Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 20 de mayo de 2010

Escribir a mano o a máquina (y una nueva revista)

En los dedos viajan las palabras cuando emergen de la semilla de la voluntad y van a decirse, a decirse ahora por órdenes que encargan un juego de dibujos, para que inicien los dedos su danza expresiva en algún lugar y, si pueden, dejen su mensaje, que realizará entonces otro vuelo distinto, esta vez el que va de los dibujos quietos, depositados, a los ojos que consumen y descifran aquellas  huellas que las manos habían trazado cuidadosamente.
Ese viaje tan maravilloso, al que nos hemos acostumbrado de modo natural, a veces se dirige hacia los labios, para moverlos y crear sonidos, lo que parece simple, pero nada es simple y nada tiene por qué ser simple proceso en tamaña actividad: se produce como si lo fuera; mas detrás de ese ejercicio ancestral y mágico que lleva hacia las manos un gesto que va a decirse y luego deja una estela de garabatos, una hilera de hormigas trenzadas, detrás de ese gesto alguien estuvo moviendo la poderosa máquina de su cerebro y de su cuerpo de modo que todavía no comprendemos exactamente. Algún día se sabrá.


Lo que hemos ido cambiando de ese proceso ha sido el instrumento y el producto con que embadurnar la superficie, la pista de baile  de los dedos: que si con un palo en la arena o en la pared, que si tinta, grafito o pintura…; luego aprendimos a utilizar solo la yema de los dedos, mientras la superficie donde ordenábamos los dibujos para que fueran comprensibles se volvía más nítida, más satinada, más delgada… Las diversas civilizaciones estilizaron el resultado de esa actividad en escrituras codificadas.
Hemos conseguido recientemente suprimir el vuelo de los dedos y sustituirlo por el viaje de los sonidos, la vieja modalidad oral, para que una máquina cumpla la tarea del dibujo, con más perfección industrial y con menos gracia artesana. Mis alumnos se sorprenden de que yo prefiera trabajos escritos a mano en vez del uso de los procesadores de textos del ordenador, es decir, que prefiera y valore la parte artesanal del proceso de comunicación a la parte industrial, riquísima, si se quiere, pero en la que todos pueden dibujar la letra times, la trebuchet, la century o la calixto… cuando en realidad eso no es verdad: es tarea de la máquina, que recoge el trabajo de los diseñadores. Y es válido hacerlo así cuando queremos funcionalidad y objetividad en vez de matiz artístico. 
Vuelan las palabras en las manos y cuando llegan a su destino se van hacia los dedos, que ejercen su tarea como quien hace pan.
Sin embargo, sin embargo, no causan estupor, emoción, risa o llanto por su figura cuando llegan a ser vistas esas huellas por otras personas; y si lo causan, pocas veces es por su forma, sino por el reflejo mental que producen en el lector, que así se llama a quien las recibe y las entiende. Es decir, conmueven o informan cuando se culmina el proceso de vuelta, que normalmente ya no pasa por los labios, sino que de los ojos va directamente al lugar incomprensible del cerebro que antes citaba. Y entonces quien sufre ese proceso puede reír, llorar, salir despavorido, actuar en suma, como una consecuencia de haber finalizado ese proceso, que solemos llamar comunicación.
Dicen que no debe de andar lejos el tiempo en que las fases de este proceso vuelvan a refinarse aun más y un intercambio de miradas sea la comunicación, no en los términos que lo empleamos ahora, basados en la intuición y el conocimiento de la persona con  la que te miras (porque siempre tiene que ser “con”, es decir, cosa de dos o más). No, no: que al mirar dejas la huella de un significado que pasa inmediatamente de unos ojos trasmisores a otros receptores. Ya hemos visto, en ciencia ficción, la posibilidad final: el intercambio de significados –de todo lo que hoy necesita el soporte de la lengua– con algún tipo de conexión mental, una especie de WiFi mental. Y así se puede seguir especulando, sin desbarrar demasiado, porque lo que sí que hemos aprendido de los avances en la comunicación es que casi todo va a ser posible y que ni siquiera conocemos cuáles son las fronteras de ese “todo”. Está bien que así sea. Eso debe de ser lo que antes llamábamos civilización.
Por el momento, siguen siendo las manos las palomas mensajeras y los dedos quienes dibujan las letras; y los ojos los encargados de recoger esas huellas de contorno convenido para llevarlas al lugar donde se interpretan.



