se me juntaban: el Orfeo de Monteverdi (1609), Santa Úrsula (1610) de Caravaggio, Galileo, el segundo Quijote.... Es el universo de Quevedo, que entonces deja de redactar España defendida y elabora un cancionero que va a llamar Heráclito Cristiano, entre otras cosas. Y viene a Nápoles. Sin duda se alojará, con el duque de Osuna, en Castel Nuovo, y desde las torres y alturas del castillo verá terminar la fachada del Palacio Real. Hoy he visitado ambos lugares.
Plaza "Caritá"


 Se me va, nuevamente, el comentario a la historia, cuando yo lo que quería era hablar del otro arte, por ejemplo de cómo exponen sus artículos los miles de vendedores callejeros, con arte; entre las varias fórmulas que se han inventado, son las más curiosas las que utilizan hábilmente los paraguas abiertos como mostrador y las que ocultan cochecitos de bebé; pero hay más. Estas dos han alcanzado incluso un cierto grado de refinamiento: los paraguas se apoyan en un trípode y se eligen los de colores uniformes y vivos que hagan resaltar las baratijas.

Todo es arte.
Mañana me iré al sur.

Unas gafas en la Iglesia de Santa Ana de los Lombardos

En esta itinerario errático que es la vida cotidiana hube de detenerme hace unos meses, el viernes ocho de abril, a considerar la historia de las gafas/lentes, ejercicio de investigación que me venía planteando el modelado de un busto de terracota de Quevedo que se conserva en la Biblioteca Nacional de España. Y de esa estación, las imágenes halladas de Georges Le Tour, Anielle Falcone, El Greco, Ribera y, sobre todo, la del famoso cuadro El Cirujano de S. Van Hemessen (+ 1556). "Sobre todo" va en la frase anterior porque su fecha es muy temprana.

En uno de los paseos artísticos por Nápoles visité ayer la Iglesia de Sant'Anna dei Lombardi, que es uno de los templos obligatoriamente visitados y vividos por Quevedo durante su estancia napolitana: data de comienzos del s. XV y había venido siendo siendo el lugar preferido por la corte aragonesa, que lo llenó de enterramientos, por lo que he visto, continuados hasta el siglo xviii. 
La Iglesia es feota por fuera, como se ve: en las gradas de la entrada había una pareja haciéndose arrumacos, y así salió la foto, adornada su fealdad con una nota de los nuevos tiempos. Por dentro resulta, sin embargo, deslumbrante, aunque no pude ver el grupo de La pietá de Guido Manzoni, del que decía un cartel que o se preserva o se pierde, y que no hay dinero. 
Pero sí pude entrar en la sacristía, obra de G. Vasari casi toda, y salita de conciertos de piano (estaban afinando uno), que es un ejemplo de decoración profusa con curiosos cuadritos de Nápoles, que hace falta mirar de cerca e iluminar (reproduzco algunos).
Al salir de la sacristía al templo, por una salita que exhibía un nacimiento, en una esquina superior, desde una ventana, un fraile nos miraba: era un fresco de Vasari; el fraile llevaba unos lentes en la mano, que ahora son, junto los de Van Hemessen, mi documentación más antigua (¿1540?) sobre est artilugio para mejorar nuestra calidad de vida, como se dice ahora.




No puedo exhibir estados de felicidad por tanta poquedad; pero al salir del templo, en la plazoleta, vi un mercadito popular de frutas, verduras y productos artesanos (quesos, embutidos....), y todo me animó bastante para el largo día de legajos que me esperaba en el Archivo del Estado. 
La fotografía del fraile, distante y curioso, está tomada desde abajo, naturalmente, pero el fresco se pintó para esa perspectiva:


Bibliotecas, pizzas, presidentes.... Nápoles



Va la entrada como la ciudad, muy destartalada; también como van las tareas de las largas jornadas de trabajo, de biblioteca en archivo, con alguna pizza de por medio. El problema de las pizzas ahora es Kennedy, porque hoy, mientras me buscaban los legajos en el archivo del estado, he comido en una estupenda pizzería cercana, que se llama "del presidente", porque en ella comió Kennedy. Y ya son varias. Está claro que el presidente tenía que comer todos los días; luego habrá más. 
He pedido una fuerte (creo que se llamaba "Tarantino"), que me ha atacado como adormidera cuando empecé a leer las peticiones de los soldados españoles a los virreyes. Cuando por fin me han echado de ese enorme caserón, me he ido rápidamente camino del mar, para que la brisa me limpiara el polvo de los documentos y las telarañas de la imaginación.

Biblioteca de la Universidad
 

Y aun antes y hoy he visitado más bibliotecas con fondo antiguo. En la de la Universidad de Nápoles -palacio precioso, ya casi cansa decirlo– me han sacado el cajoncillo de los manuscritos, que me parece que nadie ha tocado desde hace un siglo, y no es exageración. No había nada interesante para este investigador; pero me ha vuelto a llamar la atención el juego de lápidas conmemorativas, primero su cantidad y luego la leyenda, que suele ser –como la de los restaurantes franceses– larga y elaborada, en este caso con ribetes de emoción, tal y como son las tres que reproduzco, una de ellas la dedicada a Benedetto Croce. Cierto estoy que en la Autónoma de Madrid discutirán sobre la que me van a poner en cuantito me jubile. Me regocija la vanidad pensarlo: todos a una peleando por ver qué verbos mejor encarecen el pesar que les embarga por mi ausencia.
Al final, el mar, el mar, el mar.... con todos los colores de un atardecer borrascoso.