Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 6 de abril de 2010

A veces ocurre que

A veces ocurre que. Y entonces uno queda como suspenso durante un tiempo, sin saber nada más sobre. Como los ojos de Mercedes, abiertos hacia lo desconocido, en una esquina de una mirada sorprendente que recoge la luz que hubieras querido compartir, hacia donde hubieras ido y que, sin embargo, se desviaron, y alejaron caminos claros del mar, irremediablemente; lugares donde nunca estarás. A veces ocurrre que. Como con aquel hombre que esperaba a la puerta de la panadería a que abrieran, desaliñado y sin afeitar; mendigo no era, porque al pagar buscó entre billetes, tarjetas de crédito y llaves la moneda que le diera el pan. Y lo empezó a comer mientras salía al frío y enseñó la tristeza y en la tristeza el cansancio y quizá la solución. Ocurrió que; pero era casi imposible hablarle desde el lugar en donde nos han colocado. Y como el chaval que se reía en el parque sentado en el respaldo del banco, él solo, contemplando algún invento de su imaginación o el paisaje de sus recuerdos, al que hubiera ido para compartir la risa, el asombro, la belleza. A veces ocurre que. Seguiremos renunciando. Es difícil ya restaurar tanta costumbre perdida en ese avance continuo, pertinaz, casi programado hacia la soledad. Pero cuando hago un alto en el trabajo para descansar, me doy una vuelta, y paso por delante del asiento de Mercedes, salgo a la calle, frente a la pastelería y deambulo por el parque sin rumbo.

[Denis Antonio]





No hay comentarios:

Publicar un comentario