Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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martes, 11 de mayo de 2010

El Lazarillo (6): "quiera dios no haga el hijo lo mismo que su padre…"

En esta nota ampliamos las referencias sobre Francisco de Mendoza, para cuyas actividades durante los años cruciales (entre 1550 y 1560, por ejemplo) se ha de consultar la jugosa monografía de Francisco Javier Escudero Buendía, Francisco de Mendoza "El Indio", 1524-1563: protomonarca de México y Perú, Comendador de Socuéllamos y Capitán General de las Galeras de España, Guadalajara: Aache, 2006. Francisco era sobrino de don Diego Hurtado de Mendoza, y es a él a quien escribe en 1557, desde Laredo, para que le deje ver, prudentemente, el libro a Felipe II. Volvemos a reproducir el documento, ahora de un manuscrito de la BNE, con algo más de claridad.


 
¿Por qué todo esto?
En la batalla de San Quintín del 11 de agosto de 1557 nuestro protagonista, Francisco de Mendoza, “El Indio”, perdió a su hermano mayor, don Íñigo de Mendoza, y a su tío Bernardino de Mendoza, que había sido nombrado recientemente Contador de Hacienda, el primero de un arcabuzazo después de haber sido de los primeros que asaltó la muralla, como recordará el Monarca cuando lo refiera; el segundo, de enfermedad, dos semanas después de finalizada la contienda. Francisco, que estaba embarcado en varios negocios relevantes, particularmente el de las minas de plata de Guadalcanal y el del monopolio de especias con las Indias, se mueve cada vez con más facilidad en la Corte. Se conserva un abundante epistolario con el monarca, casi siempre a partir de los intereses de la Corona por controlar las minas o del propio noble por conseguir contratos ventajosos, sobre todo para beneficiarse del monopolio de especias de las Indias (Jengibre, clavo, canela...);  en ese epistolario hay alusiones sueltas a los servicios prestados por los mendozas a la corona. ¿En qué se gastaba la hacienda el dinero de Guadalcanal? También lo sabemos, en un negocio que fue y sería muy mendocino: suministros para la armada y las galeras, mandadas por Andrea Doria y Álvaro de Bazán. A Diego Hurtado de Mendoza se le nombra precisamente entonces proveedor de la armada. Creo que la espesa documentación  que nos muestra todo ese trajeteo mercantil es más que suficiente para, primero, aceptar el papel relevante de Francisco de Mendoza durante esos años en la corte, con acceso directo al Monarca; segundo, relacionar a don Diego y a su nuevo nombramiento con el importante papel de su sobrino; y sobre todo para explicarse por qué Don Diego quiere utilizar el prestigio de su flamante sobrino en la corte para que Felipe II vea lo que ha escrito y no de otra manera.
Son casualmente los dos años de estancia de Felipe II en Inglaterra, y luego en Bruselas, en donde abdica su padre (1556), de donde vuelve enseguida. Felipe II regresó a Inglaterra desde marzo hasta julio de 1557. Necesitamos ajustar ese dato para entender por qué es solo en uno de esos intervalos cuando DHM envía un “libro” al Monarca. En efecto, no existe en esos momentos denuncia explícita a la Inquisición, pero sí mucho movimiento de piezas por parte de Valdés. Los temores de don Diego bien pudieron haber dado en el blanco. La lectura de esa nadería debió de motivar la inquina de Valdés contra los Mendoza, ahora que acababa de tomar las riendas, y actuaba contundente y eficazmente contra los nuevos focos de disidencia religiosa en Valladolid y en Sevilla, de manera que el Lazarillo pasó a prohibirse en el índice de 1559.

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