Esta extraña meditación a cuento viene de una pregunta que al final siempre me desconcierta: la de las lenguas “naturales” y su papel en este universo de progresos, descubrimientos y alardes. ¿Será la lengua natural “natural” o dejará de serlo cuando el infante mire a los ojos de madre y amigos para que le cambien los pañales o para jugar, porque lo habrá dicho la onda de antes, conectada al Wifi materno con tarifa plana? ¿Y a qué tareas se encomendarán las yemas de los dedos cuando ya no sea necesario teclear?
La contestación a esas preguntas abre abismos: adiós a nuestra civilización, a nuestro patrimonio… Buff. ¿Me llegarán las Meninas sin necesidad de ver el cuadro? ¿Resonarán las canciones de Strauss sin haberlas escuchado nunca? ¿Y por qué intérprete?  La reflexión se va al disparate, claro; y sin embargo procede de un aluvión de textos teóricos que ya están pregonando el final de la era escritural y el triunfo definitivo de la visual, que se perderá, a su vez, como el trigo de las eras, cuando sobrevenga la era mental o la imaginaria.

Voy a dejar aquí mi dogma: no creo que desaparezca nunca la lengua natural, ni la im portancia de lo que "naturalmente" produce, como la canción, la expresión de las emociones... y, si me forzáis un poco, algo de lo que se llama "literatura".

En los viejos congresos de Lingüística se prohibió hablar de los orígenes del lenguaje, que es un agujero negro, como el del futuro de la comunicación humana. Ahora ya no se puede prohibir nada; vamos, se suelen prohibir muchas cosas, lo que ocurre es que no se puede prohibir que uno las piense, las imagine, con lo que la prohibición queda en agua de borrajas. La imaginación empero es como una pedrada, llega hasta donde uno tenga fuerzas para proyectarla.

 
Nuestro equipo de investigación (edoBNE.com) va a comenzar a publicar la nueva época de Manuscrt.cao, revista sobre manuscritos e investigación literaria, con algunas de cuyas novedades (manuscritos inéditos, en este caso: fragmentos de Miguel Hernández, fray Luis de León, documentación de Quevedo...) hemos ilustrado esta noticia, que se cierra con la vieja carátula de Manuscrt.cao, en cuya primera época alcanzó el número VII. 
Daremos noticia inmediata sobre la nueva revista, la nueva época, la nueva gente...

3 comentarios:

  1. Justo ayer comentaba en el blog de Rafael Argullol sobre algo que me hizo pensar en el tema que te ha seducido hoy. La cantidad de cosas que tuvo que aprender nuestra generación que están quedando obsoletas; a no ser que las miremos con ese halo romántico que tú les das. Por ejemplo, el oficio de cartero desaparecerá muy pronto. Tal como está ahora sólo trae a casa publicidad.
    Gran ventaja la de morir con la mirada de Bécquer "por una mirada..." y no pensar en esa ciencia ficción que hoy nos presentas.
    He disfrutado de esta lectura como lo habría hecho de una conversación contigo.
    Pero la caligrafía nunca fue mi fuerte, tampoco la mecanografía. El ordenador me ha salvado en esta edad donde - con toda seguridad - nunca nos habríamos comunicado por escrito o por teléfono y habríamos pasado otros 15 años sin hablar.


    http://www.elboomeran.com/blog-post/2/8986/rafael-argullol/cuerpos-especiale

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  2. Si la piedra, en vez de ser lanzada a lo lejos, en plan discóbolo o lanzador de peso, cae sobre un estanque de superficie lisa, las ondas también pueden llegar muy lejos, ¿no, profesor? Me pasa lo que a Chiqui, prefiero memorizar alguna estrofa de Bécquer y seguir usando lapicero y bolis. Las yemas de los dedos siempre servirán -espero- para acariciar.

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  3. Obviamente las yemas de los dedos tienen la función esencial de las caricias, las otras funciones son secundarias; eso estaba sugerido, yo creo, en el texto. También corren peligro esas funciones tan humanas; de eso se puede hablar en otra ocasión.

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