Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 26 de abril de 2010

Lazarillo (3): Tomás Tamayo de Vargas

He aquí otro personaje que pertenece al contexto del Lazarillo, aunque sea posterior: junto con Schotto (o Schot, que de las dos formas lo he visto escrito) fue de los primeros que atribuyeron el Lazarillo a DHM (siglas ya permanentes para Diego Hurtado de Mendoza). No existe una recopilación o una monografía sobre este madrileño insigne de actividad tan rica, que conecta con el padre Mariana, Quevedo, Góngora, Garcilaso, Lope, etc. Hace apenas un par de años se publicó la edición de su Junta de Libros, que es una de las primeras bibliografías españolas, de la que al menos existen tres manuscritos, los más tempranos de 1627. La edición no es muy buena, la verdad (reseñé el libro en la RFE), pero tiene la ventaja de poner al alcance de los interesados un texto que siempre se citaba de oídas. Pues allí se atribuye el Lazarillo a DHM, lo cual no sería más que un dato perdido y sin fundamento si en la mera noticia nos quedáramos.
Resulta empero que Tomás era toledano de vivencia, antes de recalar en Madrid a comienzos del s. xvii; y amigo, casi discípulo, del padre Mariana, en Toledo. En el próximo número de Voz y Letra publico un par de cartas autógrafas del historiador jesuita (que proceden de la British Library) en donde habla con gracia de su impetuosos y joven amigo, que había salido en defensa de su Historia. Mariana vivía en la casa profesa de los jesuitas, en Toledo, en donde se juntaron el Padre Ribadeneyra, Román de la Higuera... y el padre A. Schotto, el amigo y admirador de Zurita a quien veíamos hacia 1586 trabajar en Zaragoza con la biblioteca de cronista aragonés, cuyos libros, por cierto, acabaron en poder del Conde-Duque.Volvemos. Quiere decir que TTV sabía muy bien lo que estaba atribuyendo. 

La ilustración muestra el  Patio de la Public Library de Boston hoy, al marcharme. 

Hemos perseguido obras y papeles de TTV. El plural apunta sobre todo a Víctor Sierra, uno de mis amados discípulos, que todos lo son, amados, quien en el mismo número de Voz y Letra que decía antes (y cuyo índice va arriba del "blog") tiene en prensa otras cuantas cartas autógrafas de TTV, conspicuo representante del humanismo español del s. XVII, un humanismo que se va hacia la erudición, se deshumaniza, pero que todavía resulta interesante.Una de las razones de mi viaje a Boston, desde donde redacto el "blog", además de contemplar el estallido de la primavera junto al río que llaman Charles, el del poema algo desmayado de Dámaso Alonso, ha sido ver cuidadosamente autógrafos de TTV, particularmente los del ejemplar de las anotaciones de Herrera a Garcilaso (1580), que hoy por la mañana he fotografiado, por la generosidad y simpatía de la bibliotecaria, Miss Reynolds, antes de atravesar el patio de la biblioteca y de venirme otra vez a la Widener, desde donde redacto estas líneas, ya excesivas. 

Como he conseguido que me funcionara el Bluetooth, acompaño la ilustración de una de las páginas del ejemplar, sé que también se la he enviado a una chinita que trabaja en la mesa de enfrente, porque, para que no hubiera complicaciones, he configurado la trasmisión "abierta" y mi telefóno me ha dicho que sí, que lo esta mandando a mi MAC y al MAC de Chai Wung. Chai ha puesto una mueca de disgusto primero, yo he disimulado, y luego no parece haberle desagradado del todo. Esas cosas pasan ahora. A lo mejor le mando una poesía que he ido puliendo hoy por la mañana, como Roubaud, mientras caminaba.




1 comentario:

  1. Dejo aquí la cita exacta de la Junta de libros, donde Tamayo afirma lo siguiente en la entrada dedicada a Diego Hurtado de Mendoza:
    "Lazarillo de Tormes, libro de los más ingeniosos de España, y no sé si en las naciones extranjeras hay otro de igual festividad en su asumpto. Valladolid, por Luis Sánchez, 1603, 16º. Communmente se atribuye este graciosísimo parto al ingenio de D. Diego de Mendoza, y así lo dice el R. P. Andrés Schotto, tomo 3 Bibliot. Hisp., y Valerio Andrés, fol. 44, Catal. Clas. Hisp. Script."

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